Mejor Henry Fonda que un ‘agujero negro’

Hay abogados defensores que se han subido sin ningún pudor a la llamada teoría de la conspiración para intentar salvar a sus clientes de una condena

Foto: Mejor Henry Fonda que un ‘agujero negro’
Mejor Henry Fonda que un ‘agujero negro’

Hay abogados defensores que se han subido sin ningún pudor a la llamada teoría de la conspiración para intentar salvar a sus clientes de una condena que puede ser milenaria en años a tenor de lo que pide la Fiscalía y algunas acusaciones. Otros, sin embargo, han evitado asomarse a los agujeros negros, temerosos de enfangar a sus defendidos en batallas titadynicas que ni les iban ni les venían y que, al final, podía salpicarles. José Luis Abascal, letrado de Jamal Zougam, y Endika Zulueta, defensor de Rabei Osman, El Egipcio, son los máximos exponentes de ambas posturas y en la sesión de este lunes, la última del juicio, lo han dejado claro en sus alegatos.

Zulueta, abogado de okupas reconvertido por gracia del turno de oficio en defensor de uno de los presuntos cerebros del 11-M, ha centrado todo su discurso en demostrar que El Egipcio más que un peligroso islamista capaz de inspirar la masacre de Madrid era en realidad un desvalido vendedor callejero de pañuelos con nula capacidad para ahorrar, como demuestra que cuando le detuvieron en Italia sólo tenía en su bolsillo un euro y 63 céntimos. Y para ello, el letrado no ha hecho mención ni a la Goma 2 ni a la Renault Kangoo ni a las conexiones fantasmas entre los yihadistas y las tropas de Josu Ternera. Zulueta ha preferido centrar las dos horas de sus discurso en intentar demostrar que todas las pruebas contra su cliente se basan en datos falsos, interpretaciones erróneas y traducciones dudosas que han terminado creando de él una imagen artificial de “radical”, “extremadamente religioso” y “peligroso” que han acabado por condenarle “socialmente” ante del inicio de la vista como “el más malo de todos”.

El defensor de El Egipcio no ha dudado para ello en echar mano del teatro... en ambos sentidos de la palabra. Ha iniciado su alegato con un recuerdo a la versión española de la obra teatral Doce hombres sin piedad, donde un magistral José María Rodero -Henry Fonda en la versión cinematográfica estadounidense- iba convenciendo uno por uno a los otros once integrantes de un jurado de la inocencia del sospechoso gracias a las “dudas razonables”. Esas mismas “dudas razonables” que ha intentado despertar en los tres magistrados del Tribunal leyendo el folleto que acompañaba el DVD donde había visto a su ídolo Rodero y poniendo en cuestión las famosas grabaciones de la Policía italiana en la que su cliente supuestamente se adjudicaba la autoría intelectual de la masacre de Madrid. Según el letrado, el primero es un manual abreviado de derecho del bueno. Las segundas, una chapuza mal traducida e irregularmente conseguidas que son el sustento que convierten a su cliente en un líder de Al Qaeda cuando en realidad no es más que un pobre fanfarrón que hablaba de los atentados de Madrid o de secadores asesinos porque le gusta impresionar a sus amigos.

Y después del teatro de las “dudas razonables”, Zulueta ha echado mano del otro teatro. Ha asegurado que se ha dejado “la piel en este asunto”, que ha hecho “todo lo que ha podido” y que si se condena a Rabei Osman se habrá dado un bofetón a los derechos fundamentales y a la presunción de inocencia. Al antiguo abogado de okupas se le han escapado entonces unas lágrimas, y a El Egipcio no le ha quedado más remedio que mirarle con ojos de cordero degollado. Será porque él no sabe quién es ni José María Rodero ni Henry Fonda.

Mejor una ‘conspiración’ que diez lágrimas

José Luis Abascal, sin embargo, no ha llorado. Con su habitual tono agresivo, mirando por encima de sus gafas y con voz rasgada, ha desgranado las conclusiones de la defensa del presunto autor material Jamal Zougam intentando invalidar uno a uno los testimonios que sitúan a su cl

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