García-Carrión y su apoyo a la España rural: 15 centros de elaboración que impulsan el desarrollo local
La industria agroalimentaria se ha convertido en un aliado contra la despoblación en las zonas rurales. En este escenario, la bodega mantiene alianzas con más de 40.000 agricultores y una red de infraestructuras en zonas periféricas
La industria agroalimentaria no es solo un motor económico. En 2024 aportó un 8,6% del PIB y un 11,5% de empleo de nuestro país, según el Observatorio sobre el sector agroalimentario español. También es una herramienta de cohesión social y territorial, especialmente en las zonas rurales que sufren la despoblación de sus territorios. Ese mismo informe destaca que el sector está presente en municipios que acogen el 70% de la población rural española, siendo en muchas ocasiones la única actividad industrial.
En este contexto, las grandes bodegas han pasado de ser meros centros de producción a convertirse en ejes vertebradores de la economía local. Es el caso de la empresa murcianos García Carrión. Esta bodega familiar, con más 135 años de historia y dirigida por José García Carrión, junto a su esposa Fala Corujo y su hijo Luciano, García Carrión como representante de la quinta generación, nació en Jumilla a finales del siglo XIX y es hoy una de las más importantes de su sector. Con una capacidad productiva de 1.100 millones de litros al año, entre vinos, néctares, zumos, bebidas vegetales, gazpachos o caldos; y una facturación de 1.161 millones de euros en el ejercicio 2025, está presente en más de 150 países.
A pesar de la influencia global, su modelo se nutre de lo local. La empresa mantiene acuerdos a largo plazo con más de 40.000 agricultores locales y cuenta con 15 centros de producción repartidos por la España rural, incluyendo cinco plantas y diez bodegas en las principales Denominaciones de Origen, como Rioja, Ribera del Duero, Rueda o Cava.
Estos centros actúan como polos de atracción de talento y empleo técnico “en entornos rurales con alto índice de despoblación” y contribuyen a “dinamizar las economías locales en regiones alejadas de los grandes núcleos, además de preservar la actividad agrícola”, afirman. Actualmente, la firma genera más de 1.200 empleos directos y un impacto laboral indirecto derivado de servicios auxiliares como el transporte o el mantenimiento.
Un ejemplo de este apoyo lo encontramos en Fuente Palmera (Córdoba), donde a partir de enero de 2027, García-Carrión pondrá en marcha una planta de exprimido de naranja que, según explican, "será la segunda con mayor capacidad de España, superando el millón de kilos de fruta diarios". La fábrica se ubicará en una finca de 60 hectáreas y replicará el modelo de Villanueva de los Castillejos (Huelva), basado en el control integral del cultivo y el exprimido inmediato de este cítrico.
En una primera fase, la actividad se centrará solo en el exprimido, con parón en verano, aunque la empresa prevé ampliar la producción para operar todo el año. La marca reconoce que ya se han iniciado contactos con agricultores de la Vega del Guadalquivir para impulsar contratos a largo plazo que aporten estabilidad y rentabilidad al sector. "Esta iniciativa ha sido muy bien recibida por la cooperativa, que ha expresado su 'apoyo total' y ha puesto a disposición sus instalaciones. Los asistentes señalaron el importante impacto positivo que el proyecto tendrá para el conjunto del sector agrícola de toda la comarca", apunta fuentes de García-Carrión.
La "phygitalización" de sus fábricas
La bodega murciana también pone el foco en la innovación tecnológica, a través de la automatización y la transformación digital, en lo que denominan “phygitalización” (unión de lo físico y lo digital). Por ejemplo, en el transporte utilizan visión artificial y básculas sensorizadas; y en las líneas de envasado se han implementado sistemas que monitorizan la producción en tiempo real. "Este enfoque permite optimizar procesos, reducir costes y garantizar la trazabilidad, factores clave en un mercado global altamente competitivo", apuntan.
Otras de las tecnologías están enfocadas al uso eficiente de los recursos naturales y la reducción del impacto ambiental de sus operaciones, como en la planta de Huelva con su proyecto de tratamiento y reutilización del agua; la instalación de equipos de concentración solar en Valdepeñas para generar energía térmica o el sistema de iluminación por fibra óptica en Viña Arnáiz (en Haza, Burgos).
Asimismo, impulsan iniciativas para preservar la biodiversidad y el patrimonio agrícola, como la reserva natural de 250 hectáreas en la finca onubense de Don Simón, destinadas a proteger el hábitat de la avutarda, un ave esteparia en peligro de extinción.
El 71% del consumo energético de la empresa murciana ya procede de fuentes renovables (fotovoltaica, biomasa y biogás), según datos de su última gestión ambiental. Este modelo, que denominan Sostenibilidad 360°, integra eficiencia energética, economía circular y reducción de emisiones, permitiendo mantener precios competitivos sin renunciar a la responsabilidad ambiental. Un factor importante, especialmente, en marcas de gran consumo como Don Simón.
Además, la empresa impulsa su compromiso social a través de la Fundación Juan Ignacio García-Carrión. Creada para favorecer la igualdad de oportunidades y la integración social de los trabajadores, desarrollando actividades que les permitan adquirir un nivel de autonomía y habilidades sociales.
"El modelo de García-Carrión, basado en la agricultura de proximidad, la innovación y la sostenibilidad, no solo contribuye a fijar población y modernizar el sector agroalimentario, sino que también impulsa la cohesión social, protege la biodiversidad y refuerza el vínculo entre industria y territorio. Una estrategia que crea valor compartido y asegura el futuro del campo español para las próximas generaciones", concluyen desde la empresa murciana.
La industria agroalimentaria no es solo un motor económico. En 2024 aportó un 8,6% del PIB y un 11,5% de empleo de nuestro país, según el Observatorio sobre el sector agroalimentario español. También es una herramienta de cohesión social y territorial, especialmente en las zonas rurales que sufren la despoblación de sus territorios. Ese mismo informe destaca que el sector está presente en municipios que acogen el 70% de la población rural española, siendo en muchas ocasiones la única actividad industrial.