El 'cerebro' del gran fraude del IVA se anunciaba en la prensa: “Compro lo que necesite”

La historia se repite. El mismo Pere Bou que protagonizó a principios de los noventa uno de los mayores fraudes del IVA, vuelve a estar de

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El 'cerebro' del gran fraude del IVA se anunciaba en la prensa: “Compro lo que necesite”

La historia se repite. El mismo Pere Bou que protagonizó a principios de los noventa uno de los mayores fraudes del IVA, vuelve a estar de nuevo en el ojo del huracán. Otro escándalo cae sobre sus espaldas, aunque ahora el modus operandi es distinto. En esta ocasión se ha aprovechado de Internet y las nuevas tecnologías. Ahora está en la cárcel. Eso sí, los que le conocen dicen de él que es “un buen tipo”. 

 

En octubre de 1990, una macro-operación de la Fiscalía barcelonesa, que entonces estaba dirigida por Carlos Jiménez Villarejo, desmantelaba en la capital catalana la mayor red de fraude del IVA conocida hasta el momento. En la cúpula de la red, se encontraba Pere Bou, un empresario que tenía su base central en la calle Junqueras de Barcelona, desde donde inundaba el mercado de facturas falsas. Dos ex socios más hacían lo propio desde otros despachos, así como un par de asesores fiscales. Más de una cincuentena de empresas, las principales de las cuales eran Astromondi, Samsot y Finser 81, servían de emisoras de facturas. Sus clientes eran empresas de reconocida solvencia y, algunas, de gran proyección pública: Cubiertas y MZOV, Planeta Agostini, Unipublic, H. Capital, Autopistas y Obras Civiles, Texsa... y así hasta centenar y medio de sociedades.

 

Entre los detenidos, además de los integrantes de la red, hubo nombres de prestigio: Juan Ignacio Manresa (subdirector financiero de Cubiertas), Manuel Alcázar (presidente de Polizur), Pedro Tarridas (director financiero de Planeta Agostini), o Eusebio Zuloaga (presidente de Texsa). Incluso dos directores del Banco Central en Barcelona, acusados de colaborar con la red, pasaron por el trance de visitar los calabozos, mientras que Manuel Silva, jefe de la abogacía del Estado en la capital catalana, fue destituido por su relación con Bou. El cambio posterior de la ley y la regularización de las situaciones mediante declaraciones complementarias de los defraudadores permitieron que el caso fuese sobreseído años más tarde, ya que el Estado había recuperado la casi totalidad del dinero. Mejor suerte que los empresarios que pasaron por prisión corrieron el ex ministro de Asuntos Exteriores José Pedro Pérez-Llorca (implicado por haber utilizado una de las empresas de la trama en la compra-venta de un palacete en Madrid, aunque esta sociedad pertenecía a un socio de Bou) y la empresa municipal Procivesa, que también utilizó otra sociedad de éste para una operación similar en Barcelona. Por este motivo, fue citado a declarar ante el juez el entonces vicepresidente de la compañía y teniente de alcalde de Barcelona Joan Clos.

 

Cuando los investigadores registraron las oficinas de la calle Junqueras, olvidaron en sus instalaciones dos cajas con documentos que hubiesen podido dar un vuelco al asunto y hacerlo aún más mediático: entre esta documentación, había faxes de una televisión pública, así como de empresas públicas en los que se pedían facturas por un importe determinado y donde se señalaba la fecha que interesaba poner en las mismas y el concepto por el que debían extenderse.

 

“Se buscan personas bien, altamente relacionadas”

 

La historia casi vuelve a repetirse ahora. Pere Bou está al frente de un conglomerado de empresas del sector de la industria, del metal, del comercio e inmobiliarias. Su sede central está en la calle Consell de Cent de Barcelona. Los Mossos, en el registro practicado en sus instalaciones el pasado martes -un despacho muy similar en su aspecto y organización al que tenía casi 20 años atrás en la calle Junqueras-, no dejaron rincón sin revolver. La operación actual se saldó con 33 detenidos, de los que 6 han ingresado en prisión, mientras que 7 están en prisión con fianza y 8 están en libertad provisional con la obligación de presentarse en el juzgado los días 1 y 15 de cada mes, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). El resto quedó libre. Además, se registraron casi un centenar de sedes de empresas, despachos y domicilios.

 

Hace 19 años, los integrantes de la red se atrevieron a anunciarse en la prensa ofreciendo solucionar los problemas de las empresas relacionados con el IVA mediante facturas inexistentes; algo parecido a la operativa actual, sólo que ahora el vehículo principal de oferta se realizaba a través de Internet, como ya apuntó este diario. Pero sigue sin desdeñar la prensa escrita. En el diario ABC de septiembre del año pasado, por ejemplo, una de sus compañías señeras, Maquinaria Gesmaq, pedía “personas bien, altamente relacionadas para llevar delegación de Cataluña en Madrid, Andalucía, zona Norte”.

 

Y el cerebro de la red no puede dejar también de ser tozudo, incluso con los errores cometidos en el pasado. “Tenemos su solución. Deudas proveedores. Compro lo que necesite, facturo sus clientes. Administración salvo su responsabilidad penal y civil. Doy referencia para saber usted con quién trata. Créditos, documentos, etcétera”, rezaba otro anuncio en el mismo diario. Toda una declaración de intenciones.

 

Pero los contactos del presunto cerebro de la trama siguen siendo excelentes. Durante la década de los ‘90, rehizo su red de relaciones con algunos de los principales empresarios y financieros que operaban en Barcelona, llegando a cultivar grandes amistades personales. Su dilatada experiencia en el mundo de los negocios le permite conocer a una pléyade de empresarios, financieros, banqueros, asesores fiscales o intermediarios de todo pelaje.

 

“Pedro Bou es un buen tipo. Amigo de sus amigos, es un lince para los negocios, aunque a veces parezca un elefante en una cacharrería”, señala a El Confidencial un empresario que le ha tratado. De aspecto campechano, es extremadamente amable y otras veces suele levantar la voz, aunque como negociador es implacable y extremadamente duro.

 

Fuentes cercanas al cerebro de la red niegan que la elaboración de facturas falsas fuese su principal negocio: “Se ganaba la vida comprando y vendiendo todo tipo de productos, pero especialmente maquinaria. Es un verdadero especialista en este campo y conoce el sector y el mercado mejor que nadie. Por eso, las cosas le han ido bien en los últimos años. No necesitaba implicarse en un negocio tan complicado y peligroso como el de las facturas”.

 

En los últimos meses, había tenido un grave tropiezo tras la compra de una empresa en Navarra, Ucar Hermanos, donde una treintena de trabajadores estuvieron más de medio año sin cobrar, sin que el nuevo dueño apareciese por sus instalaciones salvo cuando enviaba algún abogado para intentar encontrar una salida negociada. Una de sus últimas adquisiciones fue la de la compañía -también navarra- Uriso, de la que es administrador único y que exporta maquinaria a Europa, principalmente a Alemania y Francia. “Solía comprar empresas en quiebra para aprovecharse de los activos que pudieran tener -señalan las fuentes anteriormente citadas-. Como conoce muy bien el mercado, sabía dónde vender hasta los tornillos de las puertas. Como las compras eran a precios reventados, era relativamente fácil recuperar el dinero invertido. Ése es el verdadero negocio en el que estaba metido”.

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