ENCAPUCHADOS QUEMAN UNA FOTO DEL REY Y LA BANDERA ESPAÑOLA

Sólo los independentistas mantienen el tono reivindicativo de la Diada

Mucha fiesta y menos política. Sólo los independentistas se han tomado a pecho la Diada Nacional de Cataluña para reivindicar un Estado propio. Ésa era precisamente

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Sólo los independentistas mantienen el tono reivindicativo de la Diada

Mucha fiesta y menos política. Sólo los independentistas se han tomado a pecho la Diada Nacional de Cataluña para reivindicar un Estado propio. Ésa era precisamente el lema de la manifestación que ayer por la tarde recorrió el centro de Barcelona y que cerraba una representación de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) con la presencia de casi toda su cúpula dirigente. Para los partidos y entidades convocantes, el 11-S “ha de ser un día reivindicativo”, según puso de manifiesto el líder de EUiA, Jordi Miralles. En ella, estuvo presente el fantasma de la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto y la cercanía de las elecciones autonómicas, para las que faltan dos meses y medio. También estuvo presente otro fantasma: el de la manifestación del 10-J, con más de un millón de personas en la calle para protestar contra el recorte estatutario. Nada tienen que ver (la de ayer reunió a 9.000 personas, según la Guardia Urbana), pero todos los parlamentos se refirieron a ella. De todos modos, el presidente de ERC, Joan Puigcercós, ya había dejado caer que “ésta es la primera Diada de una nueva etapa”. No es, pues, “una Diada normal ni convencional porque Cataluña quiere cerrar la etapa autonómica para comenzar un Estado propio”.

La amalgama de corrientes soberanistas no permitió concluir la gran manifestación de modo unitario. Antes de que terminase, algunas de las organizaciones convocantes se desviaron hacia el Fossar de les Moreres, junto a la iglesia de Santa María del Mar, donde la víspera se congregan los partidos catalanistas para rendir homenaje a los muertos en el sitio de Barcelona de 1714, ya que allí fueron enterrados. Otros continuaron hasta el paseo Pujades, donde oficialmente se disolvía. Fue en este punto donde el escritor Jaume Cabré leyó un encendido manifiesto, que recordaba que la voluntad popular ha logrado reunir a “demócratas de todo el país” bajo la consigna de la defensa del derecho a decidir. Pero, aunque subrayó que “el independentismo está en auge”, reconoció que “nos queda mucho por recorrer y hemos de seguir trabajando”. Dos anécdotas para desdramatizar el tono reividicativo: la manifestación comenzó con casi tres cuartos de hora de retraso, lo que provocó que Joan Laporta, líder de Solidaritat Catalana per la Independència (SCI), tuviese que abandonarla antes de comenzar porque tenía que asistir al partido de fútbol entre el FC Barcelona y el Hércules; mientras que Cabré, por la falta de tiempo, hubo de comenzar a leer el manifiesto final antes de que llegase el grueso de la marcha.

La nota la dieron los independentistas extraparlamentarios, todos pertenecientes a pequeños grupúsculos, que llegaron al Fossar de les Moreres, donde dos encapuchados quemaron, como en anteriores ocasiones, una foto del Rey Juan Carlos. Seguidamente, cuatro encapuchados más quemaron una bandera española y otra francesa. La historia se repite en el lugar tradicional para acciones de este calibre. En ese mismo escenario, unas horas antes, el delegado de la Generalitat en la Cataluña central, Jordi Fàbrega, quemaba el Decreto de Nueva Planta de Felipe V, por el que en 1711 se prohibió el uso del catalán en la administración y se abolieron las instituciones de esta comunidad (las Cortes Catalanas y el Consejo de Ciento), en castigo por haberse alineado con el archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión.

“Guardiola president

Por la mañana, la Generalitat había ordenado alejar al público del monumento a Rafael Casanova, en la confluencia de la ronda Sant Pere y la calle Girona. Un par de docenas de exaltados, algunos provistos de silbatos, repitieron, como cada año, los insultos y abucheos a los partidos que entre las 9 y las 10 de la mañana desfilan para realizar la ofrenda. Sólo se salvaron el Barça (incluso se escucharon gritos de “Guardiola president”), Joan Laporta y Joan Carretero. Claro que la mayoría de los radicales pertenecían a los partidos de estos dos últimos, que desplegaron tenderetes para vender libros de sus líderes, pegatinas, programas, banderas o camisetas. También es verdad que algunos grupos de estas dos formaciones se habían dispersado por algunas bocacalles con nutridos desfiles de sus banderas de SCI y Reagrupament. Y todos ellos tienen asumido que los representantes de los partidos parlamentarios son botiflers (“cobardes”), acollonits (“acojonados”), “traidores” o algunas calificaciones más fuertes. Pero su verdadera ideología queda expresada por el comentario de un espectador de avanzada edad cuando llegó al lugar el Gobierno catalán para realizar su ofrenda: “Realmente, esto es como vivir en una casa okupada”.

Aprovecharon los líderes para criticar el discurso realizado por el presidente de la Generalitat, José Montilla, la noche anterior, por adoptar un “tono partidista” al alertar del auge del separatismo. Incluso el socio de Montilla, el republicano Puigcercós, fue contundente: “Montilla suele ser siempre muy ecuánime, pero ayer no hizo de presidente. Su discurso fue más en clave de elecciones y no supo reflejar el mínimo común denominador de la sociedad catalana”. Estamos ya en campaña y eso se nota. El vicepresidente del Gobierno, Josep Lluís Carod-Rovira, aprovechó para reivindicar, a través de la emisora radiofónica RAC 1, la libertad de Arnaldo Otegi. "No me imagino que el proceso de paz en Irlanda del Norte hubiera ido bien con Gerry Adams en prisión", dijo. Y subrayó que "ahora es la hora de los políticos y no de las armas, y Arnaldo Otegi es un político". Sus palabras fueron contestadas inmediatamente por la portavoz del PP en el Parlamento autonómico, Dolors Montserrat, que le espetó que Otegui está en prisión porque ha sido condenado. “Estamos en un Estado de derecho en el que las personas juzgadas por enaltecer el terrorismo son condenadas y llevadas a prisión. Y éste es el caso”.

La mañana se cerró con un acto institucional en el Parque de la Ciudadela, con un intenso programa de actuaciones musicales y poéticas, que presidieron los tres presidentes de la Generalitat en democracia, Jordi Pujol, Pasqual Maragall y Montilla, y al que también asistió la ministra de Defensa, Carme Chacón (su compañero Celestino Corbacho, titular de Trabajo, que integrará las listas del PSC, había asistido poco antes a la ofrenda floral). Paralelamente, entidades cívicas encabezadas por òmnium Cultural habían organizado en todo el paseo Companys una pequeña feria para reivindicar el catalán, con juegos para niños y comida popular incluida, y que acabó con un concierto en el que actuaron, entre otros, Els Pets y Els Amics de les Arts.

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