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Arrancada de unicornio, llegada de jamelgo: a Wallbox se le está poniendo cara de La Seda
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Arrancada de unicornio, llegada de jamelgo: a Wallbox se le está poniendo cara de La Seda

Wallbox fue un unicornio pero ya no lo es. La compañía sufre graves problemas de liquidez, acreedores que amenazan la compañía y un desplome en bolsa que augura lo peor

Foto: Imagen de un cargador de Wallbox en la feria de París (Reuters).–
Imagen de un cargador de Wallbox en la feria de París (Reuters).–
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En 2021 la compañía fabricante de cargadores eléctricos para coches Wallbox salía a cotizar en la Bolsa de Nueva York. La valoración de saque era de 1.263 millones. Cuatro años después, la empresa vale 37 millones y está luchando con el agua al cuello con una deuda que asciende a 225 millones. En un tiempo récord, han pasado de ser un unicornio —'startups' tecnológicas que alcanzan la valoración de 1.000 millones— a algo más parecido a un jamelgo, un epígono de La Seda de Barcelona, compañía que llegó a valer 1.700 millones en bolsa en 2007 y luego empezó una agonía de 7 años que acabó en liquidación. Tiempos acelerados que interpelan a todo el sector emprendedor que tanto peso ha ganado en Cataluña durante la última década.

La situación es tal que Wallbox ha pedido el preconcurso para protegerse de los acreedores que se resisten a firmar la nueva financiación. Portavoces de Wallbox aseguran que el 85% de los acreedores respaldan el nuevo plan de la compañía. El banco que no compra el plan es el HSBC, "que tiene menos del 10% de la deuda", aseguran desde Wallbox. Wallbox fue a preconcurso para protegerse de que HSBC lo solicitase. Según fuentes financieras, el banco anglochino está intentando que las entidades financieras mayoritarias en el 'pool' de acreedores, Banco Santander, BBVA y CaixaBank, le compren su deuda y así eliminar el riesgo. En este pulso, la compañía que aún dirige Enric Asunción, uno de sus fundadores, ha quedado atrapada.

El plan de Wallbox se explica mejor en su versión corta: están comprando tiempo y lo están comprando caro. La versión larga suena más sofisticada, pero en esencia es lo mismo: refinanciar 170 millones de deuda (sin contar los 55 millones del circulante). La primera se divide en un préstamo que se retorna de golpe a su vencimiento en 2030 cuyos intereses son convertibles en capital más un nuevo préstamo sindicado de 55 millones con vencimiento también en 2030; además de una nueva línea de circulante de otros 52 millones. Todo complementado con una inyección de liquidez de 22,5 millones de euros.

Aquí se encuentran los 12,5 millones de la nueva deuda aportada por los acreedores principales, incluidos los 5 millones de inversión del Institut Català de Finances (ICF), entidad crediticia dependiente de la Generalitat. El dinero público no está para eso. Puede entrar en una empresa como Wallbox en su fase inicial, pero ahora es solo eso: comprar tiempo y muy caro. Fuentes financieras consideran que solo serán seis meses.

Mal ejemplo

Sin embargo, ya había mal ejemplo y venía de Madrid. Porque los fondos públicos ya habían intentado rescatar a Wallbox. En junio de 2025 la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), conocida como la 'SEPI digital', ya colocó 8,3 millones en el capital de Wallbox. Compraron ocho meses. De nuevo, tiempo carísimo. Y otra vez habría que preguntarse si los fondos públicos están para apuntalar fracasos privados. Aunque se cambie de administración, por mucho que el dinero público se vista de seda, en público se queda.

En este sentido, el historial de Wallbox resulta inquietante. En 2025, pérdidas de 103 millones; en 2024, números rojos de 151,7 millones; en 2023 el quebranto superó los cien millones. No parece que la compañía vaya a remontar a corto plazo.

En los últimos meses Wallbox ha estado viviendo del respaldo público

Los fundadores están a la espera de que Iberdrola, el tercer accionista con el 8,3%, entre al rescate de la compañía para no dejarla caer. Los socios principales son el grupo estadounidense Generac Holding —11,6%— y Francisco José Riberas (de Gestamp), con otro 11,5%. También está Marta Santacana (Eurofred) —5,7%— y el fondo Seaya, con otro 3,5%. En este momento hay un montón de accionistas atrapados.

El reto de crear mercado

El problema de Wallbox es que tiene un buen producto. Pero en la práctica, la compañía tiene que crear mercado. Es decir, el mercado de los cargadores para coches eléctricos no ha avanzado a la velocidad que se esperaba cuando se lanzó el proyecto. Pero han de ser los socios privados los que asuman el coste y los riesgos. Los mismos que fueron a bolsa a pedir dinero a los accionistas.

Otra cosa es el impacto que pueda tener su trayectoria en el entorno emprendedor catalán. Hay otros unicornios en camino con rondas de financiación. Hace un año Travelperk, la web de gestión de viajes de negocios, ya cerró una ronda de 190 millones. Valoración total: 2.700 millones. Y Factorial, la firma de 'software' para recursos humanos, está en conversaciones y planea una ronda de 200 millones de dólares, que de cerrarse valoraría la compañía en 1.700 millones de euros. Todas estas operaciones se cocinan en la capital pero necesitan historiales de éxito. Y en ese glorioso estanque catalán, Wallbox y sus problemas enturbian las aguas.

En 2021 la compañía fabricante de cargadores eléctricos para coches Wallbox salía a cotizar en la Bolsa de Nueva York. La valoración de saque era de 1.263 millones. Cuatro años después, la empresa vale 37 millones y está luchando con el agua al cuello con una deuda que asciende a 225 millones. En un tiempo récord, han pasado de ser un unicornio —'startups' tecnológicas que alcanzan la valoración de 1.000 millones— a algo más parecido a un jamelgo, un epígono de La Seda de Barcelona, compañía que llegó a valer 1.700 millones en bolsa en 2007 y luego empezó una agonía de 7 años que acabó en liquidación. Tiempos acelerados que interpelan a todo el sector emprendedor que tanto peso ha ganado en Cataluña durante la última década.

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