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Mercedes Oblanca: "Jamás trabajaría en un entorno donde el robot fuera el jefe"
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Mercedes Oblanca: "Jamás trabajaría en un entorno donde el robot fuera el jefe"

La CEO de Accenture encarna una rara combinación de precisión analítica y conciencia humanista. A su juicio, la tecnología es fundamental y el liderazgo es una responsabilidad moral

Pocas compañías reflejan mejor la transformación digital de la economía española que Accenture. Lo que comenzó como una firma de consultoría estratégica es hoy una de las mayores consultoras tecnológicas del mundo, con cerca de 800.000 profesionales y presencia en más de 120 países. En España y Portugal, Accenture se ha convertido en uno de los grandes facilitadores de la modernización empresarial. No es una compañía que fabrique chips ni que desarrolle los grandes modelos de inteligencia artificial que acaparan titulares. Su papel es distinto —y profundamente práctico—: hacer que la tecnología funcione en el día a día de las organizaciones.

Cuando un banco detecta un fraude en segundos antes de que el dinero desaparezca, cuando una fábrica utiliza un “gemelo digital” —una réplica virtual de sus instalaciones— para probar mejoras sin detener la producción, cuando un hospital reorganiza sus datos para reducir tiempos de espera o cuando una red eléctrica anticipa un fallo antes de que se produzca un apagón, ahí está su trabajo.

Accenture no inventa la tecnología. La implementa, la integra y la traduce en eficiencia. Toma herramientas como la inteligencia artificial, la analítica de datos o la nube y las convierte en procesos más rápidos, más seguros y rentables.

Mercedes Oblanca dirige esa maquinaria global desde España y Portugal. Matemática de formación, líder por vocación, encarna una rara combinación de precisión analítica y conciencia humanista. En un momento en el que la inteligencia artificial redefine la competitividad de los países, Mercedes Oblanca defiende que el verdadero diferencial no será la potencia de cálculo, sino la calidad del pensamiento. Para ella, la tecnología es una herramienta poderosa. El liderazgo, en cambio, es una responsabilidad moral.

"Me preocupan mucho la violencia, el odio y la polarización"

Bajo su dirección, la firma ha reforzado su apuesta por la inteligencia artificial responsable, ha abierto centros de innovación en Madrid y Barcelona y ha transformado su red de centros tecnológicos en Málaga, Sevilla y Bilbao. También ha impulsado adquisiciones estratégicas en ciberseguridad, transformación financiera e infraestructuras críticas para la transición energética.

Pero más allá de las cifras y los proyectos, su discurso tiene un eje claro: la tecnología solo tiene sentido si mejora la vida de las personas. “Estamos ante una gran década de cambio”, afirma. “La inteligencia artificial tiene una oportunidad extraordinaria para generar riqueza y oportunidades. Pero también debemos cuidar a los más vulnerables.”

España ante su gran reto

Mercedes Oblanca no esquiva el diagnóstico incómodo. España trabaja muchas horas, pero arrastra un problema estructural de productividad. Y sin productividad, los salarios no crecen. La ecuación es sencilla: más valor requiere más tecnología y más talento. Pero también más formación. “La tecnología ha cambiado la forma en la que trabajamos y vivimos. Si no invertimos en capacitación, corremos el riesgo de quedarnos atrás.”

En su análisis, el reto no es solo tecnológico, es cultural. Muchas empresas siguen viendo la innovación como gasto y no como inversión estratégica. La transformación exige cambiar mentalidades, procesos y estructuras. Porque cada revolución industrial ha dejado atrás a quienes no supieron adaptarse.

Foto: sacyr-ingeneria-infraestructuras-el-arte-de-crear-bra

El debate moral de la inteligencia artificial

En pleno auge de la inteligencia artificial generativa, Mercedes Oblanca introduce una reflexión que va más allá del entusiasmo del mercado. “Jamás trabajaría en un entorno donde el robot fuera el jefe.” La frase no es un gesto retórico. Resume su posición en el debate central de nuestro tiempo: quién controla a quién. La inteligencia artificial puede optimizar procesos, anticipar fallos, reducir desperdicios y mejorar decisiones. Pero también puede amplificar desigualdades, concentrar poder y erosionar la confianza si no se gobierna con criterio.

“Me preocupan mucho la violencia, el odio y la polarización”, reconoce. En un entorno digital donde los algoritmos amplifican emociones, el uso responsable de la tecnología deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un compromiso ético.

Valores que no se programan

Cuando se le pregunta de dónde nace esa visión, su respuesta es sencilla: “Los valores los he aprendido en mi casa”. En un sector obsesionado con la velocidad, Mercedes Oblanca insiste en la serenidad. En un mercado que premia la promesa, ella habla de ejecución. En un entorno que mide resultados en trimestres, defiende el impacto duradero.

Accenture celebra este año más de seis décadas en España. Ha acompañado la modernización del tejido empresarial, la digitalización de la administración pública y la transición energética.

Pero Mercedes Oblanca quiere ir más allá del relato corporativo. No se trata solo de implantar tecnología. Se trata de decidir para qué. Porque al final, como subraya en esta conversación con Sonia Pardo en El Arte de Crear, el progreso no es digital por definición. Es humano.

Te invitamos a ver la entrevista completa y descubrir cómo la verdadera revolución no está en los algoritmos, está en cómo decidimos utilizarlos.

En colaboración con Allianz

Allianz apuesta por la valentía de tomar las grandes decisiones que mueven el mundo. Una forma también de entender el liderazgo basada en la seguridad, la confianza y el coraje para avanzar en un mundo incierto. Esa mirada conecta de manera natural con El Arte de Crear, un movimiento humanista que pone en el centro a las personas que asumen decisiones difíciles y lideran con responsabilidad.

Juntos comparten un mismo territorio ético —valentia, integridad, respeto y compromiso— desde el que impulsan una nueva forma de comunicar y de entender el liderazgo: proteger lo que importa, liderar con valores y construir futuro desde lo humano.

Pocas compañías reflejan mejor la transformación digital de la economía española que Accenture. Lo que comenzó como una firma de consultoría estratégica es hoy una de las mayores consultoras tecnológicas del mundo, con cerca de 800.000 profesionales y presencia en más de 120 países. En España y Portugal, Accenture se ha convertido en uno de los grandes facilitadores de la modernización empresarial. No es una compañía que fabrique chips ni que desarrolle los grandes modelos de inteligencia artificial que acaparan titulares. Su papel es distinto —y profundamente práctico—: hacer que la tecnología funcione en el día a día de las organizaciones.

El Arte de Crear