Bain y Pronovias: el mayor divorcio del capital riesgo español
El fondo estadounidense llegó a la histórica firma española de moda nupcial casi por accidente. Primero como financiador de la compra y después como propietario tras convertir deuda cuando el proyecto encalló
Hay bodas a las que uno termina arrepintiéndose de haber ido. Entre el regalo, el viaje y la resaca del día siguiente, la factura siempre acaba siendo mayorde lo previsto. En el caso deBain Capital y Pronovias, el coste ha sido bastante más elevado: más de 240 millones de euros invertidos, cambios en la cúpula directiva, una reestructuración que todavía no ha logrado que la compañía levante el vuelo y varios fondos que, cuando han tenido la oportunidad de comprarla, la han dejado plantada en el altar.
El fondo estadounidense llegó a la histórica firma española de moda nupcial casi por accidente. Primero como financiador de la compra y después como propietario tras convertir deuda cuando el proyecto encalló. Desde entonces ha intentado rehacer el negocio a base de inyecciones de capital, ajustes y cambios de rumbo. Pero el resultado se parece cada vez más a un matrimonio fallido, pues ahora Bain intenta vender la empresa y, de momento, no está logrando dar con pretendientes.
La historia de este desencuentro empezó mucho antes de que Bain se hiciera con el control. De hecho, su condición de segundo plato tampoco ha resultado una opción ganadora. Bain Capital fue el fondo de capital riesgo que perdió la puja por la firma española de moda Pronovias allá por julio de 2017. El vencedor fue el fondo BC Partners que compró por 550 millones de euros la compañía e hizo de oro al empresario textil catalán Alberto Palatzzi.
Sin embargo, Bain quiso seguir vinculado a Pronovias pese a perder la puja y se paso al lado de la deuda, convirtiéndose en uno de los financiadores relevantes de la operación. Había que hacer de tripas corazón y reciclar parte del trabajo hecho para el deal.
Aquella estructura marcó el futuro del grupo. La operación introdujo más de 275 millones de deuda en una empresa que hasta entonces apenas estaba apalancada.Tampoco hubo tiempo para saborear las mieles de la operación. BC Partners no tuvo tiempo de consumar su plan cuando la pandemia llegó a nuestras vidas, en la primavera de 2020.
A diferencia de otros sectores, el negocio quedó tocado y no hubo una recuperación equivalente a la caída. El resto de la historia está escrita. Pronovias entró en una espiral de refinanciaciones, pérdidas y ajustes, llegando a 2022, cuando BC Partners entrega las llaves a Bain Capital, que se hace cargo del control de Pronovias tras convertir parte de la deuda. Desde ese momento, está en los dos lados de la mesa.
Fachada de una tienda de Pronovias. (Europa Press/David Zorrakino)
El nuevo compañero de viaje trató de impulsar un giro estratégico en la firma. En 2023 confió el proyecto al italiano Gianni Serazzi, un veterano directivo de la industria del lujo, a quien nombró presidente ejecutivo y dio entrada en el capital. Tocaba meter la tijera y conseguir que la compañía entrase en un par de tallas menos, tras los infructuosos cinco años de la consejera delegada Amandine Ohayon.
En el otoño de 2023, Bain volvió a ajustar el patrón de Pronovias y fichó al ejecutivo español Marc Calabia, procedente de Tendam, sin experiencia corporativa en un consejo de administración, para confeccionar un nuevo equipo directivo y remendar la estructura desgastada tras dos años nulos (2020 y 2021) y un gasto imposible de sostener con los números (2022 y 2023).
El primer encontronazo, con el presidente
Fuentes del sector explican que el primer encontronazo fue con el presidente. Incidan que Serazzi se reservó competencias sobre el canal mayorista, que representa dos tercios de la facturación, mientras que Calabia era responsable de la red propia, que pesa solo un tercio. La segunda, tuvo que ver con el diseño de la campaña de 2025, que se define en otoño del 24 y se presenta (vende) en la primavera del año siguiente.
El aura del italiano, flanqueado por algunos consultores externos (ex Burberry) y apoyado en su propia compañía Pixel Moda, impuso los cánones estilísticos del catálogo y del showroom de presentación en Barcelona. Era la última oportunidad, pero las ventas se desplomaron, después de que parte del equipo comercial internacional saliera de Pronovias durante su mandato.
Pero los cambios no lograron frenar el deterioro. Las ventas siguieron cayendo y las tensiones internas entre la dirección y los asesores externos complicaron aún más la ejecución del plan. El margen de maniobra se estrechó todavía más en 2024, cuando Pronovias tuvo que ejecutar un expediente de regulación de empleo que afectó al 20% de sus servicios corporativos (64 personas).
Era un nuevo intento de ajustar una estructura que había crecido durante los años de expansión pero que ya no encajaba con el tamaño real del negocio. Para entonces Bain ya había inyectado más de 200 millones en la compañía para sostener la actividad y reequilibrar el balance. Ni siquiera eso bastó para revertir la situación.
En el verano de 2025, el consejero delegado de Pronovias decidió saltar del barco antes de presentar las cuentas de 2024. La responsabilidad recaería ahora en Cristina Alba, designada como consejera delegada de emergencia para evitar el colapso. Con una sólida trayectoria financiera —pasó por GE Capital y Metro Bank— y un profundo conocimiento del ecosistema de los grandes fondos, Alba asumía la dirección en plena tormenta.
Con apenas cien días, la ejecutiva empezó a dibujar un plan de reestructuración. Pero cuando empezaba a marcar el rumbo, Bain Capital volvió a cambiar de estrategia: a finales de 2025 encargó a Rothschild explorar la venta de la compañía, tal y como adelantó El Confidencial. Una decisión que, por la salida de la consejera delegada a finales de enero, se impuso manu militari, tras negarse a inyectar 30 millones necesarios para sostener la empresa.
El banco de inversión, que estaba pilotando el deal desde Londres, comenzó a sondear a los fondos de special situations, inversores acostumbrados a entrar cuando el negocio está en apuros y la salida requiere ingenio, paciencia y capital fresco. Concretamente, se ofreció la compañía a PHI Industrial, Mutares y Quantum. Aunque se comenta que la compañía estuvo muy cerca de cerrar la venta con un fondo californiano, cuyo nombre no ha trascendido.
Los fondos plantan a Pronovias en el altar
Sin embargo, los fondos no veían la operación clara, no tanto por la marca y el activo, sino por la estructura de la operación. Con un endeudamiento que ronda los 175 millones y varios ejercicios consecutivos en pérdidas, los potenciales compradores exigieron que Bain permaneciera en el capital y aportara dinero nuevo para garantizar la viabilidad del negocio.
Bain se negó a seguir invirtiendo más y recurrió al equipo de situaciones especiales de Abencys, que asumió el control del consejo de administración. Además, ha fichado a la firma FTI para que lleve a cabo un proceso de liquidación ordenada para ver si hay algún inversor interesado en probar suerte.
A todo esto, en el mercado se hacen una pregunta que sigue sin resolverse. Qué ha pasado para que un negocio con unos márgenes brutos del casi el 70% se haya arruinado dos veces en menos de diez años.
Hay bodas a las que uno termina arrepintiéndose de haber ido. Entre el regalo, el viaje y la resaca del día siguiente, la factura siempre acaba siendo mayorde lo previsto. En el caso deBain Capital y Pronovias, el coste ha sido bastante más elevado: más de 240 millones de euros invertidos, cambios en la cúpula directiva, una reestructuración que todavía no ha logrado que la compañía levante el vuelo y varios fondos que, cuando han tenido la oportunidad de comprarla, la han dejado plantada en el altar.