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Escribano gana el pulso de Indra y deja en evidencia al Gobierno en un consejo esperpéntico
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Ni se votó su continuidad

Escribano gana el pulso de Indra y deja en evidencia al Gobierno en un consejo esperpéntico

El presidente de la compañía de defensa aguanta en el cargo pese a la intención de la SEPI de prescindir de sus servicios por el conflicto de interés con su propia empresa familiar

Foto: Ángel Escribano. (EFE/Eloy Alonso)
Ángel Escribano. (EFE/Eloy Alonso)
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El consejo de administración de Indra, que hace menos de un mes capitalizaba casi 11.500 millones de euros en bolsa y a cuyos miembros se les presume sofisticación y capacidad de gestión, escenificó este miércoles una situación insólita en una sociedad cotizada de la que depende la defensa nacional. Ángel Escribano, al que la Presidencia del Gobierno de España quería destituir, salió indemne, sin apenas rasguños, de una doble reunión del órgano de gestión en la que quedó patente la incapacidad de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) de parar los pies al gigante creado por Pedro Sánchez.

Escribano, que días atrás se había atribuido una mayoría suficiente para seguir como primer ejecutivo, ante el ataque desde el ente público controlado por el Ministerio de Hacienda, consiguió que ni se votara su continuidad. Pese a las reuniones mantenidas en Moncloa con Manuel de la Rocha, responsable de asuntos económicos de la Presidencia del Gobierno, que le pidió que dejara el cargo por el conflicto de interés con su empresa familiar, Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), el empresario madrileño logró abortar el ultimátum.

Ni el comunicado remitido por la SEPI a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el pasado miércoles por la noche, en el que le enseñó la puerta de salida, ni las presiones de otros accionistas y consejeros, como SAPA Placencia, han amilanado a Escribano, que ha dejado a De la Rocha al pie de los caballos. Porque la persona encargada por Pedro Sánchez para acabar con el caos en Indra ha fracasado en toda regla después de haberse reunido tanto con la presidenta del organismo público como con el consejero delegado, José Vicente de los Mozos.

El esperpento ha sido tal que tampoco se ha votado el futuro de De los Mozos, cuyo contrato vence en tres meses. Por ello, este miércoles tenía la obligación legal de comunicar al consejo si decidía continuar en su puesto el próximo mes de junio, al tiempo que la compañía debía anunciarle si le mantenía la confianza. Ni el exdirectivo de Renault dijo nada ni tampoco sus compañeros del órgano de gobierno, que, eso sí, le han aprobado un aumento de su retribución del 55% para convencerlo de que se quede.

Algo grotesco porque De los Mozos había informado a su círculo más íntimo que no continuaría como número dos de Indra mientras Escribano estuviese como presidente y que el dinero era lo que menos le importaba en estos momentos dado el caos de gobernanza. Pero, de momento, siguen los dos, enfrentados, pero los dos, mientras la compañía necesita diseñar un nuevo plan estratégico para desarrollar los contratos concedidos a dedo por el Gobierno por unos 10.000 millones de euros.

Un coste de 2.000 millones

En resumen, tras una guerra civil inédita en una compañía cotizada, Escribano, dueño de los derechos políticos de un 14,3% del capital, le ha doblado la mano al Estado, propietario del 28% de las acciones y principal cliente. El apoyo de SAPA, también a la gresca con el presidente y propietaria del 8%, ha sido insuficiente porque la SEPI no ha conseguido el apoyo de al menos ocho consejeros para descabalgar a Escribano.

Al contrario, el primer ejecutivo ha visto como el fondo activista T Rowe Price ha elevado su participación desde el 3 hasta el 5%, por lo que, en el caso de que se sometiera su continuidad en la próxima junta general de accionistas, contaría con un inversor adicional de su lado.

La cotización, que había perdido más de un 20% de su valor por el conflicto interno y la renuncia a la fusión con EM&E, repuntó cerca de un 3% este miércoles. La batalla accionarial se ha saldado con una pérdida de 2.000 millones de capitalización, hasta situarse en 8.500 millones, un 27% por debajo del máximo histórico marcado a principios de marzo.

El consejo de administración de Indra, que hace menos de un mes capitalizaba casi 11.500 millones de euros en bolsa y a cuyos miembros se les presume sofisticación y capacidad de gestión, escenificó este miércoles una situación insólita en una sociedad cotizada de la que depende la defensa nacional. Ángel Escribano, al que la Presidencia del Gobierno de España quería destituir, salió indemne, sin apenas rasguños, de una doble reunión del órgano de gestión en la que quedó patente la incapacidad de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) de parar los pies al gigante creado por Pedro Sánchez.

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