Las marchas de los ‘indignados’ copan pacíficamente Barcelona y Madrid
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LOS ORGANIZADORES CIFRARON EN 275.000 LOS MANIFESTANTES EN LA CIUDAD CONDAL

Las marchas de los ‘indignados’ copan pacíficamente Barcelona y Madrid

"Tu 'Botín', mi crisis", "Esta crisis no la pagamos", "Detrás de un corrupto hay seis tertulianos", "Zapatero, lacayo de los banqueros", "¿Izquierda o derecha? Este país

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Las marchas de los ‘indignados’ copan pacíficamente Barcelona y Madrid

"Tu 'Botín', mi crisis", "Esta crisis no la pagamos", "Detrás de un corrupto hay seis tertulianos", "Zapatero, lacayo de los banqueros", "¿Izquierda o derecha? Este país está envejecido. Busquemos una alternativa". Miles de pancartas con mensajes como éstos inundaron ayer el centro de Madrid hasta converger en la Plaza de Neptuno, a unos trescientos metros del Congreso de los Diputados, para criticar de forma festiva y pacífica el sistema político y el económico y han gritado a favor de una huelga general. Según un cómputo efectuado por la empresa Lynce para la Agencia Efe, 37.740 personas asistieron a la manifestación convocada por las Asambleas de Trabajadores de Pueblos y Barrios de Madrid con el apoyo del Movimiento 15-M y Democracia Real Ya.

Desde las nueve de la mañana y hasta las dos de la tarde, hora a la que los manifestantes llegaron ante el fuerte cordón policial que evitaba el acceso a las Cortes, seis multitudinarias marchas a las que asistieron personas de todas las edades, incluidos jubilados y familias con bebés, discurrieron bajo un intenso calor de forma pacífica, pues previamente las redes sociales y las distintas páginas web en torno al Movimiento del 15-M estaban llenas de apelaciones a evitar la violencia e incluso daban consejos para evitar a posibles provocadores.

Además, los manifestantes, que caminaron a paso ligero para conseguir que se cumplieran los horarios previstos, corearon gritos como "No seas violento", "Violencia es cobrar 500 euros" o "Lo que sí es violencia es no llegar a fin de mes". Todos insistían en que sólo se representaban a sí mismos y rechazaban cualquier color político y sindical pues, de hecho, las marchas fueron convocadas por la Coordinadora de Barrios y Pueblos en Lucha, que avalan las asambleas de barrios surgidas del Movimiento 15-M y mantienen el carácter independiente que tiene su origen en el espíritu de la acampada de Sol.

 

Mientras, los ‘indignados’ de Barcelona se sacaron ayer la espina de la mala imagen que habían dado el pasado miércoles, cuando algunos grupos de radicales agredieron, insultaron e intentaron impedir el paso a los diputados que se dirigían al Parlamento autonómico. El pasado jueves, el propio presidente de la Generalitat, Artur Mas, se había referido a los altercados que hubo en la Ciudadela y aprovechó para criticar que los ‘indignados’ habían cambiado la indignación por la indignidad. Ayer, los ciudadanos cabreados se la devolvieron envuelta en papel de plata: fue una explosión de grupos diversos que marcharon de forma festiva y que no provocaron ni un altercado. Sólo un pequeño grupo de jóvenes se dirigió, en contra de las peticiones de los organizadores, hacia el parque donde se ubica el Parlamento, ante el que se había situado una barrera de furgonetas de la Policía Autonómica. Poco después, los agentes se retiraron y los jóvenes pudieron acceder al parque sin problemas y sin armar altercados. “Los políticos han perdido. En las calles de Barcelona nunca ha habido tanta dignidad como ahora”, dijo uno de los organizadores.

Felipe Puig, protagonista de la marcha

 

Más de 275.000 personas, según los organizadores, acudieron a la llamada de ayer, provenientes de toda la provincia de Barcelona. La consejería de Interior, sin embargo, cifró la asistencia en 50.000 y el Ayuntamiento de Barcelona, en 75.000. Posiblemente los ‘indignados’ se pasaron con los números, pero la Administración no se quedó atrás, ya que su estimación pecó de conservadora. Claro que el cabeza visible de la consejería, Felip Puig, fue uno de los protagonistas de la jornada a pesar de su lógica ausencia de la manifestación, ya que muchas de las pancartas y de las consignas coreadas pedían su dimisión.

La marcha comenzó a las 5 de la tarde desde Plaza Cataluña para morir en la plaza Palau, cerca del Parque de la Ciudadela. La afluencia de indignados era tanta que los últimos grupos iniciaban su recorrido casi a las 19:30 de la tarde, según pudo comprobar este diario, mientras toda la Via Laietana era un compacto río de gente. Tras la pancarta inicial con el lema La calle es nuestra. No pagaremos su crisis, desfilaron miles de ciudadanos y familias enteras, pero en gran medida también, trabajadores de empresas diversas, empleados de hospitales, maestros y parados. En la plaza Palau, se repitieron por megafonía varias veces los manifiestos finales y la canción L’Estaca, de Lluís Llach, con el fin de que todos los que iban llegando pudiesen escuchar las consignas y las futuras convocatorias. Y allí comenzaron a recogerse donativos “para poder pagar toda la campaña gráfica que hemos realizado para esta manifestación, ya que está por pagar la imprenta de los carteles y folletos”.

Pero si algo califica la jornada de ayer es la palabra pacífica. Y festiva. A la hora de los manifiestos finales, los organizadores aprovecharon para recordar que el movimiento sigue. “Hemos pasado de 8 a 23 asambleas de barrios en Barcelona. Y estamos organizados en asambleas en más de 100 pueblos de la provincia. Por eso el próximo domingo 26 de junio habrá un gran encuentro de asambleas de barrios en la plaza de Cataluña con el objetivo de debatir y reflexionar sobre el trabajo que realizamos, más que para tomar grandes decisiones”, adelantaron los organizadores. Ese encuentro, además, “servirá para dar continuidad a los acuerdos adoptados por la asamblea general del pasado 5 de junio”.

Y nadie quiere que todo termine aquí. Nadie quiere morir del éxito que supone una manifestación tan masiva que deja empequeñecidas a las del Primero de Mayo, por poner un ejemplo reciente. El volumen de la manifestación, en realidad, desbordó sus mejores previsiones. Pero hay que pensar en el día de mañana. “Hemos conquistado las plazas. Aunque debemos ser conscientes de que todo está por hacer y todo es posible”, subrayan desde el 15M.

Convergencia con el mundo laboral

 

Lo que ayer se evidenció es la convergencia entre la sociedad civil y el mundo laboral. No sólo porque los grandes sindicatos acordaron adherirse oficialmente a la manifestación del 19J el pasado viernes, sino porque muchos de los problemas que denuncian los indignados tienen su principal reflejo en el mercado laboral. Y si algo puede dar más entidad al 15M es asumir la indignación de los trabajadores afectados por recortes salariales o por despidos, juntar las multicolores protestas de los ciudadanos con las estrictamente laborales de los asalariados.

Por eso, el movimiento también apoyará un encuentro de trabajadores y empresas “en lucha” para el día 2 de julio en la misma plaza de Cataluña. Esta convocatoria servirá para protestar contra  los expedientes de regulación de empleo, contra la reforma laboral, el pensionazo y la “liquidación de los convenios”. Y para “organizar una jornada de lucha en toda Cataluña en contra de los recortes en sanidad, educación y otros servicios que quiere aprobar el Gobierno de CiU”. Uno de los parlamentos al final de la marcha de ayer recordó, en este sentido, que “Telefónica pretende despedir a 6.000 trabajadores. Es una barbaridad. Y mientras, se reparten 450 millones de euros en bonus. Los criminales son los de Gürtel, Millet o los de Pretoria”, dijo un representante de los trabajadores de la compañía, que también recordó que “los trabajadores de más de 52 años ya son viejos. Lo que quieren ahora son jóvenes y mileuristas”.

Una de las asignaturas pendientes del 15M es la que hace referencia a la organización de una huelga general. En realidad, un lema recogía esta posibilidad: Hacia una huelga general indefinida y revolucionaria, señalaba una gran pancarta. Pero todavía hay un camino tortuoso para llegar ahí. Los recortes del Gobierno catalán en las áreas sensibles pueden allanar el camino, aunque los sindicatos más representativos quieren agotar todas las posibilidades antes de plantear la huelga general como solución final.

De momento, algunas asambleas de indignados aprovecharon la jornada de ayer para recoger firmas contra la Ley Ómnibus que el Gobierno pretende aprobar a finales de mes y que está en trámite parlamentario. Esta ley derogará casi un centenar de normas del anterior Gobierno Tripartito (aboliendo leyes, suprimiendo estamentos de la Administración o reformando decretos) y ha sublevado a toda la oposición. CiU quiere presentarla en un solo bloque, con unos 600 artículos, lo que es rechazado por sus rivales. Éstos prefieren que se vote en bloques y sólo entonces existe la posibilidad de que algunas fuerzas, como PSC, ERC o PP, voten a favor en determinados artículos. De no ser así, ya han garantizado su voto en contra, aunque los populares negocian la introducción de determinadas enmiendas con CiU.

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