Polvorín Renfe: una semana negra desata una lucha interna en la empresa pública
La muerte de cuatro compañeros en dos accidentes ferroviarios ha desatado la ira de los trabajadores y líderes sindicales. Acusan de mala gestión y responsabilidad en la tragedia
El presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, en la zona cero del accidente de tren ocurrido en Gelida. (Barcelona). (EFE/Quique Garcia)
Se ha abierto una brecha, difícil de cerrar, entre el presidente de Renfe y su equipo de confianza y su plantilla. La tensión acumulada durante todo 2025 se ha desbordado tras la muerte de cuatro compañeros en dos accidentes ferroviarios en menos de una semana: uno en Adamuz (Córdoba), cuya gestión posterior es duramente cuestionada, y el segundo en Gelida (Barcelona), donde se exige directamente la asunción de responsabilidades por parte de la dirección.
"Es la semana más negra de nuestra historia", explica a El Confidencial un trabajador de Renfe con más de 15 años en la empresa. "Existe una sensación de impotencia y rabia porque sentimos que todo, absolutamente todo, se podría haber gestionado mejor", añade. La pena por la tragedia del domingo se transformó en indignación tras el choque del tren de Rodalies ocurrido el martes.
Los maquinistas del servicio de cercanías catalán dejaron claro un día después al presidente, Álvaro Fernández, y al director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, que o se ponía por escrito que se podía operar con seguridad en las vías, o nadie se subiría a un tren. Sin ese compromiso, García Alemany trasladó a la Generalitat que Rodalies funcionaría con normalidad el jueves. Y los maquinistas cumplieron su promesa. Los ciudadanos que intentaron utilizar los cercanías catalanes se encontraron con que no circulaba ni un solo tren, porque no había conductores dispuestos a operarlos.
La Generalitat abrió un expediente a Renfe por este malentendido y asumió el mando de las negociaciones con los maquinistas, que finalmente volverán a operar este viernes. Cataluña se ha convertido así en el ariete de una batalla que promete replicarse en el resto de las confederaciones sindicales. Algunos trabajadores de Renfe aseguran que "los compañeros de Rodalies han iniciado 'la revolución de los chalecos amarillos', que promete extenderse por el resto de España". Una prenda que hace un claro guiño a los movimientos laborales que paralizaron Francia en 2018 y que algunos maquinistas de Rodalies exhibieron este miércoles como mensaje directo tanto a Álvaro Fernández como a Josep Enric García Alemany.
Renfe busca una paz social
Desde Renfe explican a El Confidencial que "la disposición a negociar es máxima y entendemos la situación de especial sensibilidad de los maquinistas en este momento, después de todo lo sucedido". "Las negociaciones siguen en marcha y nuestra voluntad es absoluta para que fructifiquen en un acuerdo", apuntan desde el operador ferroviario público.
El clima interno es de indignación absoluta. Los sindicatosUGT, CCOO, SEMAF (maquinistas), CGT y el Sindicato Ferroviario (SF), que representan a los 14.000 empleados de la compañía, parecen estar alineados en esta contienda y la convocatoria de la huelga general, aunque algunos más beligerantes que otros. Los mensajes compartidos por algunos trabajadores con este medio denuncian que "nunca se había llegado a este punto", con muertes de compañeros y viajeros que, según subrayan, se producen en un contexto de mala gestión.
Buena parte de las críticas se dirigen a la cúpula directiva, a la que acusan de estar formada por cargos "nombrados a dedo" y ajenos al mundo ferroviario. Como publicó El Confidencial el pasado verano, la renovación de la cúpula directiva de Renfe con perfiles vinculados a Sumar y exdirectivos del sector del autobús, muchos de ellos relacionados con etapas anteriores de Álvaro Fernández, provocó un profundo malestar en la plantilla. En paralelo, los sindicatos ya se movilizaban por los problemas para cerrar un nuevo convenio y frenar los planes de privatización de filiales como LogiRAIL, la empresa de servicios del grupo.
Un reproche en cada accidente
Los trabajadores consideran especialmente grave lo ocurrido en Rodalies el martes. Pese a haber sido advertida la dirección, no se cortaron las circulaciones en determinadas líneas, como se había hecho en otras ocasiones con condiciones climáticas similares, y posteriormente se produjo el accidente que acabó con la vida de un maquinista en prácticas. El precedente de 2018 en la línea R4 sigue muy presente en la memoria del personal. Entonces, un tren descarriló por un deslizamiento de tierras en Vacarisses, causando un fallecido y varios heridos.
Aquel suceso ya puso sobre la mesa la necesidad de extremar precauciones ante episodios meteorológicos adversos y de cortar circulaciones de forma preventiva cuando existan alertas claras. Los trabajadores insisten en que, en la situación actual, "debían saberlo y actuar con precaución", y que no hacerlo constituye una negligencia difícil de justificar. Ahora, en cambio, pese a las informaciones que advertían del impacto del temporal sobre infraestructuras sensibles como la R1, se mantuvo la circulación.
El accidente de Adamuz, donde los trabajadores eximen a la dirección de Renfe de responsabilidad directa en lo ocurrido, abre otra de las grandes heridas por su gestión posterior. Tradicionalmente, cuando Renfe afronta obras prolongadas o crisis operativas de gran impacto, los planes alternativos de transporte se refuerzan mediante ampliaciones temporales de personal, recurriendo a la contratación de empresas externas para dar cobertura adicional a LogiRAIL. Este modelo permitía absorber picos de demanda y aliviar la presión sobre las plantillas.
Sin embargo, en la actual crisis derivada del accidente de Córdoba, esa práctica parece haberse abandonado por completo. Lejos de ampliar recursos humanos, la compañía ha optado por cargar el peso del operativo sobre los mismos trabajadores de siempre, intensificando su sobreexplotación. LogiRAIL vuelve a ser utilizada como colchón interno, sin ningún refuerzo adicional de plantilla.
Según denuncian los propios trabajadores, no se ha realizado ninguna ampliación extraordinaria de personal pese a la complejidad y al volumen de trabajo añadido que implican estos planes alternativos. En el caso concreto de Villanueva de Córdoba, donde además no existe base propia de LogiRAIL, la solución adoptada ha sido trasladar a trabajadores desde Córdoba para reforzar servicios, especialmente en tareas de 'checking' y atención.
"Son los mismos de siempre", repiten los afectados, que denuncian un uso sistemático de su disponibilidad como solución barata e inmediata. Para muchos trabajadores, esta combinación de mala gestión, desprecio por el criterio técnico y ausencia de asunción de responsabilidades explica que se haya llegado a un escenario límite, que algunos ya califican sin rodeos como una gestión indigna y peligrosa tanto para los trabajadores como para los usuarios.
Se ha abierto una brecha, difícil de cerrar, entre el presidente de Renfe y su equipo de confianza y su plantilla. La tensión acumulada durante todo 2025 se ha desbordado tras la muerte de cuatro compañeros en dos accidentes ferroviarios en menos de una semana: uno en Adamuz (Córdoba), cuya gestión posterior es duramente cuestionada, y el segundo en Gelida (Barcelona), donde se exige directamente la asunción de responsabilidades por parte de la dirección.