Es noticia
Lucha de egos en el cielo de Madrid: la pelea de las Big Four por los ránkings de facturación
  1. Empresas
Discrepancias entre las cuatro grandes

Lucha de egos en el cielo de Madrid: la pelea de las Big Four por los ránkings de facturación

En el cielo empresarial de Madrid, Deloitte, PwC, EY y KPMG libran una batalla por el relato de su facturación. Según el perímetro que se tome, las cifras crecen o se encogen y alteran el orden del podio

Foto: Cuatro Torres Business Area Madrid. (Reuters/Ana Beltran)
Cuatro Torres Business Area Madrid. (Reuters/Ana Beltran)
EC EXCLUSIVO

Para que un truco de magia funcione, necesita un buen juego de perspectivas. El mago decide qué vemos y cómo. En el cielo empresarial de Madrid, Deloitte, PwC, EY y KPMG libran una batalla similar en torno al relato de su facturación. Según el perímetro que se tome, las cifras crecen o se encogen, y alteran el orden del podio. No es una cuestión contable, sino de encuadre: cuando cada firma fija su propio marco, el ranking deja de ser una foto objetiva y se convierte en una ilusión cuidadosamente construida.

La consecuencia es una lucha de egos de tal calibre que uno de los principales medios económicos de España, conocido por hacer estos ránkings, se ha visto obligado a convocar esta semana en su redacción a las cuatro firmas para que sean ellas mismas quienes pacten —y, en la práctica, determinen— las reglas del juego: los criterios y perímetros con los que se elaborará un listado que no solo dirime su pulso particular, sino que condiciona a casi 40 compañías de servicios profesionales.

¿Pero cómo firmas de servicios profesionales de primer nivel, incluido el de auditoría, pueden discrepar sobre una cifra que, en teoría, debería ser inequívoca? La clave está en la estructura del modelo de negocio de las Big Four. Estas no funcionan como una única compañía global, sino como redes de firmas miembro que operan bajo una misma marca. Eso implica que la filial española solo puede computar como ingreso lo que efectivamente ejecuta en España.

El problema surge cuando reciben encargos de gigantes como el Ibex 35 con fuerte presencia internacional. En el caso de la auditoría es especialmente sangrante porque, de media, más del 60% de los cerca de 400 millones de euros que generan estas auditorías "vuela" fuera de España. El caso de Banco Santander es paradigmático: de los 140 millones que paga a PwC por su auditoría, la firma en España apenas retiene en torno a 50 millones. Algo similar ocurre con Iberdrola, cuyos 35,8 millones en honorarios dejan en España poco más de 13 millones, o con ACS, donde menos de un 21% del contrato permanece en el equipo local. Este fenómeno afecta casi por igual a las cuatro firmas.

Foto: espejismo-auditar-ibex-mas-60-big-four-extranjeras

Este es el primer juego de espejos. Los honorarios que se generan en el exterior —y que se reparten entre las distintas firmas de la red— forman parte esencial de esa ilusión, pues engordan la cifra global, pero no siempre engrosan la cuenta de resultados en España que se deposita en el Registro Mercantil. PwC, presidida por Gonzalo Sánchez, es más proclive a este enfoque, pues en cartera cuenta con grandes mandatos, como es el de auditar al Banco Santander. Por eso, la firma incluye los ingresos de todas las sociedades en España, así como la actividad que la firma desarrolla en el exterior para empresas españolas, gestionada por socios y equipos locales.

En su derecho —al fin y al cabo, son contratos ganados por la filial española—, PwC decidió el año pasado sumar esa facturación exterior. Y el ajuste de perímetro acabó transformándose en una disputa por el podio. Primero puso en alerta a Deloitte, contraria a incluir esas cantidades en el cómputo y a favor de solo utilizar los datos depositados en el Registro Mercantil. Después, alguna de las otras firmas empezó a preguntarse si también debía ampliar el foco.

La controversia no solo retrasó la publicación del ranking en España, sino que tensó la relación entre las firmas, hasta el punto de que Deloitte llegó a plantear su salida de la clasificación. Porque aquí no se impone necesariamente el que más ingresa, sino el que fija la perspectiva desde la que se observa la función.

"Al final no se están comparando compañías, sino distintas formas de reportar"

Desde lo alto de una de estas torres, deslizan a este periódico que el problema no está tanto en las auditoras, sino en cómo se está haciendo la comparación en los ránkings tradicionales. Señalan que la facturación no siempre es comparable entre firmas, básicamente porque no todas reportan el mismo perímetro.

Algunas operan con estructura puramente local y otras están integradas en clusters regionales: en esos casos, parte de la actividad que aparece atribuida a España puede corresponder a proyectos gestionados para varios países, mientras que otras compañías solo incluyen lo generado estrictamente aquí. "Al final no se están comparando compañías, sino distintas formas de reportar", resumen.

Misma chistera, distinto conejo

Además, el negocio ha cambiado de forma profunda. Ya no se limita a auditoría o fiscal. El mejor ejemplo es Deloitte, que hace una década era el mayor auditor del país y tuvo que rotar buena parte de su cartera de clientes tras la reforma del mercado de auditoría en la UE. Aquel punto de inflexión aceleró una transformación que hoy es evidente: bajo el liderazgo de Héctor Flórez, la firma obtiene ya la mitad de sus ingresos (596,5 millones de euros) de la vertical de Tecnología y Transformación. La estructura es la misma, pero el peso del negocio se ha desplazado. La chistera sigue sobre la mesa; lo que sale de ella hace tiempo que dejó de ser el mismo conejo.

Además, cada firma organiza sus servicios de forma diferente: unas los concentran, otras los reparten entre áreas y otras los reportan desde unidades globales. Por eso dos cifras aparentemente equivalentes pueden estar midiendo cosas distintas. Por ejemplo, EY tiene los servicios de forensic dentro de su pilar de Auditoría y Assurance, un área que suele estar dentro de legal.

Y aún hay un tercer elemento en el acto final: la imputación de ingresos. En muchos proyectos intervienen equipos internacionales; a veces se factura en un país y se ejecuta en otro, o se distribuye entre varias unidades. No existe un criterio único en el sector. Así, el número definitivo depende en gran medida del modelo interno de cada red. Las comparativas directas de facturación son útiles como referencia, pero no describen con precisión la dimensión real de cada organización. Por eso, en esta función, la clave está en descubrir desde qué ángulo se está mirando el escenario.

Foto: big-four-filtros-que-verdad-cobra-kpmg-deloitte-ey-pwc
TE PUEDE INTERESAR
Big Four sin filtros: los sueldos que de verdad se cobran en EY, KPMG, Deloitte y PwC
Alejandro Mata Gráficos: José Ramón Pérez

Pero la función no acaba ahí. El mago pide un voluntario del público… y resulta ser parte del número. En este caso, el "stooge" es la facturación intragrupo. Para entenderlo, las cuatro redes cuentan en España con sociedades cuyo objeto principal es prestar servicios internos —consultoría, asesoramiento financiero y fiscal, marketing, arrendamientos, recursos humanos o administración— al resto de filiales del propio grupo que operan en el país. Son estructuras habituales en organizaciones complejas, pensadas para centralizar funciones y optimizar costes.

El matiz es relevante. Esos ingresos no proceden de clientes externos, sino de otras sociedades del mismo holding. Y desde fuera resulta muy difícil delimitar qué parte de la cifra total corresponde realmente a negocio con terceros y cuál responde a esta facturación interna. Estamos hablando de una diferencia que según el caso, puede superar los 100 millones de euros fácilmente. Es un componente legítimo, pero añade otra capa de opacidad al intento de comparar magnitudes que, sobre el papel, deberían ser homogéneas.

¿Qué hay detrás del telón?

A estas alturas, tampoco está del todo claro qué hay realmente detrás de esta pugna. ¿Es, simplemente, una cuestión de orgullo corporativo, una hoguera de vanidades en el cielo de Madrid para colgarse la medalla del liderazgo? ¿O responde a algo más terrenal? En los pasillos del sector se desliza otra hipótesis: que encabezar los ránkings locales no solo tiene un valor simbólico, sino también económico. Algunos apuntan a que determinadas redes contemplan incentivos internos o bonus asociados a la posición en los listados nacionales, aunque pocos dudan de que aquí también hay una rivalidad sostenida en el tiempo y una obsesión por firmar el número definitivo.

Los que ven este juego desde fuera, clientes, proveedores y otros 'stakeholders' observan el resultado —una cifra, un puesto en el ranking— sin ver del todo el mecanismo que hay tras las bambalinas. Está por ver quién consigue ejecutar el gran truco y quedarse con el aplauso.

Para que un truco de magia funcione, necesita un buen juego de perspectivas. El mago decide qué vemos y cómo. En el cielo empresarial de Madrid, Deloitte, PwC, EY y KPMG libran una batalla similar en torno al relato de su facturación. Según el perímetro que se tome, las cifras crecen o se encogen, y alteran el orden del podio. No es una cuestión contable, sino de encuadre: cuando cada firma fija su propio marco, el ranking deja de ser una foto objetiva y se convierte en una ilusión cuidadosamente construida.

KPMG Deloitte Ernst & Young PricewaterhouseCoopers (PwC) PwC
El redactor recomienda