Los maquinistas planean parones en las líneas mientras negocian la huelga
El sector anticipa posibles paros en los trenes, respaldado por las medidas de seguridad en plena psicosis por los tres accidentes en menos de una semana, hasta que comience la huelga general
Los maquinistas escrachean al presidente de Renfe. (EC)
La tensión entre los maquinistas ferroviarios ha terminado por estallar. Este miércoles, frente al presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, y al director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, un centenar de conductores arrojaron los chalecos amarillos con los que habían acudido a una reunión convocada de urgencia en Barcelona.
Los profesionales que pilotan los trenes de Cercanías se niegan a asumir más riesgos tras una semana negra en la que el ferrocarril español ha registrado tres accidentes graves en apenas tres días, con un balance provisional de 44 fallecidos.
Entre los siniestros de Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), los maquinistas han perdido a tres compañeros. El conductor del Alvia implicado en el choque de Córdoba, otro trabajador que viajaba en ese mismo tren y el joven fallecido en el tren de Gelida. El impacto emocional ha sido inmediato y transversal en un colectivo que denuncia estar trabajando “al límite” desde hace meses.
Los maquinistas han dicho basta y empiezan a organizarse. “Una cosa es la huelga y otra son acciones sindicales puntuales hasta que esta comience”, explican varias fuentes del sector a El Confidencial. La huelga formal es la convocada este miércoles por el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF), que tendrá lugar los días 9, 10 y 11 de febrero. Las acciones puntuales se traducen en un escenario de actuaciones individuales amparadas en los protocolos de seguridad.
Paradas preventivas en mitad del trayecto, retrasos en la salida de los trenes por causas vinculadas a la seguridad o comunicaciones formales de imposibilidad de prestar servicio por motivos técnicos o por la carga emocional acumulada tras los accidentes son algunas de las acciones que ahora mismo sobrevuelan entre los maquinistas tras una semana negra para su colectivo.
“Como sindicato no podemos alentar este tipo de acciones, pero entendemos que cualquier duda sobre la seguridad de la vía obliga a detener un tren”, admiten desde SEMAF a este medio. En el comunicado del anuncio de la huelga general, el sindicato reclama “implementar con urgencia diferentes medidas en la red ferroviaria que garanticen la integridad de profesionales y usuarios”.
Presión hasta la huelga
El comunicado es una formulación de reivindicaciones amplia que se concretará en medidas específicas en los próximos días, cuando comiencen las reuniones entre el comité de huelga con las empresas ferroviarias y el Ministerio de Transportes. No obstante, el parón general, tal y como se conoció ayer, no se producirá hasta dentro de algo más de dos semanas, pero el clima de conflicto ya se deja sentir en la red.
Alberto SanzAlejandro GalisteoNacho Alarcón. Bruselas
Los maquinistas, por su parte, recuerdan que la normativa les impone la obligación de parar la circulación ante la mínima sospecha de riesgo, una responsabilidad que choca de frente con la presión operativa para mantener horarios, frecuencias y niveles de puntualidad en una red cada vez más tensionada. En este sentido recuerdan que no se saldrán "de la más estricta normativa".
Los sindicatos entran ahora en fase de negociación y el Ministerio de Transportes intentará hacerles cambiar de idea. Los convocantes de la huelgan esperan una exigencia muy elevada de servicios mínimos, como sucede en otros sectores estratégicos, y que diluirán la protesta. Pero, bajo el paraguas de la seguridad tras las tragedias de esta semana, los representantes de los trabajadores saben que existe muchos recursos para interferir la operativa como vía de protesta.
Choque con el Ministerio
Puente no comparte “que la huelga general sea la mejor manera” de vehicular ese descontento y ha defendido que el diálogo todavía puede conducir a que se desconvoque. El ministro reconoce que estos días se multiplicado los avisos por parte de los maquinistas sobre el estado de la vía y que está obligados a activar los protocolos.
El pulso se ha visto aún más enconado tras la explicación ofrecida por Transportes sobre las recientes reducciones de velocidad en la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. Según ha adelantado El País, los avisos que activaron el protocolo de seguridad no responderían a un problema generalizado en la vía, sino a las comunicaciones reiteradas de un único maquinista.
De acuerdo con esos datos, del propio ministerio según el medio, ese mismo conductor habría registrado 21 de las 25 incidencias notificadas el martes, que obligaron a rebajar la velocidad a 160 km/h, y la totalidad de las 13 comunicadas durante la mañana del miércoles, que forzaron una nueva limitación.
El protocolo obliga al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) a reducir la velocidad cada vez que se reporta una posible anomalía hasta que la vía es revisada, como se hizo durante la noche tras los avisos del lunes. Pero este relato ha encendido al colectivo.
Los maquinistas rechazan de plano que se personalice el problema y recuerdan que el sistema de seguridad está diseñado precisamente para actuar aunque solo un conductor detecte una irregularidad. “Somos la última línea de defensa del tren y no queremos que se transmita la idea de que hemos sacado cualquier tren en condiciones poco seguras”, advierten.
El malestar, insisten, no es nuevo. El propio SEMAF alertó el pasado verano de vibraciones anómalas en varios tramos de alta velocidad y de Cercanías, con trenes que “botaban” a altas velocidades y sufrían un desgaste prematuro. Aquellos avisos se produjeron tanto en el eje Madrid-Barcelona como en líneas clave del sur peninsular, incluida la que atraviesa Adamuz, donde se produjo el descarrilamiento del tren de Iryo que acabó invadiendo la vía contigua.
En el colectivo apuntan, además, a que el concepto de “limitación temporal de velocidad” se ha desdibujado con el paso del tiempo. "Se llama temporal, pero en Cercanías estas limitaciones duran años”, añaden. Para los conductores, este tipo de precedentes explica por qué los avisos actuales no se perciben como episodios puntuales, sino como síntomas de un deterioro prolongado de la infraestructura.
La tensión entre los maquinistas ferroviarios ha terminado por estallar. Este miércoles, frente al presidente de Renfe, Álvaro Fernández Heredia, y al director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, un centenar de conductores arrojaron los chalecos amarillos con los que habían acudido a una reunión convocada de urgencia en Barcelona.