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¿Bolsa u Oriente Medio? El futuro del Atleti tras Apollo y las vías de los fondos en deporte
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¿Bolsa u Oriente Medio? El futuro del Atleti tras Apollo y las vías de los fondos en deporte

Los fondos de capital riesgo llegan al deporte profesional, en el que ya están instalados los grandes fondos soberanos de Oriente Medio. Ahora queda por ver cómo salen

Foto: Antoine Griezmann celebra un gol con el Atlético de Madrid (Oscar Manuel Sanchez/ZUMA)
Antoine Griezmann celebra un gol con el Atlético de Madrid (Oscar Manuel Sanchez/ZUMA)
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La inversión profesional de grandes institucionales está sustituyendo en el deporte de élite, de forma parcial, al antiguo inversor de carácter personalista que se basaba en cuestiones sentimentales o de influencias. La inversiones de Apollo en el Atlético de Madrid y de CVC en LaLiga son las más icónicas, y supondrán la clave de que haya más operaciones.

El deporte europeo empieza a importar prácticas estadounidenses, donde se trata de un espectáculo en el que se busca maximizar la rentabilidad financiera. Se trata de competir por la atención y el bolsillo de los aficionados. En Nueva York, los Knicks o los Mets tienen algunos aficionados sentimentales, pero también muchos otros para los que tienen que competir contra los musicales de Broadway o las nuevas producciones de Hollywood.

En el viejo continente, el componente sentimental todavía pesa mucho. Pero cada vez hay más hueco para que conviva con inversiones financieras. “Hace años hubiera sido impensable la compra de Apollo”, comenta un asesor habitual de fusiones y adquisiciones (M&A) en el mundo del deporte. También hubiera sido difícil de imaginar la inversión de CVC en La Liga que, bajo el timón de Javier Tebas, ha puesto unas reglas financieras que limitan el margen de maniobra de los clubes para alejar fantasmas de riesgo de quiebras e impagos como ocurrió en el pasado, y facilitan la entrada de grandes inversores por una mayor transparencia en las cuentas.

Apollo, que gestiona a escala global más de 840.000 millones de dólares, ha destinado 6.000 millones de dólares –unos de 5.100 millones de euros– a invertir en el deporte. La gran inversión en esta apuesta es el Atlético de Madrid, donde ha comprado el 55% y ha valorado al club en 2.500 millones de euros. Por su parte, CVC, otro gigante con casi 200.000 millones de dólares, invirtió 2.000 millones de euros en 2021 en La Liga por, aproximadamente, el 9% de los derechos televisivos hasta 2050, una apuesta que ha replicado en Francia.

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Hay muchos más ejemplos de fondos invirtiendo en deporte profesional, donde fondos soberanos y algunos grandes inversores estadounidenses han copado la Premier, y tienen otras inversiones como el PSG. Si se baja el nivel, en cuanto hay opciones hay fondos mirando. El Espanyol fue adquirido por un inversor institucional estadounidense en 2021, y hay vehículos estudiando invertir en el Mallorca, en el Sevilla o en el Rayo.

Más allá del fútbol

También fuera del fútbol. En cuanto empezó a emerger con fuerza el pádel apareció el fondo catarí liderado por Al-Khlaifi, presidente precisamente del PSG, para quedarse con el circuito profesional tras dos años de disputas y pleitos con el anterior, que pertenecía a la familia Damm. También hay ejemplos similares en Golf, tenis o hasta el ciclismo, donde Quantum Pacific, uno de los accionistas del Atlético, compró el 43% de Abarca (Movistar Team).

“El deporte profesional ha experimentado una clara sofisticación en los últimos años, tanto en sus estructuras societarias como en la forma en que se diseñan y ejecutan las operaciones, cada vez más alineadas con estándares internacionales de M&A. Además, el concepto de entretenimiento se ha ampliado: ya no hablamos solo de competición, sino de contenidos, plataformas digitales, experiencias y audiencias globales, lo que diversifica y estabiliza las fuentes de ingresos", explica Pablo González-Espejo, socio de M&A responsable de derecho deportivo de Uría Menéndez.

“El interés de los fondos por el deporte profesional sigue creciendo a medida que el sector se consolida como un activo institucional y se entiende cada vez más como una plataforma de entretenimiento, apoyada en derechos audiovisuales y en la capacidad de las instalaciones para generar ingresos recurrentes. Aun así, la inversión sigue siendo desigual, con un mayor peso de participaciones minoritarias frente a operaciones de control, que continúan siendo poco habituales y que en España solo recientemente han marcado un hito con la entrada de Apollo en el Atlético de Madrid”, arguyen David Díaz y Javier Méndez, del área de Sports de Baker McKenzie.

"El interés de los fondos por el deporte profesional sigue creciendo a medida que el sector se consolida como un activo institucional"

Los fondos soberanos, que llevan tiempo en el fútbol, no siempre se rigen por criterios únicamente financieros. Especialmente, si son de Oriente Medio, donde quieren tener exposición en Occidente y potenciar la marca de sus países. Apostaron por el fútbol, y luego por otros deportes, a raíz de conseguir el Mundial de Qatar. Pero los fondos de capital riesgo ven una oportunidad. Entrar y contribuir a una mayor eficiencia en la gestión y explotación del negocio para rentabilizarlo.

La gran cuestión es qué pasará dentro de un lustro, cuando los fondos de capital riesgo empiezan a analizar cómo salir. Porque estos vehículos suelen tener un periodo de maduración de siete años, aunque varía entre cinco y 10 años según las condiciones de mercado y la evolución de la inversión. ¿A quién podrá dar el pase Apollo con su participación en el Atlético de Madrid? Para muchos asesores que trabajan habitualmente con fondos, y que les ayudan en el análisis y ejecución de estas operaciones en el deporte, podría ser el catalizador para que esta tendencia creciente de apuestas de fondos en el sector, se acelere hasta aumentos exponenciales. Pero también podría ser un frenazo.

Rentabilidades a doble dígito

Los fondos de capital riesgo buscan, al menos, rentabilidades de dos dígitos. Esto supondría duplicar la inversión en siete años, y que el Atlético se valore en 5.000 millones en torno a 2033. Al club le tendría que haber ido muy bien en los próximos años para ello, no solo deportivamente, sino también a nivel de cuentas. Y no solo es una cuestión de valoraciones, sino de encontrar comprador. ¿Alguien pagará más de 2.500 millones por la mayoría del Atlético dentro de siete años? ¿Podrá ser otro fondo de capital riesgo que quiera una inversión más madura? Siempre está la opción de un fondo soberano de Oriente Medio, con las presiones sociales que pueden conllevar. O una salida a bolsa, vía explorada en Europa –Manchester United, Juventus, Olympique de Lyon o Borussia Dortmund cotizan–, pero no en España. Quizás el Atlético podría ser la puerta de entrada para los clubes españoles para cualquiera de estas vías.

¿Alguien pagará más de 2.500 millones por la mayoría del Atlético dentro de siete años?

“Todavía hay pocos ejemplos claros y plenamente comparables de desinversiones exitosas de fondos en activos deportivos. En muchos casos se trata de inversiones relativamente recientes, por lo que las vías de salida siguen siendo en buena medida una incógnita. Precisamente por eso, el mercado está muy atento a cómo evolucionan las primeras desinversiones que se produzcan: su éxito —o sus dificultades— será determinante para confirmar si el deporte puede consolidarse como un activo con liquidez real para el capital institucional o si seguirá siendo un mercado atractivo, pero estructuralmente más complejo que otros sectores”, explican David Díaz y Javier Méndez, de Baker Mckenzie.

"El crecimiento estructural del deporte —al que también contribuye la expansión de nuevas competiciones y del deporte femenino— está atrayendo inversión financiera con vocación de largo plazo. El reto ahora será articular estructuras de entrada y salida —ya sea vía industriales, secondary buy-outs o mercados de capitales— que consoliden el ciclo inversor y aporten estabilidad al sector”, comenta el socio de Uría.

La vía de la multipropiedad

El ‘M&A’ en el deporte también se dirige hacia otro escenario en el que entran en juego grandes grupos con clubes en multipropiedad. En España, el caso más paradigmático lo representa el Girona. El club catalán cuenta con un porcentaje accionarial de entorno al 40% cuyo propietario es City Football Group (CFG), una sociedad de cartera que administra clubes de fútbol en distintos continentes. Su mayor exponente es el Manchester City. El grupo es propiedad de tres organizaciones; de los cuales el 78% corresponde al Abu Dhabi United Group, el 10% a la firma estadounidense Silver Lake y el 12% a las chinas China Media Capital y CITIC Group.

El grupo de Todd Boehly y Clearlake, articulado a través del vehículo BlueCo, ha replicado esa lógica al controlar el Chelsea FC y adquirir una participación prácticamente total en el RC Strasbourg para lanzar su proyecto multiclub. Por su parte, la familia Pozzo representa el ejemplo clásico “pre-fondos” de multipropiedad en el fútbol europeo: durante años controló el Udinese Calcio y el Watford FC y, en España, gestionó el Granada CF hasta su venta en 2016 al empresario chino Jiang Lizhang.

A estos casos se suman otros modelos ya consolidados. El universo Red Bull ha construido una red con el RB Leipzig, el FC Red Bull Salzburg, el New York Red Bulls o el Red Bull Bragantino, combinando marca, desarrollo de talento y rotación interna de jugadores. En Francia, la órbita catarí no solo controla el Paris Saint-Germain a través de Qatar Sports Investments, sino que ha explorado participaciones minoritarias en otros clubes europeos como vía de influencia estratégica.

Otro actor relevante es Eagle Football Holdings, impulsado por John Textor, con posiciones en el Olympique Lyonnais, el Botafogo de Futebol e Regatas y el RWD Molenbeek. En paralelo, el fenómeno ha tenido episodios más convulsos, como el de 777 Partners, que llegó a tejer una cartera con clubes como el Genoa CFC o el Hertha BSC antes de afrontar graves problemas financieros y litigios en Estados Unidos.

La multipropiedad no solo permite compartir estructuras, datos, 'scouting' y financiación; también crea un mercado interno de activos

Más allá de describir los casos actuales, la clave es entender hacia dónde puede evolucionar este modelo desde la óptica del M&A. La multipropiedad no solo permite compartir estructuras, datos, ‘scouting’ y financiación; también crea un mercado interno de activos. Igualmente, es probable ver inversiones entre distintos deportes para explotaciones conjuntas de derechos, entradas, productos, etc.

En el futuro, es razonable pensar que veremos operaciones en las que los clubes se “traspasen” entre grandes grupos, especialmente cuando haya fondos soberanos de por medio que busquen reordenar carteras estratégicas por razones geopolíticas, de marca país o de diversificación. En ese escenario, un club puede dejar de encajar en la hoja de ruta de un ‘holding’ y convertirse en pieza atractiva para otro conglomerado multiclub que quiera reforzar su presencia en una determinada liga o mercado audiovisual.

Además, la multipropiedad puede funcionar como una plataforma de crecimiento vía adquisiciones complementarias —los clásicos add-on del capital riesgo—. Un fondo que controle un club tractor puede incorporar entidades más pequeñas en ligas secundarias o mercados emergentes para “engordarlas”: profesionalizar su gestión, dar visibilidad internacional a sus futbolistas, integrarlas en una red de cesiones y desarrollo de talento y mejorar sus ingresos comerciales y audiovisuales. Una vez alcanzado cierto tamaño y estabilidad, ese club revalorizado puede venderse a otro grupo multipropiedad o a un inversor estratégico que busque una plataforma ya optimizada.

La inversión profesional de grandes institucionales está sustituyendo en el deporte de élite, de forma parcial, al antiguo inversor de carácter personalista que se basaba en cuestiones sentimentales o de influencias. La inversiones de Apollo en el Atlético de Madrid y de CVC en LaLiga son las más icónicas, y supondrán la clave de que haya más operaciones.

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