El éxodo de deportistas y rentas altas a Dubái atrae el interés de la banca privada... y de Hacienda
Jugadores de pádel, tenis o fútbol se han mudado a Dubái con una fiscalidad libre de impuestos sobre la renta o patrimonio, pero hay riesgos con la Agencia Tributaria
"La fiscalidad ha influido, evidentemente", aseguró el jugador de pádel Javi Garrido sobre su marcha a Dubái en la presentación de la Generali Hexagon Cup. También dijo que hay más razones, como unas instalaciones de más calidad, según explicó. Esta fiscalidad se basa en que no hay impuestos sobre la renta y el patrimonio a los expatriados, lo que atrae a rentas altas de todo el mundo. También a despachos especialistas y bancas privadas, con Santander a la cabeza. Pero el desplazamiento no está exento de riesgos con Hacienda.
En los últimos meses, varios jugadores de pádel han anunciado su mudanza a Dubái, ciudad más poblada de Emiratos Árabes Unidos, país que está apostando por estar en el circuito profesional de pádel (Premier), cuyo dueño es el fondo Qatar Sports Investments (QSI), de Nasser Al-Khelaïfi (el dueño del PSG de fútbol). No es una casualidad. Más allá del intento del país, como en el resto del Golfo Pérsico, de tener exposición al deporte profesional (el país patrocina al equipo más importante del ciclismo actual, y Dubái tiene un equipo en Euroliga), Dubái lleva años atrayendo a rentas altas de todo el mundo, incluyendo deportistas profesionales.
La eclosión del pádel ha disparado las remuneraciones de los jugadores, y son los que empiezan a ganar cada vez más, pero aún no han amasado un gran patrimonio, los que se están yendo. Jugadores del top 20, pero de segunda fila, como el brasileño Bergamini y los españoles Javi Garrido, Jon Sanz, Javi Leal y otros más abajo en el ranking como Gonzalo Rubio, Victoria Iglesias, Virginia Riera o Pablo Lijo.
En Emiratos Árabes Unidos no hay un impuesto personal a la renta, con lo que todos los ingresos son netos. Y en pádel cada vez son mayores. Se estima que algunos de estos jugadores ganaron más de 100.000 euros en 2025 solo en premios por su participación en torneos, pero a esto hay que sumar patrocinios y actividades con marcas o exhibiciones, lo que puede duplicar o triplicar la cifra final. Esto implica que se pasa de ingresos netos de entre 100.000 y 170.000 para ganancias brutas de 170.000 a 300.000 euros –según cómo se generen los ingresos por imagen–, a quedarse todo lo ganado. Otros deportistas también han seguido este camino en el pasado. En Dubái hay tenistas, golfistas y jugadores de fútbol en la etapa final de su carrera o ya retirados. Paula Badosa es otro nombre propio conocido en España.
De hecho, el 70% de la población de Dubái es extranjera. Hay multitud de deportistas cuya profesión es competir a lo largo de todo el mundo y usan su base fiscal y de entrenamiento en la ciudad, pero también ultrarricos, nómadas digitales y otros perfiles que atraen a la banca privada. Banco Santander, por ejemplo, contrató una treintena de banqueros privados en Dubái entre 2024 y 2025 para tener uno de sus principales núcleos globales de asesoramiento y gestión de grandes patrimonios en Emiratos Árabes Unidos. Otras entidades también han apostado por esta plaza, como JP Morgan, UBS, HSBC, Deutsche Bank o BNP Paribas.
Pero esto también está atrayendo la atención de Hacienda, según fiscalistas consultados. La inspección empieza a analizar cómo hacer una campaña para vigilar que no haya simulaciones en el cambio de residencia fiscal, como ya ha hecho con contribuyentes que se han mudado a Portugal o Andorra. Ya ha habido algunas comprobaciones, según explican algunos asesores fiscales. Fuentes del sector jurídico también advierten de que, aunque hay intercambio de información entre ambos países, Emiratos Árabes Unidos no se caracteriza por ser una jurisdicción colaborativa, lo que puede perjudicar al contribuyente ante el intento de Hacienda de demostrar que la residencia efectiva está en España.
El desplazamiento tiene más riesgo que en otros países porque los contribuyentes que se han mudado no están cubiertos con un convenio de doble imposición con España. Existe tal convenio, pero no aplica a los impatriados no nacionales. Allí no existe la figura de impatriado bajo un régimen especial como en otros países. A ojos de Hacienda, simplemente pasa a ser un español no residente al que se le aplica la normativa española, algo similar a lo que ocurre con los estadounidenses, que nunca dejan de tener relación con su agencia fiscal, a no ser que renuncien a la nacionalidad estadounidense.
Esto quiere decir que la Agencia Tributaria puede exigir que los desplazados tributen en España por el patrimonio que tengan en el país –si supera los umbrales mínimos–, por dividendos de inversiones, beneficios de negocios personales, etc. Un ejemplo sería si un jugador de pádel español que vive en Dubái genera ingresos por una campaña publicitaria en España. O si un escritor español que reside en Dubái vende libros en España. "El tema de los derechos de imagen, por ejemplo, sería gris en cuanto a dónde podría repercutirse la tributación si la empresa que lo contrata está en España", explica José María Leis, socio de Vialto.
No hay protección para el patrimonio o inversiones que se generen o estén en España. Por otro lado, la ausencia de convenio también embrolla el análisis de la residencia fiscal. Y hay que tener en cuenta que Hacienda puede contabilizar días de desplazamiento laboral –competiciones, por ejemplo– como estancias esporádicas que suman a los días que se pasan en España, defendiendo que es donde está el centro de intereses económicos y personales.
"El caso de Dubái es muy especial. Hay convenio, pero en el artículo 4, sobre residencia fiscal, no reconoce la posibilidad de residente fiscal a personas que viven en Emiratos Árabes Unidos sin tener nacionalidad. Hacienda no puede reclamar que se tribute por la renta generada allí si no cuestiona que la residencia esté en España, pero sí otras rentas generadas en o a través de España", insiste Leis.
Al final, Hacienda intenta buscar indicios de que la residencia fiscal está en España, si así lo considera, y no hay reglas de desempate en el convenio que ayuden al desplazado a Dubái. "Esas normas tienden a considerar la residencia en España si se pasan más de 183 días –más de la mitad del año– o si pasas menos tiempo de esa cifra, pero tu centro de intereses económicos o personales está en España. No es fácil irse a Dubái, aunque fiscalmente pueda ser muy ventajoso", advierte Javier Morera, socio de Broseta.
"Tenemos varios clientes que en los últimos años han fijado su residencia en Dubái. Sobre todo, profesionales jóvenes y ligados a actividades tecnológicas, como pueden ser creadores de contenido, e-commerce o marketing online. La baja tributación, un entorno regulatorio estable, el hecho de que es una jurisdicción segura y transparente, de que hay menor burocracia y una gran comunidad de expats hacen de Dubái un gran centro de negocios", defiende Sergi Garcés, socio de IppaiLaw.
"Ahora bien, la salida de España debe ordenarse adecuadamente. El convenio con Dubái no aplica a los ciudadanos no emiratíes. En este caso, podemos encontrarnos situaciones donde una persona que reside en Dubái más de 183 días podría mantener la residencia fiscal en España si se analizan los supuestos del art. 9 LIRPF (sobre residencia fiscal en territorio español), porque no cabe la posibilidad de aplicar las reglas de desempate de residencia fiscal del convenio", añade Garcés.
"La fiscalidad ha influido, evidentemente", aseguró el jugador de pádel Javi Garrido sobre su marcha a Dubái en la presentación de la Generali Hexagon Cup. También dijo que hay más razones, como unas instalaciones de más calidad, según explicó. Esta fiscalidad se basa en que no hay impuestos sobre la renta y el patrimonio a los expatriados, lo que atrae a rentas altas de todo el mundo. También a despachos especialistas y bancas privadas, con Santander a la cabeza. Pero el desplazamiento no está exento de riesgos con Hacienda.