¿Quién ha subido más la gasolina con la guerra? Las 'low cost' superan a los refineros
Las gasolineras han aplicado incrementos diarios en el precio de los carburantes de hasta 27 céntimos por litro. Un precio condicionado por la batalla comercial internacional
Una trabajadora ayuda a un hombre a repostar combustible. (Carlos Castro / Europa Press)
Llenar el depósito hoy es, de media, un 20 % más caro que el pasado 27 de febrero, el viernes previo al bombardeo en Irán y al inicio de la crisis que se vive en Oriente Medio. El incremento lo han notado especialmente los conductores de vehículos diésel, con subidas cercanas al 27 %. Un aumento de precios que, además, se percibe de forma distinta según el tipo de gasolinera.
El sector afronta esta crisis con una gran rivalidad comercial. La batalla entre las estaciones de servicio independientes o 'low cost' (Ballenoil, Petroprix, BonArea o Plenoil), las grandes marcas lideradas por los refineros (Repsol, Moeve o BP), las cooperativas y las gasolineras vinculadas a hipermercados se intensifica en un contexto de fuertes subidas, en el que cada operador trata de ajustar sus precios en un momento en el que repostar es más caro que hace unas semanas.
La gasolina se paga ahora de media en España a 1,7 euros el litro, mientras que el diésel supera ya los 1,83 euros. La respuesta a la pregunta de quién ha subido más los precios desde el inicio de la guerra está en los datos actualizados que ofrece el Geoportal del Ministerio para la Transición Ecológica. Esta herramienta recoge cuánto han aumentado diariamente cada monolito —las torres de las estaciones de servicio donde se anuncian los precios— antes de impuestos. Con ello, se puede comparar la evolución del precio del gasóleo A y de la gasolina 95 entre el 3 y el 13 de marzo.
La referencia es la cotización internacional de los combustibles, que permite medir hasta qué punto cada tipo de estación traslada ese encarecimiento al consumidor. En el caso del gasóleo, la cotización internacional aumentó 33,8 céntimos por litro durante el periodo analizado. Sin embargo, las estaciones independientes son las que más han elevado sus precios: 36 céntimos por litro desde el 3 de marzo. Les siguen las cooperativas, con un incremento acumulado de 34 céntimos, y las estaciones vinculadas a hipermercados, con 32,1 céntimos. En el otro extremo se sitúan las petroleras tradicionales, que incrementaron el precio del gasóleo 28,3 céntimos, casi ocho céntimos menos que las independientes.
En España, el encarecimiento del diésel está siendo más intenso que el de la gasolina. Esto se debe a que su demanda —ligada al transporte profesional y a la actividad industrial— es mucho menos flexible: incluso cuando los precios suben, el consumo apenas se reduce.
La misma tendencia se observa en la gasolina 95. Entre el 3 y el 13 de marzo, la cotización internacional del producto aumentó 18,9 céntimos por litro. De nuevo, las gasolineras independientes encabezan el incremento en el precio final, con 22,1 céntimos, seguidas por las cooperativas (21,7 céntimos) y los hipermercados (19 céntimos). Las petroleras, por su parte, aplicaron la subida más moderada: 14,2 céntimos, por debajo del resto de operadores.
Aunque las estaciones independientes suelen posicionarse en el mercado como las opciones más baratas, los datos muestran que han sido las que más rápidamente han trasladado al surtidor el encarecimiento de las cotizaciones internacionales. Fuentes del sector explican que las 'low cost' afrontan estas subidas por estar más expuestas a las variaciones del precio del producto, mientras que los refineros controlan una mayor parte de la cadena de valor del carburante.
Además, las grandes compañías como Repsol o Moeve parten generalmente de precios más altos que sus competidores, lo que limita la intensidad de las subidas. En cambio, las estaciones independientes, que parten de precios más bajos, tienden a ajustar con mayor rapidez para recuperar parte de su margen. Esto no significa necesariamente que sus precios finales sean los más altos, pero sí que el ritmo de subida en estos días ha sido mayor que el de las grandes petroleras o las estaciones ligadas a hipermercados.
La competencia entre ambos modelos de negocio se ha intensificado en los últimos años. Hace una década, Repsol, Cepsa y BP controlaban cerca del 60 % de la red de estaciones de servicio, frente al 30 % de sus competidores. Hoy el equilibrio es mucho mayor. Las estaciones independientes y 'low cost' concentran alrededor del 47 % del mercado, frente al 48 % de los refineros.
¿Por qué se disparan los precios?
Estos vendedores de carburantes dependen a su vez de otros factores externos. Los precios de los combustibles están subiendo debido a la fuerte tensión que atraviesan los mercados internacionales del petróleo y, sobre todo, de los productos ya refinados como la gasolina y el diésel. Aunque el precio del crudo influye en la evolución del mercado, el coste final que pagan los consumidores en las gasolineras depende principalmente de cuatro factores: los impuestos, las cotizaciones internacionales de la gasolina y del diésel, los futuros del petróleo y el tipo de cambio entre el euro y el dólar.
En el precio final del combustible también pesa la estructura de costes del sector. Aproximadamente el 38 % corresponde a la materia prima, un 15 % a logística y comercialización, alrededor de un 1 % al margen empresarial, mientras que los impuestos representan cerca del 44 % del precio, sumando el IVA y el impuesto especial de hidrocarburos.
En los mercados internacionales, la gasolina y el gasóleo siguen dinámicas propias de oferta y demanda. A nivel global, el consumo de gasóleo es mayor que el de gasolina porque es esencial para el transporte de mercancías y la actividad industrial. En Europa, además, se produce menos diésel del que se consume, por lo que el continente depende en gran medida de las importaciones. Esta dependencia hace que cualquier tensión geopolítica tenga un impacto directo en el precio del gasóleo.
Parte de estas importaciones procede de los países del golfo Pérsico, que suministran aproximadamente el 20 % del diésel y el 45 % del queroseno que importa Europa. A esta situación se suma que los inventarios europeos ya se encontraban en niveles bajos antes de la escalada del conflicto.
La importancia de la zona del conflicto
Además, una parte importante de los combustibles refinados que llegan a Europa pasa por el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por el que circulan cada día unos 15 millones de barriles de crudo —alrededor del 30 % del petróleo transportado por vía marítima— y unos 4,5 millones de barriles de productos refinados, principalmente gasolina y gasóleo.
Las tensiones en la región han afectado también a la producción. Algunas refinerías de Oriente Medio han tenido que detener parte de su actividad tras varios ataques, lo que ha reducido la oferta global de combustibles y ha presionado aún más los precios al alza. A ello se suma la reciente decisión de China de limitar la exportación de productos refinados, pese a ser uno de los grandes exportadores de gasóleo.
Europa, además, necesita combustibles que cumplan especificaciones técnicas muy estrictas, lo que dificulta sustituir rápidamente el suministro por productos procedentes de otras regiones y encarece las alternativas disponibles. Todo ello acaba reflejándose en el precio que pagan los conductores cada vez que repostan.
Llenar el depósito hoy es, de media, un 20 % más caro que el pasado 27 de febrero, el viernes previo al bombardeo en Irán y al inicio de la crisis que se vive en Oriente Medio. El incremento lo han notado especialmente los conductores de vehículos diésel, con subidas cercanas al 27 %. Un aumento de precios que, además, se percibe de forma distinta según el tipo de gasolinera.