El día que Pedro Sánchez decidió acabar con Ángel Escribano en Indra
Pocas veces el presidente de un Gobierno se arremangó de esta manera para provocar la destitución del primer ejecutivo de una compañía que había sido previamente nombrado por él mismo
Ángel Escribano Ruiz, expresidente ejecutivo de Indra. (EFE/Kiko Huesca)
Ángel Escribano suele vestir como los ejecutivos modernos, con chaqueta informal y sin corbata. Le gusta más la indumentaria casual o deportiva, como buen amante de las motos y de los coches de alta gama. Solo se engalana en situaciones excepcionales, como cuando el 18 de enero de 2025, Manuel de la Rocha, el responsable de Asuntos Económicos del Gobierno y amigo de travesía en barco, le llamó a Moncloa para proponerle como primer ejecutivo de Indra.
Según fuentes conocedoras de la situación, los dos hermanos, Ángel y Javier, se ataviaron como para ir a una boda cuando supieron que los iba a recibir Pedro Sánchez en primera persona para ofrecerles la presidencia de Indra tras decidir que Marc Murtra iba a ser ubicado en Telefónica. Los empresarios madrileños se vistieron de gala para un momento clave en sus vidas, pero observaron que el líder socialista había apostado más por un 'look casual', modelo 'tiktoker', más informal, como si estuviese en su casa.
La última vez que volvieron a ver a Sánchez fue el pasado 2 de marzo, con motivo de la inauguración del Mobile World Congress en Barcelona, a la que Ángel Escribano acudió acompañado por José Vicente de los Mozos, su consejero delegado. Pero, pese a que tan solo habían pasado menos de catorce meses, la relación con el presidente del Gobierno ya no era la misma. Más bien todo lo contrario. Porque, según otras fuentes, el máximo responsable del Ejecutivo español, que controla Indra desde la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), ya se había cansado del desafío del tornero fresador.
Especialmente porque, como adelantó El Confidencial, no había atendido a razones cuando el 5 de febrero había sido convocado a Moncloa para que dejase la presidencia de Indra por conflicto de interés y algo más. Escribano, que antes trabajaba en un polígono industrial, le había cogido el gusto a viajar en avión privado y a que fuera recibido por todos los presidentes de las comunidades autónomas, jeques árabes y hasta por Vlodomir Zelensky.
Ese lunes en Barcelona, con la tensión en el consejo de Indra por las nubes, con los dos primeros ejecutivos enfrentados, Sánchez pidió a De los Mozos tener una reunión privada con él, sin Escribano. En ese encuentro a solas, el político socialista le solicitó que aguantase un poco más porque en un mes habría cambio en la presidencia de Indra. El de Valladolid, que amagaba en aquellos momentos con dimitir, dado que a finales de marzo debía comunicar si renunciaba al cargo ante el próximo vencimiento de su contrato, se quedó aliviado. Era cuestión de días.
Como contó este periódico, una semana más tarde, De los Mozos fue llamado a Moncloa para que activase él mismo la destitución de Escribano. Pero el exdirectivo de Renault le dijo a De la Rocha y a Belén Gualda, la presidenta de la SEPI, que activar la guillotina no le tocaba a él, sino a los accionistas, empezando por el Gobierno. La negativa retrasó la hoja de ruta de Sánchez, que el 20 de marzo volvió a pedir a los hermanos que se personaran en el palacio presidencial. Lejos de seguir la sugerencia oficial, Escribano se atrincheró con la convicción de que tenía el apoyo de una mayoría simple del consejo de administración.
Un dosier que los Aperribay habían comunicado a Sánchez en noviembre cuando se fotografiaron con él en Moncloa. Una foto que decía mucho porque en ese momento el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ya había tomado cartas en el asunto para defender los intereses de una empresa de su territorio, dispuesta a colaborar, sin arrodillarse, eso sí, a construir el campeón nacional que quería Moncloa. La guerra sucia no se podía tolerar.
Oficialmente, el Gobierno no ha tenido nada que ver en las destituciones de José María Álvarez-Pallete y de Ángel Escribano, como presidentes de Telefónica e Indra, respectivamente. Así lo ha asegurado en sendas respuestas a preguntas formuladas por Vox al Congreso de los Diputados: "Se trata de una decisión empresarial, adoptada por los órganos de gobierno de la empresa y respetando las reglas del mercado y del buen gobierno corporativo", afirma Moncloa, a lo Pilatos. Pero el 1 de abril, Escribano optó por rendirse y dejó su cargo a Ángel Simón, propuesto directamente por Salvador Illa y por Sánchez.
Un Gobierno que, curiosamente, ha apostado por De los Mozos, un ejecutivo próximo al Partido Popular, en concreto al viejo PP de Pablo Casado, para pacificar Indra. Un directivo al que le han dado casi todo el poder para compaginarlo con la presidencia de Ifema, la sociedad que explota la Feria de Madrid, controlada por Isabel Ayuso y José Luis Almeida. Toda una victoria para De los Mozos, que, resistente como el corcho, ha conseguido la confianza de los dos líderes antagónicos de la izquierda y la derecha. Un hito que debería ser un ejemplo cuando los intereses globales están por encima de los particulares.
Ángel Escribano suele vestir como los ejecutivos modernos, con chaqueta informal y sin corbata. Le gusta más la indumentaria casual o deportiva, como buen amante de las motos y de los coches de alta gama. Solo se engalana en situaciones excepcionales, como cuando el 18 de enero de 2025, Manuel de la Rocha, el responsable de Asuntos Económicos del Gobierno y amigo de travesía en barco, le llamó a Moncloa para proponerle como primer ejecutivo de Indra.