Cobra fuerza la hipótesis de que un gran pájaro desencadenó el accidente aéreo de Barajas

La hipótesis de que un pájaro de grandes dimensiones contribuyó, entre otras causas aún no aclaradas, a desencadenar el accidente aéreo del MD-82 de Spanair ha cobrado fuerza en las

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    La hipótesis de que un pájaro de grandes dimensiones contribuyó, entre otras causas aún no aclaradas, a desencadenar el accidente aéreo del MD-82 de Spanair ha cobrado fuerza en las últimas horas, según han asegurado a El Confidencial fuentes próximas a la investigación de la catástrofe que costó la vida a 154 personas.

    La declaración del comandante de Iberia Darío Sales, testigo presencial del accidente cuando su avión se disponía a aterrizar en Barajas, y las alertas de la torre de control por la presencia habitual de aves en el aeropuerto madrileño -la última ayer, cuando una bandada de cigüeñas fue detectada a sólo 600 metros de la cabecera de pista 33 izquierda-, han alimentado la hipótesis del bird strike -el término aeronáutico para referirse a la colisión de un avión y un pájaro-, que ya fue barajada en las horas posteriores al accidente y, por ahora, ningún experto ha descartado.

    El Sindicato de Técnicos de Mantenimiento Aeronáutico (ASETMA) ya alertó el mismo día de la catástrofe aérea de que la succión de un buitre, un águila, una cigüeña u otra ave de gran tamaño por los motores del MD-82 pudo ser una de las causas de que el avión de Spanair se estrellase pocos segundos después del despegue. "Los pájaros de pequeñas dimensiones no suponen un gran riesgo para la seguridad, porque el motor los tritura, pero las aves de gran envergadura, como los buitres, pueden provocar una pérdida de potencia del motor", declaró a este periódico el presidente de ASETMA, José María Delgado, que aseguró que en los últimos años se han registrado en Barajas numerosos incidentes de esta naturaleza.

    El último del que se tiene constancia se produjo en 2007, cuando un Airbus A-340 de la compañía Iberia con destino a Santo Domingo tuvo que efectuar un aterrizaje de emergencia minutos después del despegue porque uno de los motores succionó un buitre que volaba junto a una bandada de ejemplares de la misma especie, provocando una rotura en la carcasa de la turbina. Antes de tomar tierra en Barajas, el aparato se deshizo en pleno vuelo de una parte de su carga de combustible, ya que de lo contrario el tren de aterrizaje no habría podido soportar tanto peso.

    Testigo presencial

    Pocos minutos antes de las 14.30 del miércoles 20 de agosto, el comandante Sales, piloto del Airbus A-340 de Iberia procedente de Guayaquil (Ecuador), iniciaba la maniobra de aterrizaje en Barajas. En ese momento, el MD-82 de Spanair, muchos pies por debajo, apuraba la pista 36-L y elevaba su morro en el último instante. Fue entonces cuando Sales vio "varios pájaros de gran tamaño" cruzarse a la altura del avión siniestrado, según ha relatado el piloto de Iberia a la Comisión de Investigación de Accidentes de Aviación Civil (CIAIAC) del Ministerio de Fomento y al juez que instruye el caso.

    El testimonio de Sales es coherente con lo declarado a los investigadores por otros testigos presenciales, entre ellos la conductora de una furgoneta que aguardaba el aterrizaje del avión de Iberia para trasladar a Sales y su tripulación, y que aseguró haber escuchado "un petardazo" en uno de los motores del MD-82 de Spanair en el momento en que el aparato comenzó a elevarse. También un trabajador de tierra de Barajas -conocidos en el argot como pisteros- declaró haber visto salir "una llamarada" de una turbina del aparato nada más despegar.

    A mediodía de ayer, la torre de control de Barajas alertó a los aviones que se disponían a tomar tierra en la pista 33 izquierda del aeropuerto -situada en el extremo opuesto de la 36-L, donde se estrelló el MD-82 de Spanair- de la presencia de una bandada de cigüeñas. Un piloto de esa compañía confirmó a El Confidencial que hacia las 13.30 del mediodía, cuando iniciaba la maniobra de aproximación del aparato, procedente de Palma de Mallorca, recibió un aviso de la torre de control para que "extremase la precaución, porque había cigüeñas a 600 metros de la cabecera de pista". Según su testimonio, otro piloto, éste de la compañía Iberia, le aseguró que al aterrizar pudo ver sobre la pista los restos destrozados de un ave que no alcanzó a identificar, y que, tal vez, habría colisionado con un vuelo anterior.

    Un portavoz de Barajas ni confirmó ni desmintió este extremo. Se limitó a señalar que el aeropuerto madrileño es "pionero en Europa" en la puesta en marcha de un servicio de control de fauna que cuenta con casi un centenar de halcones peregrinos "para evitar el establecimiento o paso regular de aves sobre el recinto aeroportuario, y cuyo objetivo principal es mantener la seguridad en el tráfico aéreo". Según este portavoz, actualmente sólo 30 halcones están operativos, es decir, adiestrados y listos para ahuyentar a las aves potencialmente peligrosas. El resto está en proceso de cría o en fase de adiestramiento.

    "Impactos con aves"

    El pasado 1 de septiembre, un Airbus A-320 de la compañía Clickair con 174 pasajeros a bordo se vio forzado a realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto barcelonés de El Prat pocos minutos después de despegar, al colisionar con un ave en pleno vuelo. El animal fue succionado por uno de los motores del avión, que se dirigía a Liubliana (Eslovenia), provocando fuertes vibraciones y una pérdida de potencia en la turbina, por lo que el piloto comunicó la emergencia a la torre de control y regresó a El Prat.

    El año pasado, Iberia alertó a sus pilotos, a través de una nota interna, del riesgo de colisión con grandes aves en las nuevas pistas de Barajas, abiertas en 2005 tras la inauguración de la terminal T-4. La compañía advertía de que las nuevas rutas obligan a sobrevolar "zonas deshabitadas y protegidas, donde es habitual la presencia de pájaros", y reconocía que "los impactos con aves se están dando con cierta frecuencia". Los aviones que utilizan esas pistas para las maniobras de aterrizaje y despegue atraviesan un espacio protegido para las aves en el paraje de Soto de Viñuelas, en el que abundan águilas y buitres.

    Los bird strikes son bastante frecuentes en la aviación comercial y militar, y en ocasiones pueden afectar gravemente a la seguridad aérea. Sólo en 2007 se produjeron en Estados Unidos más de 7.000 incidentes de este tipo, según el informe elaborado por la Federal Aviation Administration (FAA), la máxima autoridad aeronáutica estadounidense, que calcula que esa cifra apenas representa el 20% de los casos reales. Los dos últimos registrados se produjeron el pasado mes de junio en el aeropuerto internacional de O'Hare (Chicago) con sólo 10 días de intervalo entre uno y otro. En ambos casos, la succión de sendas aves de gran tamaño por las turbinas de los aparatos (un Boeing-747 y un Boeing-777) les obligó a efectuar aterrizajes de emergencia tras desprenderse en vuelo de una parte de su carga de combustible, que arrojaron sobre el lago Michigan.

     

     

     

     

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