Lars Lokke Rasmussen, el arquitecto de las grandes ideas
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Lars Lokke Rasmussen, el arquitecto de las grandes ideas

Anxo Lamela Copenhague, 5 abr (EFE).- Lars Lokke Rasmussen, convertido hoy en nuevo primer ministro de Dinamarca, es el arquitecto de la mayor

Anxo Lamela Copenhague, 5 abr (EFE).- Lars Lokke Rasmussen, convertido hoy en nuevo primer ministro de Dinamarca, es el arquitecto de la mayor parte de las principales reformas realizadas por el Gobierno liberal-conservador de Anders Fogh Rasmussen en los últimos 7 años.

En su etapa como ministro de Interior y Sanidad (2001-2007), el liberal Lokke Rasmussen fue responsable de la reforma administrativa que en 2007 redujo el número de municipios de 271 a 98 y eliminó las 14 provincias en que estaba dividido el país por cinco regiones.

Las distintas transformaciones del área sanitaria para tratar de reducir las listas de espera, la reforma fiscal de este año, que bajó los impuestos directos sobre el trabajo, y el plan de rescate de los bancos para frenar los efectos de la crisis financiera son otras de las "marcas" del Gobierno que llevan su sello.

Su elección como primer ministro era un secreto a voces desde hacía meses, cuando empezaron a surgir los primeros rumores sobre el salto de Anders Fogh Rasmussen a un puesto político internacional tras siete años al frente del Gobierno liberal-conservador.

Considerado el "delfín" del nuevo secretario general de la OTAN, Lokke Rasmussen, nacido en 1964 en Vejle, una villa del este de Jutlandia, ingresó en el Partido Liberal a los 17 años y ocupó la presidencia de las Juventudes Liberales entre 1986 y 1989.

Tras varios intentos fracasados accedió al Parlamento en 1994, y a la vicepresidencia de su partido cuatro años después.

Ocupó las carteras de Sanidad e Interior en los dos primeros gobiernos y después de los comicios de noviembre de 2007 accedió a la de Finanzas, para tener un perfil todavía más destacado e ir preparando la sucesión de su mentor.

Parece poco probable que ahora introduzca cambios significativos en la línea del Gobierno, centrada en la congelación de impuestos y una férrea política de inmigración; en gran medida, porque liberales y conservadores seguirán dependiendo para tener la mayoría absoluta de los votos del ultranacionalista Partido Popular Danés.

A Lokke Rasmussen le esperan retos importantes: la crisis financiera, la convocatoria de un referendo sobre el euro y las otras excepciones danesas a la política comunitaria, las elecciones europeas de junio y las municipales de noviembre, y la cumbre mundial sobre clima de Copenhague en diciembre.

Las últimas encuestas, muy negativas para el Gobierno, juegan en su contra, al igual que el carisma de su predecesor, el liberal con más años en el poder en la historia de Dinamarca, y su inexperiencia en política exterior y su aire de tecnócrata, aunque cuenta con dos años por delante para ganarse la confianza de los daneses.

Tampoco refuerza su credibilidad el hecho de que hace un año se descubrió que en su época como gobernador provincial y ministro de Sanidad e Interior había pasado facturas al erario público por cenas, viajes en taxi y estancias en hoteles por motivos privados.

Tras una revisión de las facturas, reintegró parte del dinero.

Su ascenso a la jefatura de Gobierno sin pasar por las urnas -la tercera vez que ocurre en la historia moderna danesa-, coloca un interrogante sobre su legitimidad, que la oposición se ha encargado de resaltar, pidiendo en vano elecciones anticipadas.

Aunque muy próximo ideológicamente, Lokke Rasmussen presenta una personalidad alejada de la de su predecesor en el cargo: frente a la imagen fría y calculadora de Fogh, amante del deporte y enemigo del alcohol, tiene un perfil más popular y humano.

Más de una vez se le ha visto beber pintas de cerveza, como cualquier otro danés, en actos populares; y durante su época de ministro, antes de la aprobación de la ley antitabaco, era conocida la gran cantidad de cigarrillos que fumaba en su oficina.

Lokke Rasmussen tiraba entonces de su capacidad dialéctica: quien fumaba era el ministro de Interior, no el de Sanidad, solía decir.

Una oferta jugosa de la empresa privada le hizo pensar hace 3 años en abandonar la política, pero sus amigos le convencieron de lo contrario, y ahora llega a la jefatura de Gobierno para continuar la "saga" de los Rasmussen que domina Dinamarca desde hace dos décadas.

Desde que el socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen accedió al poder en enero de 1993, Dinamarca sólo ha conocido primer ministros con ese apellido. EFE alc/ih/ik