El adiós de César González-Bueno en el Sabadell, cuando lo personal es financiero
Cataluña pierde a uno de sus héroes económicos del momento. César González-Bueno lo deja agotado tras el esfuerzo de haber hecho descarrilar la OPA hostil del BBVA sobre el Sabadell
La élite financiera y empresarial catalana tiende hacia la gerontocracia. A veces, por las actitudes de sus protagonistas. A veces, por las circunstancias. Estas últimas han marcado la inesperada marcha de César González-Bueno como consejero delegado del Banco Sabadell. En condiciones normales, tendría que haber sido al revés. El presidente Josep Oliu (76 años) debería haber dejado el puesto y González-Bueno (66 años) tendría que haber heredado la presidencia. Pero fue al revés por razones estrictamente personales, según explican fuentes del banco. Esta vez lo personal no fue político, sino financiero.
Nada hacía sospechar en la fiesta en el Palau de Sant Jordi que el banco dio el pasado 15 de noviembre para celebrar que el BBVA hubiese fracasado en la opa que González-Bueno fuese a dejar la entidad bancaria. Los trabajadores se hacían selfies con él, era el héroe del momento. Haber hecho descarrilar la opa de un banco cinco veces mayor que el Sabadell había sido una misión imposible que, para sorpresa de muchos, se había logrado.
Pero en la trastienda, los dos años de lucha contra el banco de Carlos Torres habían producido un fuerte desgaste humano para el consejero delegado del banco. Fueron veinticuatro meses de trabajo extenuante. Y tras las fiestas de Navidad, González-Bueno hizo una reflexión personal y decidió que se iba. No a otro banco o a otro reto. U otro ING, su primera gran victoria en el mundo de las finanzas. Solo tiempo para estar con su familia.
En una primera fase, González-Bueno habló con Oliu y le comunicó sus intenciones de no renovar su mandato, que acababa este año. La cláusula de "no compite" de su contrato hace imposible que se vaya a otro banco. Pero lo dicho, las razones no son profesionales. En el banco, sin duda, hubieran preferido que siguiera.
Luego la responsabilidad se elevó al consejo para buscar una solución. Que en la práctica cayó del cielo porque en TSB, el banco británico que fue vendido como un modo de parar la opa, el consejero delegado Marc Armengol acababa mandato y quería volver a Barcelona. De alguna manera todo encajaba y los números de la que había sido la participada británica le avalaban como inesperado sucesor. En los nueve primeros meses del año 2024 había ganado un 38% más que en el ejercicio anterior.
El consejo de administración ordinario del pasado jueves se aprovechó para todo. Se aprobaron las cuentas, se oficializó la despedida de González-Bueno y se nombró a Armengol nuevo consejero delegado. Tres en uno.
Buen clima
González-Bueno deja el banco con un buen clima interno. Cuando se logró que descarrilase la opa, la acción cotizaba a 3,4 euros. Tras la retirada del BBVA, el banco se benefició de un periodo de subida generalizada de las bolsas. Esta semana, en medio de la caída del sector bancario provocada, de forma casual, por los resultados del BBVA, el título cotizaba a 3,1 euros. Es decir, el componente que la oferta tenía en el valor, más de cuatro meses después, casi no se había reflejado en el precio de las acciones, apenas un 8%.
Queda el cobro del superdividendo por la venta del TSB al Banco Santander en julio de 2025, que será de 0,5 euros por acción. Tras este pago, que se prevé para este trimestre, es previsible que la acción sufra un descenso.
El dúo González-Bueno–Oliu ha provocado paradojas curiosas. Un madrileño y un catalán se llegaron a convertir en un símbolo de un recuperado orgullo catalán. Al final, el respaldo a la independencia del Sabadell como entidad se convirtió en una cuestión nacional, en la que confluyeron la mayoría de los partidos, de los medios de comunicación en Cataluña y del conjunto de la opinión pública.
Sucesión abierta
La sede del Sabadell volvió a Cataluña. La presión social obligó a que la Fundación Bancaria La Caixa y Criteria también regresaran, gracias a la férrea oposición que presentó la entidad del Vallès. Pero no todo es política. Al final, el beneficio del banco ha caído este año un 2,8%, cerrando 2025 con 1.775 millones.
Uno de los retos de Armengol será muscular la cuenta de resultados. Y del banco en general, queda pendiente la sucesión de Oliu. González-Bueno era el heredero natural y compartía con Oliu el halo heroico que dejó la victoria sobre el BBVA. Ahora esa cuestión sigue abierta. Y hay mayor abanico de candidatos. Entre otros, el nuevo consejero, Carlos Ventura, que seguirá llevando el negocio en España. O el secretario de Estado de Economía y también consejero, David Vegara.
La élite financiera y empresarial catalana tiende hacia la gerontocracia. A veces, por las actitudes de sus protagonistas. A veces, por las circunstancias. Estas últimas han marcado la inesperada marcha de César González-Bueno como consejero delegado del Banco Sabadell. En condiciones normales, tendría que haber sido al revés. El presidente Josep Oliu (76 años) debería haber dejado el puesto y González-Bueno (66 años) tendría que haber heredado la presidencia. Pero fue al revés por razones estrictamente personales, según explican fuentes del banco. Esta vez lo personal no fue político, sino financiero.