INCLUÍA EL RELICARIO CON UNA COSTILLA DE SANTA WALDESCA

La extraña historia del ‘tesoro’ de 300 millones robado a la familia Grau

Más que el ‘robo del siglo’, fue el ‘robo del milenio’ el que protagonizaron el pasado 14 de marzo los hermanos Ovidiu Estefanel T. y Claudiu

Foto: La extraña historia del ‘tesoro’ de 300 millones robado a la familia Grau
La extraña historia del ‘tesoro’ de 300 millones robado a la familia Grau
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    Más que el ‘robo del siglo’, fue el ‘robo del milenio’ el que protagonizaron el pasado 14 de marzo los hermanos Ovidiu Estefanel T. y Claudiu Ionut T., rumanos inmigrantes con domicilio en una masía de Riudoms (Tarragona). Los hermanos realizaban, al parecer, labores de limpieza en la Casa Grau de Riudecols, también en Tarragona, a una decena de kilómetros de donde vivían. Y allí limpiaron más de lo preciso: aprovechando que es una segunda residencia y que su dueño estaba ausente aquel fin de semana, se llevaron los tesoros que guardaba la casa sin despertar las sospechas de ningún vecino de esta tranquila y pequeña población.

     

    Según denunció Llorenç Jaume Grau Pla, vinculado a la Baronía de Llorac, a la Policía, el valor de lo sustraído ascendía a 300 millones de euros. Tal cantidad de dinero metido en un saco es algo difícil de creer. Pero si tenemos en cuenta que, por ejemplo, entre las pertenencias desaparecidas estaba un relicario con una costilla de Santa Waldesca, la cosa adquiere tintes más terrenales, ya que su precio queda al libre albedrío del potencial comprador... o vendedor.

     

    Una carambola del destino, permitió descubrir a los autores del saqueo. Joan Maria Molet, responsable del área territorial de Tarragona de los Mossos de Esquadra, detalló la curiosa coincidencia que puso a los agentes sobre la pista de la costilla de la santa: tras recibir una denuncia de un asalto a la masía de los hermanos, observaron durante la inspección ocular que uno de ellos tenía una de las monedas denunciadas como robada en Riudecols, hecho acaecido unos días antes. Luego, en el coche de los rumanos, una cámara fotográfica guardaba instantáneas del resto del botín desplegado encima de una mesa en la misma masía. De ahí a encontrar la mayor parte de los objetos robados ya hubo un corto paso: en una zanja cercana a la casa estaban enterrados muchos de los objetos desaparecidos: siete diademas de plata con diversas pedrerías de diamantes, perlas, rubíes, agujas de pecho, pendientes, jarras, salseras, cucharas, tenedores, dos cámaras fotográficas antiguas, medallas, medallones, colgantes...

     

    Faltan por recuperar joyas y relojes de oro, objetos que tienen una más fácil venta en el mercado negro. Además, a algunas de las piezas encontradas también les faltaban las gemas que las adornaban, por lo que los investigadores sospechan que la intención de los ladrones era vender de cualquier manera los artículos sustraídos. La Policía busca todavía a una tercera persona que al parecer participó en el asalto de Riudecols y a otras tres más que podrían estar implicadas en la colocación de la mercancía en el mercado.

     

    Una familia con poder

     

    La Casa Grau de Riudecols (Tarragona), un edificio con varias plantas y jardín, es harto conocida en los ambientes literarios y artísticos de media Europa. El 16 de junio de 1990, su propietario, Llorenç Jaume Grau, realizó en la misma una sesión académica con la que pretendía homenajear a la Companyia Literària de la Ginesta d’Or (entidad de Perpignan), a la que asistió, entre otros, Renat Llech-Walter, pionero en la reivindicación del catalán en el sur de Europa, esperantista de pro y más tarde premiado con la Creu de Sant Jordi de la Generalitat en el 2002.

     

    La Casa Grau, pues, siempre ha sido una referencia. Y la saga Grau siempre ha estado vinculada al arte, a la literatura o al periodismo. El propietario es escritor, mecenas, medievalista, noble y coleccionista. Su domicilio oficial está en Reus, en una casa modernista conocida también como Casa Grau o Casa del Barón de Llorac.

     

    En marzo de 1976, Llorenç Jaume Grau d’Etxabe fue quien presentó la exposición que el pintor Bayod Serafini hizo en el Palacio Provincial de Málaga. Llorenç Jaume Grau figura también como jurado en el premio de pintura Vila de Cambrils en 1987. Más recientemente, Grau Pla glosó figuras como la del acuarelista Torné Gavaldà. o la del también pintor tarraconense Amat Pellejà,  En el 2003, fue el encargado de pronunciar la conferencia “Eduard Toda y la Academia de las Buenas Letras” dentro de un acto de homenaje -patrocinado por la Generalitat- a este escritor nacido en Reus y muerto en 1941. Pero quizá una de las obras más personales que tiene es el Diplomatari de Llorac. En esta obra, escrita en 1999, recoge los datos contenidos en un achivo familiar con una antigüedad de más de 250 años. Desde 1339 a 1797, la Baronía de Llorac en el extremo norte de la provincia de Tarragona, hacía y deshacía a su antojo en toda la comarca, hasta el punto de que el barón nombraba a los alcaldes de las localidades.

     

    Un relicario sospechoso

     

    El robo en su casa de Riudecols, sin embargo, ha puesto de actualidad a esta saga tarraconense. Y la nota discordante la pone el relicario con la costilla de la santa. Se da la circunstancia de que Waldesca (o Ubaldesca) Taccini murió en Pisa en el año 1206, es decir, en el siglo XIII, por lo que o bien el relicario no tiene el hueso de la santa o bien se utilizó una hornacina más antigua para conservar éste. Las coincidencias no acaban aquí. Esta reliquia permaneció durante cientos de años en el Monasterio de Sijena. Un inventario de 1590 detallaba los tesoros de este santuario: un lignum crucis (es decir, un trozo de la cruz de Cristo), un clavo de la cruz, una pequeña parte de la túnica de Cristo, varios cabellos de la Virgen y leche de la misma, la cabeza de San Hemenegildo (entregada a Felipe II para que la llevara al Escorial), la cabeza de Santa Úrsula, la cabeza de una de las Once Mil Vírgenes, la cabeza de Santa Constanza, un hueso de San Juan Bautista, parte del cráneo de San Esteban... y la costilla de Santa Waldesca.

     

    Cómo llegó hasta Riudecols es todavía una incógnita, pero Llorenç Jaume Grau, estuvo de visita en el Monasterio de Sijena el 17 de junio de 1979. Y de su estrecha relación con el mismo queda constancia en un pequeño texto que escribió, en homenaje a la comunidad de religiosas de la Orden de San Juan de Jerusalén, que habitaron esas instalaciones durante siglos y hasta 1976, cuando arribaron al mismo las Hermanas de Belén: “Desde 1188, Sijena es una de las más antiguas y gloriosas fundaciones de la Orden, gracias a la mano piadosa y elevada de Sancha, hija del enperador de León y esposa del rey de los trovadores, Alfonso el Casto de Cataluña-Aragón”, escribió en uno de los párrafos el noble tarragonés. Y termina diciendo: “Allí, los reyes tuvieron su casa; allí, la nobleza, las hijas y todas las tierras entre Lérida y Zaragoza tienen una advocación mariana cuya fama jamás se ha extinguido”.

     

    El pequeño texto está adornado con la cruz de la Orden de Malta y firmado por Llorenç Jaume Grau, aunque como homenaje de los “Amics dels Goigs”. Los goigs son composiciones poéticas populares dedicadas a la Virgen, a Cristo o a los santos y que se cantan en los actos religiosos. Este género poético fue cultivado, incluso, por Joan Maragall y por Jacint Verdaguer, aunque también, por ejemplo, por Francesc Vicent García, más conocido como Rector de Vallfogona, a quien Grau definió, en un artículo publicado en el diario Avui el 10 de enero de 1982 como “el poeta más popular del barroco catalán”.

     

    Sijena también está en el centro de una polémica porque gran parte de su patrimonio se encuentra en el Museo Diocesano de Lérida (cuadros, retablos, la gran puerta del Palacio Prioral, sarcófagos...). Por si fuera poco, durante los años 80 y 90, vendió diversas obras a la Generalitat de Cataluña sin comunicarlo a la Diputación General de Aragón: en 1983, por 10 millones de pesetas (60.000 euros), cedió 44 piezas; en 1992, por 25 millones de pesetas (150.000 euros), doce piezas; y entre 1992 y 1994, por 15 millones de pesetas (90.000 euros) otras 30 piezas. Algunas asociaciones cívicas y culturales han pedido insistentemente en los últimos meses que el Gobierno aragonés ponga orden y realice un inventario del patrimonio huido de Sijena.

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