Los parches contra el absentismo en los súper: permisividad, mutuas y bonus por asistencia
La sanidad pública no ha absorbido de manera eficiente el alza de las bajas laborales tras la pandemia y muchas altas se conceden días después de que la enfermedad se haya superado
Interior de un supermercado. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
Atajar el absentismo es un asunto primordial para las cadenas de supermercados. Durante el año pasado, afrontaron más de 386.000 bajas por contingencias comunes —enfermedades o accidentes no laborales—. Es un 67% más que en 2018, cuando el covid aún no había cambiado la autopercepción de la salud en la sociedad española. En palabras del director general de la patronal Asedas, Ignacio García Magarzo, sufren "una pandemia silenciosa", cuya solución debe asumirse como una cuestión de Estado.
La queja no es que los trabajadores se cuiden más de acudir a su puesto resfriados para evitar contagios o que aumenten las ausencias por salud mental. "El ánimo de todas las empresas que representamos es que los empleados se recuperen cuanto antes", se afanaba en defender García Magarzo durante un acto organizado el martes por Asedas para abordar esta cuestión. El problema es que el sistema sanitario público no ha sabido absorber de manera eficiente el alza de las bajas laborales y muchas altas se conceden días después de que la enfermedad se haya superado.
A falta de un pacto de Estado que agilice esos trámites, los supermercados aplican por su cuenta algunos parches para paliar una situación que les obliga a hacer malabares para que el resto de la plantilla cubra esos huecos. Por ejemplo, son más permisivos con sus empleados para que se queden en casa cuando se encuentran enfermos, sin necesidad de acudir al médico a por la baja. Así pueden reincorporarse nada más curarse, acortando los plazos que habitualmente se esperan cuando es la sanidad pública quien entrega el alta.
Se conoce como ausentismo, no aparece en las estadísticas oficiales y es común para enfermedades menores, como resfriados o gastroenteritis. "Estas no presencialidades muchas veces están auspiciadas por la propia empresa para evitar el efecto perverso de las bajas laborales", explicaba el director de Relaciones Externas de Consumo, Javier Quiles. Es decir, se avala que el empleado no acuda a la Seguridad Social porque seguramente sea un proceso más largo. Aunque puede surgir un problema colateral: sin la exigencia de ir al médico, la tentación de ausentarse sin un motivo real es mayor.
"Estas no presencialidades muchas veces están auspiciadas por la propia empresa para evitar el efecto perverso de las bajas laborales"
Pero el ausentismo no tiene cabida en todas las situaciones. En las bajas traumatológicas, las más comunes entre la plantilla de los supermercados, es necesario acudir al médico para recibir tratamiento. La cuestión es que, debido a las largas listas de espera, la sanidad pública tarda en retirar una escayola o un vendaje y darle el visto bueno al paciente para que vuelva a trabajar. Por este motivo, las principales cadenas instan a sus empleados a acudir a la mutua de la empresa, que suele ser más eficiente.
Las dolencias traumatológicas tuvieron una duración media de 82 días cuando fueron tratadas por los servicios públicos de salud, mientras que en las mutuas se resolvieron en 45 días. Es una diferencia de 37 días, según el análisis realizado por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo (AMAT). Con estos datos, si las comunidades autónomas no incrementan los recursos sanitarios, desde Asedas consideran que una parte de la solución está en facilitar a esas organizaciones las competencias y recursos necesarios para prestar la asistencia integral.
Las dolencias traumatológicas tuvieron una duración media de 82 días cuando fueron tratadas por los servicios públicos de salud
La mayoría de las bajas en las tiendas son motivadas, pero también hay ausencias fraudulentas, sobre todo en épocas como la actual, en la que los niveles de empleo están en cotas históricas y el miedo general a perder el trabajo es casi inexistente. Para estos casos, el director general de CEDAC (la patronal catalana de la distribución alimentaria), Roger Gaspa, cree conveniente que los convenios colectivos empiecen a incluir 'bonus' por presencialidad, además de valorar una reincorporación gradual con adaptación al puesto en la medida de lo posible.
Gaspa sostiene que los sindicatos están de acuerdo en incorporar estos planteamientos, porque son conscientes de que el mayor perjudicado por una baja fraudulenta es el trabajador que tiene que cubrir a su compañero. Eso sí, el 'bonus' no puede ser por el 100% de la presencialidad, ya que dejaría fuera también a aquellos que cogieron ausencias motivadas, lo que podría crear un efecto contraproducente y hacer que la gente vaya a trabajar enferma para no perder ese dinero. De hecho, tanto el Tribunal Supremo como la Audiencia Nacional han tumbado recientemente algunos de estos 'bonus' al considerar que son discriminatorios.
En el encuentro de Asedas también estuvo presente el secretario de Estado de Seguridad Social y Pensiones, Borja Suárez. Reconoció que "es imprescindible una mayor implicación de los servicios públicos de salud" para abordar esta problemática, dirigiendo la mirada hacia las comunidades autónomas, que son las que tienen las competencias en la materia. En este sentido, mostró la "frustración" de su Ministerio porque solo seis gobiernos regionales se hayan involucrado verdaderamente en este asunto.
"Es imprescindible una mayor implicación de los servicios públicos de salud"
Suárez prefiere no llamarlo absentismo, porque considera que así se apunta a un aumento del fraude cuando no es cierto. Explicó que, después de la pandemia, el volumen de procesos se incrementó sustancialmente, elevando asimismo los pagos de la Seguridad Social, porque hay casi 3,5 millones de trabajadores más y hubo un agravamiento de las patologías mentales. El sistema público no ha tenido capacidad de afrontar esta alza de las bajas, ya que la población está cada vez más envejecida y va más al médico.
El impacto del absentismo en los súper
El estudio de AMAT muestra que el coste de las bajas laborales por contingencias comunes en la distribución alimentaria española ascendió hasta los 1.180 millones de euros en 2025. Un total de 656 millones corresponde a las prestaciones económicas de la Seguridad Social a cargo de las mutuas, mientras que el coste directo para las empresas fue de 524 millones. Así, el incremento interanual se situó en el 13% y aumentó en un 155% respecto a 2018.
Respecto a los días en los que se concentran más bajas, revela que los lunes se produce el 22%, seguidos por los viernes (16%), en tanto que los fines de semana suman el 10% de las mismas para la población protegida por las mutuas. Además, el tramo de edad de 16 a 35 años fue el que mayor incidencia media mensual por cada 1.000 trabajadores protegidos por las mutuas tuvo en el ejercicio 2025, con 50,66 procesos.
Sobre esta cuestión incidió también el secretario de Estado, reconociendo que "hay un elemento cultural que hay que analizar para ver por qué los más jóvenes hacen un uso intensivo de las bajas". El director general de Asedas fue más claro al señalar que "las personas más jóvenes tienen más bajas que los de más edad y todos intuimos que puede haber un porcentaje de fraude".
Atajar el absentismo es un asunto primordial para las cadenas de supermercados. Durante el año pasado, afrontaron más de 386.000 bajas por contingencias comunes —enfermedades o accidentes no laborales—. Es un 67% más que en 2018, cuando el covid aún no había cambiado la autopercepción de la salud en la sociedad española. En palabras del director general de la patronal Asedas, Ignacio García Magarzo, sufren "una pandemia silenciosa", cuya solución debe asumirse como una cuestión de Estado.