Del hermanísimo al hijo listo: Chaves calca, 20 años después, las evasivas de Guerra
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EL PSOE DENUNCIA, COMO HACE DOS DÉCADAS, UNA "CACERÍA HUMANA"

Del hermanísimo al hijo listo: Chaves calca, 20 años después, las evasivas de Guerra

Cuando Alfonso Guerra convenció en 1990 a un más que reticente Manuel Chaves para que dejase la cartera de Trabajo en el Gobierno de Felipe González e hiciese las

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Del hermanísimo al hijo listo: Chaves calca, 20 años después, las evasivas de Guerra

Cuando Alfonso Guerra convenció en 1990 a un más que reticente Manuel Chaves para que dejase la cartera de Trabajo en el Gobierno de Felipe González e hiciese las maletas con destino a Andalucía, poco podía imaginar el entonces poderosísimo número dos del Ejecutivo y del PSOE que sólo un año más tarde iba a presentar su dimisión y empezar su declive político, víctima de los lucrativos trapicheos de su hermano Juan Guerra. Y mucho menos se le habría pasado por la cabeza que dos décadas después su protegido Chaves, ya de vuelta en Madrid tras encadenar una mayoría absoluta tras otra en Sevilla, se iba a asomar al mismo precipicio a causa de los oscuros negocios de otro de su misma sangre, su hijo Iván Chaves.

Más de 20 años separan al hermanísimo de Guerra del hijo listo de Chaves. Casi una eternidad en la que los socialistas han vivido dos cambios de liderazgo, han purgado ocho años de oposición antes de recuperar el poder y se han visto sacudidos por decenas de casos de corrupción. Y aunque el PSOE de entonces se parece poco al de ahora, hay cosas que el tiempo no ha logrado cambiar: hoy, como en 1991, el partido y los protagonistas de ambos escándalos han cerrado filas para proclamar su "honradez", han denunciado la "cacería humana" desatada por el PP, han arremetido contra los "miserables" y "mentirosos" que los acosan y han señalado a algunos medios de comunicación -El Confidencial entre ellos- como partícipes de esa supuesta estrategia de "la derecha".

Mientras Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno y vicesecretario general del PSOE, compartía en Madrid el podio del poder casi absoluto con su alter ego González, su hermano Juan campaba a sus anchas en Sevilla haciendo valer su apellido para llenarse los bolsillos. El hermanísimo, vendedor de enciclopedias a domicilio y perceptor del subsidio de desempleo antes de convertirse en millonario, utilizó durante seis años un despacho oficial en la Delegación del Gobierno en Andalucía, en calidad de asistente de Alfonso y sin ostentar cargo público alguno, para hacer negocios privados. Hasta que el vicepresidente, acorralado por el escándalo, presentó su dimisión el 12 de febrero de 1991, arrastrando en su caída a Juan, que fue juzgado por los delitos de cohecho, malversación, prevaricación, usurpación de funciones y fraude fiscal, aunque finalmente sólo fue condenado por este último. Sin embargo, el pasado mes de marzo la causa fue archivada por "insolvencia" del hermanísimo.

Diques de contención

Iván Chaves, el hijo listo del vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial, nunca se ha sentado en el banquillo. Ni su padre se ha visto forzado, al menos por ahora, a salir del Gobierno por la puerta de atrás. Pero las comisiones millonarias presuntamente cobradas por Chaves junior a cambio de su mediación privilegiada entre la Junta andaluza y empresarios necesitados de favores han dejado a Chaves senior contra las cuerdas, enredado en una posición política de insostenible debilidad. Y han puesto en marcha, como ocurriera a comienzos de los 90 con el caso Juan Guerra, los diques de contención del PSOE para negar las evidencias, primero, apelar luego al victimismo y, finalmente, tratar de matar al mensajero.

El 4 de noviembre de 1990, en plena conmoción por las andanzas de su hermano y sólo dos meses antes de presentar su dimisión, Alfonso Guerra denunciaba, en una entrevista en la Cadena Ser, la "cacería" desatada contra él por la oposición, condenaba la "obsesión" del PP e IU por acabar con su carrera política, calificaba de "enfermos", "descerebrados" y "miserables" a quienes trataban de alejarle de González y anunciaba que no saldría del Gobierno "por la puerta pequeña". Diez meses antes, nada más estallar el escándalo, Juan Guerra había afirmado: "Los medios de comunicación tienen sometida mi persona a un acoso de insultos y falsedades, pero tengo la conciencia, porque nada justifica esta desorbitada campaña, de ser un mero instrumento en una operación exclusivamente política destinada a deteriorar la imagen del PSOE por mi relación familiar con el vicepresidente del Gobierno".

Manuel Chaves se ha despachado ahora con idéntica virulencia a la utilizada por Alfonso Guerra hace dos décadas. El pasado día 5, durante una bronca sesión de control en el Senado, el ex vicepresidente de la Junta de Andalucía calificó de "deleznables" las informaciones periodísticas sobre los negocios de su hijo, expresó su "profunda repulsión" hacia el PP por su "campaña de calumnia y difamación para llegar al poder a toda costa" y aseguró que los documentos que probarían los turbios negocios de Iván Chaves fueron "robados" del despacho de éste. "Si creen que hay irregularidades en la actividad profesional de mi hijo", advirtió al PP, "vayan a los tribunales". Y hace sólo una semana, esta vez en el Congreso, el vicepresidente tercero volvía a la carga contra los populares: "Ustedes viven en un detestable universo moral que les sirve lo mismo para condenar a mi familia a la muerte civil y, al mismo tiempo, para presentar a las elecciones a decenas de imputados".

"Tergiversación y manipulación"

El pasado 8 de abril, como hace 21 años hiciera Juan Guerra, el hijo de Chaves difundió un comunicado en el que calificaba las informaciones de este diario de "falsas acusaciones e insinuaciones injuriosas basadas en la tergiversación y manipulación de documentación confidencial, propia y de terceros, que ha sido sustraída de mi despacho profesional", y amenazaba con ejercer su "derecho a interponer las correspondientes acciones judiciales, tanto en el ámbito civil como en el penal, en defensa de mi honor".

También la reacción del PSOE y el Gobierno ha sido ahora calcada a la de 1990: defender a los suyos y culpar a los de fuera. El 1 de febrero de aquel año, tras el estallido del caso Juan Guerra, González pronunció una frase en el Congreso que ya ha pasado a la historia: "Si el vicepresidente del Gobierno sintiera la tentación de presentar su dimisión por el cuestionamiento que se hace de su honradez o le forzaran a ello, habrán ganado dos batallas por el esfuerzo de una, la dimisión de Alfonso Guerra y la de Felipe González". Cuatro meses después, la Ejecutiva socialista aprobó un informe político en el que denunciaba la "estrategia amoral" del PP y afirmaba que "ya que no pueden ganar al socialismo en las urnas, intentan abrir flancos en su credibilidad por todos los medios posibles". La cúpula de Ferraz añadía que "ninguna persona puede ser inculpada de delitos que no ha cometido ni ser responsable de comportamientos supuestos o reales de otras personas de su familia".

La dirección del PSOE, como hizo dos décadas atrás con Guerra, también ha salido ahora en tromba para proteger a Chaves y defender la honradez del partido. "Conozco muy bien al señor Chaves y sé que es un hombre honesto. Es el presidente del PSOE precisamente por eso, y tiene todo nuestro apoyo porque le conocemos bien", dijo la semana pasada el número tres socialista, Marcelino Iglesias, que denunció la "causa general" supuestamente abierta contra él por el PP. Gaspar Zarrías, secretario de Política Autonómica del PSOE y número cuatro del partido, no se quedó a la zaga: "No es casualidad que en estos momentos, con unas elecciones a la vuelta de la esquina, el PP esté moviendo porquería, porque es sólo eso". Y Alfredo Pérez Rubalcaba, miembro de la Ejecutiva y hombre fuerte del Gobierno, se ha sumado a la estrategia: "Chaves es un político absoluta y completamente honrado. Voy a estar con él, yo y el Gobierno".      

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