COLÓN Y HERNÁN CORTÉS, DENOSTADOS

El Bicentenario de la Independencia reaviva los rencores latinoamericanos hacia España

Argentina, Chile, Colombia, México y Venezuela celebran este año el Bicentenario de su independencia de España. Ecuador y Bolivia lo hicieron el año pasado, Paraguay lo

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El Bicentenario de la Independencia reaviva los rencores latinoamericanos hacia España

Argentina, Chile, Colombia, México y Venezuela celebran este año el Bicentenario de su independencia de España. Ecuador y Bolivia lo hicieron el año pasado, Paraguay lo festejará en 2011, Costa Rica un año después y a partir de 2021 corresponderá a El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú y Uruguay. Desde su emancipación han construido mayoritariamente una historia basada en el nacionalismo, en la exaltación de las culturas prehispánicas y en el repudio al colonizador. Aunque muchos de los rencores se han superado, algunos perviven en el imaginario colectivo latinoamericano.

 

Términos despectivos como “gachupín”, chistes sobre “gallegos y Pilaricas” en los que se mofan de los “garrulos españoles”, dibujos animados como el afamado Elpidio Valdés, del cubano Juan Padrón, que satirizan al ejército ibérico y exaltan el movimiento independentista, mayas llamando a destruir el próximo Día de la Hispanidad un monumento dedicado a los conquistadores Francisco Montejo e hijo erigida en Mérida (capital del estado de Yucatán, México) o Hugo Chávez borrando todo rastro de Colón en Venezuela -estatuas o nombres de calles- al grito de “genocida”.

 

El más maltratado es el extremeño Hernán Cortés, creador del primer virreinato de la Nueva España. Retratado como sifilítico y contrahecho por Diego Rivera en sus, por lo demás, bellos murales del Palacio Nacional de la Ciudad de México, la escultura de bronce creada en su honor en 1982 tuvo que retirarse poco después de su instalación en la plaza mayor del mexicano barrio de Coyoacán, donde vivió, para ser traslada a un pequeño parque donde permanece de cara a la pared y mutilada. Sus restos fueron exhumados de su mausoleo y permanecen en un muro oculto de una iglesia de la capital mexicana para evitar su profanación. Los países más victimistas son aquellos que ensalzan su pasado prehispánico como Bolivia, Perú o México.

 

Imagen positiva de España

 

Sin embargo, según el último Latinobarómetro, el segundo país con mejor imagen en la región es España, por detrás de Estados Unidos. España goza de mayor imagen positiva en República Dominicana, Chile y El Salvador -donde al menos tres de cada cuatro habitantes la evalúan positivamente- y en el lado opuesto se sitúa Panamá, donde menos de la mitad de la población lo aprecia. En cuanto al Bicentenario, sólo el 43% de la región contestó exactamente de qué país se independizó -a excepción de Brasil, que fue colonia portuguesa- aunque un 57% de los latinoamericanos considera que es una efeméride “significativa”. Sobre la influencia de España, un 57% la consideró positiva, con las opiniones más críticas en Perú y más positivas en la República Dominicana. En La nueva imagen de España en América Latina, de Javier Noya, se recoge que el 72% de los latinoamericanos está orgulloso de su lengua y cultura, y el 62% cree que las relaciones diplomáticas entre Madrid y su país son buenas.

 

Para la historiadora mexicana Johanna Lozoya, la memoria colectiva latinoamericana sobre España está construida a partir de “historiografías nacionalistas y ultranacionalistas de la segunda mitad del siglo XX”, que han generado “victimismo”, si bien en la actualidad está surgiendo una corriente revisionista que cuestiona la línea anterior “no pocas veces reduccionista y panfletaria”, explica a El Confidencial. En esta nueva tendencia las guerras de independencia se plantean como guerras civiles entre poderes criollos, frente a la tradicional interpretación de enfrentamientos entre éstos y peninsulares.

 

En su opinión, tras dos siglos republicanos Latinoamérica sólo ha sido víctima “de sí misma” al hacer de la conquista española “la gran derrota imaginada durante el siglo XX en las historias nacionalistas sin asumir una responsabilidad en esa propia derrota”. Así, se presenta al mundo prehispánico como “víctima”, a la inclusión a la monarquía católica como “un hoyo negro que traumatiza a la verdadera nación” y a las independencias como “una suerte de renacimiento de las ‘auténticas naciones’”. Según Lozoya, “al acorazarse con una historiografía de esa naturaleza, América Latina ha terminado por quedar atrapada en sí misma: no sólo se ha irresponsabilizado de su pasado, sino también de su devenir”.

 

La historiadora enmarca el Bicentenario en las “macro festividades” que recrean “una narrativa mítica con un mundo prehispánico que se pierde en la profundidad del tiempo, un territorio colonial un tanto aletargado por la religión y la riqueza y un renacimiento glorioso en el que los americanos se independizan”; en su lugar, aboga por “repensar” y desarticular conceptos como “luchas maniqueas”.

 

El también historiador Alfredo Ávila Rueda, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, coincide en que los sectores más nacionalistas y de izquierda de la América Latina no sólo han desarrollado una imagen histórica antiespañola, sino que además tildan de neocolonialismo la expansión de las empresas ibéricas en la región. “En términos generales, en Latinoamérica se ve a España muy europea y muy poco hispanoamericana”, apunta a este medio. El mayor reclamo es que España “no reconoce lo que debe a América Latina, y no sólo a la enorme cantidad de recursos que obtuvo durante el periodo colonial o los que ingresan las grandes corporaciones españolas, sino ni siquiera en términos culturales porque las editoriales españolas publican a los autores mexicanos sólo en México o colombianos sólo en Colombia, pero los autores españoles son distribuidos en España y en toda Hispanoamérica”.

 

El trauma de la colonización

 

Los liberales del siglo XIX justificaron su rechazo a todo lo español con argumentos como que las desigualdades sociales y económicas de América Latina son consecuencia de la colonización. “Las discriminaciones raciales, las diferencias sociales y el subdesarrollo son problemas de los latinoamericanos que pueden resolverse, pero es más fácil argüir que son causa del imperialismo y que son fenómenos que ya no podemos quitarnos de encima”, manifiesta el profesor. En ese discurso sitúa a escritores “muy populares” como el uruguayo Eduardo Galeano, cuya obra Las venas abiertas de América Latina regaló Hugo Chávez a Barack Obama en su visita al país. El libro es uno de los más claros ejemplos de la versión más negra del colonialismo.

 

Según explica a El Confidencial el historiador francés Jean Meyer, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), los traumas de la colonización son “un mito que surge y desaparece periódicamente, aunque los mitos terminan por cobrar realidad y con la moda neo indigenista se vuelve a denunciar la conquista. No es algo profundo, siempre y cuando al español no se le ocurra cantar las coplas de Venimos a civilizarlos

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