La guerra de Irán convulsiona el mercado del 'oro rojo': el azafrán se paga a 2.300 euros/kilo
El país persa es el mayor productor mundial de una especia que España envasa para consumo interno y exportación. El cultivo manchego apenas cubre la demanda. Los iraníes tratan de sacarlo por Afganistán
A once horas en coche desde Teherán, en el santuario del Imán Reza, uno de los mayor centros de turismo religioso del Irán chiíta, cientos de fieles se reúnen el pasado 1 de marzo para llorar la muerte del ayatolá Alí Jamenei. A unos diez kilómetros, los bombardeos de Estados Unidos e Israel han arrasado también el aeropuerto internacional de Mashhad, en el noreste del país, una instalación de uso civil y militar. De aquí partían habitualmente los vuelos que transportan casi todo el azafrán que se consume en el mundo. Se estima que Irán cultiva el 90% de la producción del planeta de esta especia y la provincia de Jorasán, donde se ubica el aeródromo atacado, lleva siglos viendo crecer cosechas de su flor violeta. Desde el pasado fin de semana, no hay aviones de carga operando.
De uso también industrial o farmacéutico, el oro rojo, como se conoce a este apreciado condimento agrícola por el color de los pistilos y estigmas interiores que se separan a mano de las flores, ha dejado de viajar al resto de países. Los intermediario persas buscan la forma sacar la especia. La frontera con Afganistán, también cultivador, es la vía de salida que se está explorando. Por carretera. Más larga, más costosa.
El bloqueo aéreo y la guerra decretada por Donald Trump han colapsado el mercado de un producto escaso y caro, generando una fuerte incertidumbre en los envasadores españoles. Al uso alimentario, se ha sumado en los últimos años a la demanda el consumo de extracto como antidepresivo y ansiolítico natural para casos de transtornos leves. España hace mucho tiempo que dejó de ser productor de referencia, pero la tradición exportadora y comercializadora la mantiene como envasador clave para el mercado de Occidente.
Según datos difundidos por la Cámara de Comercio de Valencia, el azafrán fue el año pasado el producto más importado de Irán, por delante, con diferencia, del pistacho, con 45,2 millones en compras entre enero y octubre (último mes contabilizada por la Secretaría de Estado de Comercio) y un crecimiento del flujo comercial interanual del 42,4%.
Carmencita, histórico comercializador de especias, que nació hace cien años en Novelda (Alicante) precisamente gracias al envasado de azafrán cultivado La Mancha, asegura disponer de stock para seis meses, hasta que llegue la próxima cosecha en octubre o noviembre. Verdú Cantó Saffron Spain, otra empresa familiar centenaria de la misma ciudad alicantina y especializada por tradición en la venta de azafrán, es probablemente la que mueve mayor cantidad del país. También hizo acopio a finales del año pasado, coincidiendo con los primeros problemas derivados de los doce días de misiles cruzados y tensión entre Irán e Israel y la incertidumbre generada por las protestas internas contra el régimen de los ayatolás.
Las dos marcas, como el resto del sector observan “expectantes” el conflicto bélico. De su duración va a depender el suministro de la especia en los próximos meses y señalará además la tendencia de los precios en el medio plazo. La primer consecuencia ha sido una fuerte tensión en las cotizaciones y dudas sobre las rutas de suministro.
España apenas produce ahora 300 kilos de la especia y es incapaz de suplir la oferta
"Nosotros comercializamos entre especias y hierbas aromáticas unas 6.000 toneladas y el azafrán representa solo tres toneladas, pero tiene un alto valor sentimental porque fue el primer producto de mi abuelo. En Irán hemos conseguir una flor y una cosecha seleccionada durante años y de mucha calidad", explica a El Confidencial, Jesús Navarro, director general de Carmencita, quien asegura que los productores con los que trabajan están pidiendo esta semana entre 2.300 y 2.400 euros por kilo. "Estamos viendo cómo sacarlo fuera de Irán por carretera hasta Afganistán, y allí buscar salidas en avión", señala.
Sandra Sirera, directora de calidad de Verdú Cantó, explica los problemas de suministro y cómo se han disparado los precios hasta un 30% en pocos días. "No hay comunicación fluida porque les han bloqueado Internet. El más avispado busca comunicarse de otra forma. Son persas y son muy listos. Nos dicen que lo van a sacar, pero hay pedidos paralizados. Nos llegan cotizaciones del azafrán afgano a 1.450 euros el kilo. Hace una semana estaba a 1.100 euros", explica.
Sirera asegura que su empresa, que mueve 4.000 kilos al año de azafrán, tiene producto envasado para varios meses, pero ya contempla dar prioridad a la venta de su propia marca, frente a los pedidos que recibe a granel o de uso industrial, que representan otra parte de su facturación. "Son pedidos con menos rentabilidad y, obviamente vamos a dar prioridad a nuestra marca porque esto se puede alargar bastante", advierte.
Ante la escasez que viene de azafrán hay preguntas inevitables. ¿No es posible recurrir a productores alternativos? ¿No sirve la producción nacional? ¿Se van a hacer de oro los productores españoles? Las tres respuesta son negativas. No, no y no. España ha pasado de cultivar miles de hectáreas y producir varias toneladas al año a una cosecha residual de poco más de 300 kilos, casi toda concentrada en Albacete, dentro de la Denominación de Origen de Azafrán de La Mancha.
Las cotizaciones del azafrán se han disparado un 30% en apenas una semana
La ausencia de relevo generacional, la imposibilidad de automatizar un cultivo que se sigue recogiendo y mondando (la extracción de los pistilos rojos) a manualmente en muy pocos días y con mucha necesidad de mano de obra y los efectos del cambio climático han ido reduciendo la capacidad productiva. Las ayudas públicas no están siendo suficientes para que el sector remonte. "Era un cultivo de familias. Hacen falta 200.000 flores para extraer un kilo. En los años sesenta se producían 35.000 kilos. Pero en Albacete la gente fue emigrando y se han abandonado los cultivos. En Irán ha ocurrido al revés. Han potenciado mucho el tema agrícola", explica Navarro.
"Allí hay pequeños productores que venden a cooperativas y exportadores y el Estado entra y compra para regular el precio", dice Sirera sobre el modelo iraní, un país con una renta per capita de menos de 5.000 euros, frente a los 34.000 euros de la española. "En España se ha hecho mucha prueba para intentar intentar industrializar y no depender de Irán, que es un país con problemas de pagos y embargos. Pero yo creo que se llega tarde para replantearse el cultivo", dice Sirera. "Nosotros hemos intentando probar sistemas de automatización pero ha sido imposible", añade Navarro.
"Nuestro problema es de producción. No es comercial. Si cultivásemos más se vendería, pero no somos capaces de producir más. No hay jóvenes. Todo se hace a mano y no está automatizado. No hay capacidad de inversión y no podemos evolucionar. Es una espiral preocupante", explica Carlos Fernández, patrono de la Denominación de Origen de La Mancha, de la que fue presidente, y portavoz de la Organización de Productores de Azafrán (OPAZ), la mayor cooperativa del sector, con sede en Villarobledo.
Fernández señala que hay "mucho nerviosismo" en las empresa que comercializan azafrán importado y que ellos no son capaces de cubrir esa demanda. "La primera impresión es que con la crisis de Irán nosotros nos beneficiamos. Pero no es así. Lo tenemos ya todo vendido. España solo produce 300 kilos. El sector está muy desestructurado", se lamenta.
A once horas en coche desde Teherán, en el santuario del Imán Reza, uno de los mayor centros de turismo religioso del Irán chiíta, cientos de fieles se reúnen el pasado 1 de marzo para llorar la muerte del ayatolá Alí Jamenei. A unos diez kilómetros, los bombardeos de Estados Unidos e Israel han arrasado también el aeropuerto internacional de Mashhad, en el noreste del país, una instalación de uso civil y militar. De aquí partían habitualmente los vuelos que transportan casi todo el azafrán que se consume en el mundo. Se estima que Irán cultiva el 90% de la producción del planeta de esta especia y la provincia de Jorasán, donde se ubica el aeródromo atacado, lleva siglos viendo crecer cosechas de su flor violeta. Desde el pasado fin de semana, no hay aviones de carga operando.