¿Pueden las vacas ser sostenibles? Los ganaderos lo persiguen sin invertir ni un euro
Ajustar la alimentación, gestionar eficientemente el estiércol, seleccionar mejor la genética... la industria bovina predica un código de buenas prácticas para reducir las emisiones
Ejemplares de vacas en Villanueva de Córdoba. (EFE/Salas)
Si hay una actividad ganadera señalada por su contaminación, esa es la bovina. Está científicamente demostrado que las vacas emiten metano a la atmósfera durante su proceso digestivo o que cuando se crían de manera intensiva generan una cantidad de estiércol cuyos gases son difíciles de gestionar. Pero los esfuerzos por ser sostenibles llegan a todos los sectores y las explotaciones tienen a su alcance medidas para reducir sustancialmente el impacto ambiental sin apenas inversión.
Los ganaderos siempre han sido reacios a los cambios, principalmente porque siempre les han supuesto un esfuerzo económico inasumible. Es un miedo que les quita Provacuno, predicador de un código de buenas prácticas en el sector. Sin duda, la mejor forma de convencerles ha sido dar opciones que no toquen el bolsillo. "La sostenibilidad no siempre tiene un puro coste, porque en muchos casos solo requiere ajustar la manera de trabajar", explica el director de la interprofesional, Javier López.
Esta pujanza por la sostenibilidad se inició en 2019 y siete años después ya han conseguido que la gran mayoría de las 144.000 explotaciones que hay en España aplique alguna de sus recomendaciones. Incluso ya había quien lo venía haciendo de antes sin saberlo, utilizando simplemente el sentido común. Grandes de la industria o pequeñas granjas familiares, cualquiera puede ajustar la alimentación, gestionar eficientemente el estiércol o realizar una mejor selección genética de sus animales.
Durante la digestión, el estómago de la vaca realiza una fermentación que produce metano perjudicial para la atmósfera. Por lo tanto, cuanto más fácil le sea digerir el alimento, menor será ese proceso y menos gases emite. Es lo que se intenta con el manejo de su alimentación, con acciones tan sencillas como evitar los excesos de proteína —quitando principalmente la soja— o picar mucho más la paja.
También ayuda emplear subproductos de consumo humano, no solo para favorecer la digestión, también para impulsar la economía circular. Pulpa de naranja, orujo de aceituna, paja de los arrozales... "Es una pasada el potencial que tienen, porque las vacas son máquinas de reciclar, comen casi cualquier cosa que nosotros no podemos aprovechar y la convierten en carne", señala Fernando Estellés, profesor en la Escuela de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural en la Universidad Politécnica de Valencia (UPV).
El ganadero solo tiene que buscar qué subproducto está más a su alcance. Para reducir el metano que producen estos rumiantes, lo ideal es que esa nueva dieta sea lo más digestiva posible. Aunque de cualquier modo se ayuda a la circularidad, porque se reutilizan ingentes residuos humanos que hasta ahora iban a vertederos. Además, es más barato que el forraje tradicional, que incluye cereales disparados de precio tras la invasión de Ucrania.
En el País Vasco está uno de los ejemplos más claros. El centro científico y tecnológico AZTI tiene la validación técnica para alimentar a las reses con forrajes aderezados con posos de café que desechan bares, restaurantes y hoteles de la zona. Después de analizar varios parámetros, se concluyó que no hay diferencias respecto a la dieta comercial, ni en la cantidad de leche ni en la composición de la misma. Y no solo eso, ya que los ganaderos aseguraron que además aumenta el apetito de los animales.
Este manejo de la alimentación está al alcance de todos, pero los grandes de la industria además deben ocuparse de gestionar la cantidad de residuos naturales que producen sus animales. Ahí trabajan con el compostaje, un proceso que descompone las heces con hongos y bacterias para elaborar un abono más compacto y nutritivo para el suelo, reduciendo además las emisiones de efecto invernadero. "Mejora la calidad, permite transportarlo más lejos y se pierden menos gases", resume Estellés.
También es importante la gestión de los purines, que son ricos en nutrientes esenciales para el suelo, pero a su vez son una fuente importante de gases de efecto invernadero. Para esta cuestión, la recomendación es cubrir las balsas en las que se almacenan de forma impermeable para capturar el metano y mantener costras naturales para reducir la pérdida de amoníaco.
Otras opciones para buscar la sostenibilidad
Una solución más incipiente es la selección genética. Estellés explica que "hasta ahora seleccionábamos animales que crecieran más rápido, pero los científicos se han dado cuenta de que hay animales que crecen igual produciendo menos metano". Además, de nada sirve tener una raza muy productiva si se suelta en un entorno donde no funciona. El objetivo es simple: elegir a las vacas que emitan menos metano por naturaleza.
Para quien pueda invertir algo de dinero, también hay opciones, enfocadas principalmente en la digitalización. Hay explotaciones que monitorizan al ganado para saber de inmediato si un animal está enfermo y tratarlo cuanto antes. Es importante porque "una vaca improductiva está emitiendo gases y consumiendo recursos para no producir nada", como recuerda el profesor de la UPV.
Con todos estos consejos —entre otros— buscan dar soluciones para ser más sostenibles. Saben que ser neutros en carbono es una misión casi imposible, aunque desde Provacuno defienden que conviene poner en una balanza lo que emiten con lo que pueden secuestrar o los aspectos climáticos positivos de su actividad. Recuerdan, por ejemplo, que el pastoreo de las vacas es esencial para la prevención de incendios forestales, que son una fuente masiva de contaminación atmosférica.
Si hay una actividad ganadera señalada por su contaminación, esa es la bovina. Está científicamente demostrado que las vacas emiten metano a la atmósfera durante su proceso digestivo o que cuando se crían de manera intensiva generan una cantidad de estiércol cuyos gases son difíciles de gestionar. Pero los esfuerzos por ser sostenibles llegan a todos los sectores y las explotaciones tienen a su alcance medidas para reducir sustancialmente el impacto ambiental sin apenas inversión.