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El Salón del Automóvil de Barcelona se encamina hacia la tormenta perfecta
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El Salón del Automóvil de Barcelona se encamina hacia la tormenta perfecta

La futura edición del Salón Automobile Barcelona está rodeada de peligros: desde un sector en crisis, hasta la ausencia del gran premio de Fórmula 1 o la falta de una sede concreta

Foto: Enrique Lacalle (derecha) juntos a Salvador Illa y Jordi Hereu en el último Salón del Automóvil. (Europa Press/David Zorrakino)
Enrique Lacalle (derecha) juntos a Salvador Illa y Jordi Hereu en el último Salón del Automóvil. (Europa Press/David Zorrakino)
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El Salón del Automóvil de Barcelona, que opera bajo la marca Automobile Barcelona, se encamina hacia la tormenta perfecta en su próxima edición, la del año 2027. El certamen que preside Enrique Lacalle lleva cerca de una década sobreviviendo al límite, pero el próximo año el entorno se va volviendo más y más hostil y las circunstancias más difíciles, según reconocen fuentes del sector de la automoción en la capital catalana. Hace tiempo que su importancia económica es relativa, con una Fira de Barcelona que depende mucho más de los grandes salones como el MWC, la feria audiovisual ISE o los clásicos como Alimentaria o Construmat. Pero estamos hablando de Barcelona y su valor simbólico como capital industrial y automovilística de España.

Primer factor de la tormenta perfecta: los salones del automóvil ya no son lo que eran. Ginebra ha cerrado. París tiene problemas para llevar a todas las marcas, lo que hace una década hubiera sido impensable. Frankfurt se mudó a Múnich (la ciudad de BMW) y se hizo mucho más pequeño. Barcelona en comparación es minúscula, pero el problema es el mismo: las marcas tradicionales no logran recuperar la inversión de los costes, la electrificación ha cambiado el perfil de los asistentes y las multinacionales chinas llenan ese vacío.

Segundo factor: VW, el grupo con mayor peso en España, no participa en el salón de la capital catalana. Seat, que forma parte de este grupo y que tiene sede y fábrica en Barcelona, ya no puso estand comercial en la edición pasada, aunque sí que hizo una exposición de sus 75 años de historia. Fuentes de ANFAC y de Fira aseguran que están trabajando en el salón, pero perviven muchas dudas. Además de las marcas del gigante alemán, el año pasado ya fallaron BMW, Citroën, Mercedes, Opel y Peugeot, entre otras. De nuevo, el hueco fue ocupado por las marcas asiáticas de coches eléctricos, de las que, por cierto, van sobrados de estocs.

Tercer condicionante: será la primera vez en muchas ediciones que el salón celebra su edición sin que a su vez haya el Gran Premio de Fórmula 1 de Montmeló. Aunque la Generalitat todavía no lo ha hecho oficial, en el sector ya se sabe. Hace años que Lacalle usó la carrera de bólidos para respaldar las visitas al certamen. Barcelona era la única ciudad del mundo que hacía coincidir el GP de F1 con la muestra automovilística. Ahora esa baza se pierde.

Un recinto en obras

Cuarta coincidencia fatal: un recinto en obras. Fira de Barcelona tendrá el recinto de Montjuïc, ubicación habitual del Salón del Automóvil de Barcelona, en plena reforma. La ubicación no está clara. Una salida sería utilizar el Circuit de Montmeló, donde en ese momento no habrá carreras. Pero tampoco está claro. Otra alternativa sería el recinto de Gran Vía, que tiene como problema que es muy grande para un acto que se va jibarizando. En cualquier caso, la centralidad de estar junto a Plaza de España se pierde.

Tras más de 20 años, al Salón del Automóvil le falta un relevo para Enrique Lacalle

Quinta y última: el tiempo pasa. En 2001, Enrique Lacalle salvó el Salón del Automóvil, se convirtió en el relevo del presidente de entonces, el editor de La Vanguardia Javier Godó, convenció a las marcas de apostar y empezó a hacer reformas que permitieron al evento seguir hasta ahora. De eso hace ahora más de dos décadas. Lacalle ahora tiene 75 años. Y carece del relevo que él mismo supuso para el patriarca de los Godó.

Reflejo de un sector

La crisis del Salón del Automóvil es también la crisis de todo el sector. Seat ha conseguido algo de oxígeno evitando los aranceles sobre el Tavascan. Pero no es suficiente. La electrificación, los costes disparados y el clima de guerra comercial están dañando a la industria. La crisis de los salones replica el mal momento del sector en Europa. La economía española siempre ha tenido tres patas: inmobiliario, turismo y automoción. Ahora una de esas patas peligra, en España y en el resto de Europa.

Algunas fuentes relativizan el clima de emergencia alrededor del Salón del Automóvil de Barcelona, hasta ahora el más importante de España. Aseguran que otros años la edición ha estado tan en peligro como esta. En especial la última. Y que Lacalle siempre acaba sacando un conejo de la chistera en el último momento.

También de si la Generalitat ejerce de caballería al rescate, algo para lo que todavía es pronto. Por ahora, el conseller afectado, Miquel Sàmper, es uno de los que menos visibilidad está teniendo en el ejecutivo de Salvador Illa. Y con los trenes y las infraestructuras catalanas en general cogidas con pinzas, la prioridad política no pasa por la industria del automóvil y sus derivadas.

El Salón del Automóvil de Barcelona, que opera bajo la marca Automobile Barcelona, se encamina hacia la tormenta perfecta en su próxima edición, la del año 2027. El certamen que preside Enrique Lacalle lleva cerca de una década sobreviviendo al límite, pero el próximo año el entorno se va volviendo más y más hostil y las circunstancias más difíciles, según reconocen fuentes del sector de la automoción en la capital catalana. Hace tiempo que su importancia económica es relativa, con una Fira de Barcelona que depende mucho más de los grandes salones como el MWC, la feria audiovisual ISE o los clásicos como Alimentaria o Construmat. Pero estamos hablando de Barcelona y su valor simbólico como capital industrial y automovilística de España.

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