Vueling, Trump y el apaciguamiento de Europa por la vía de la economía
La flota de Vueling dejará de estar integrada por aviones Airbus (Europa) y apuesta por Boeing (Estados Unidos), en un momento de tensión geopolítica entre la UE y la Casa Blanca
Todo pasa muy deprisa. En Barcelona, en España y en el mundo. En Barcelona, Vueling presentó su plan estratégico: 5.000 millones, destinados en esencia a la compra de aviones para renovar su flota. Aviones Boeing. Vueling renueva su flota, deja Airbus, la compañía europea. Cambia el gran fabricante europeo de aviones por el gigante estadounidense. Suena a apaciguamiento geopolítico por la puerta de atrás. Sobre todo si es el mismo día en que EEUU se reúne con los ministros de Exteriores de Dinamarca para anexionarse Groenlandia. Que una de las principales compañías europeas apueste por Boeing apunta que haga lo que haga Europa con sus problemas con Donald Trump no será una represalia económica.
La flota de Vueling ahora es toda de Airbus: un total de 130 aparatos. Por ahora solo compra los 50 aparatos comprometidos, dos modelos diferenciados del Boeing 737. Si al final Vueling renovase toda su flota, lo que tendría lógica de mantenimiento, la cifra total sería de 10.000 millones, pero este extremo aún no ha sido confirmado por la compañía.
La decisión en realidad es de altos vuelos y la tomó en mayo del año pasado la matriz de Vueling, IAG. La planificación de una flota aérea se hace siempre a largo plazo. En su día IAG la justificó así: "Estas nuevas aeronaves permitirán a las aerolíneas de IAG crecer y reemplazar sus flotas de largo radio con aeronaves modernas y eficientes en combustible. Las aeronaves se entregarán entre 2028 y 2033". Ahora esa operación afectará de lleno a la renovación de la flota de Vueling... en el peor momento geoestratégico para los países de la UE.
Vueling es el principal operador de El Prat y un ejemplo de cómo los economistas y empresarios se equivocan cuando tienen que leer el futuro en una bola de cristal. La clase política consideró que la decisión de que Vueling fuese la línea que Iberia reservaba para el aeropuerto catalán mientras que Iberia se ubicaba en Madrid iba a sentenciar de muerte a la capital catalana. Fue lo que motivó el mítico acto del 2007 en el IESE en que el empresariado cerró filas y fue el embrión del Comité de Rutas. En la práctica, solo sirvió para demostrar cómo todos estaban errados. El aeropuerto de El Prat despegó como nunca, se convirtió en una infraestructura clave y Vueling hoy factura 3.261 millones de euros, con 400 millones de beneficio operativo, según los datos de 2024. Barcelona no desapareció del mundo, como auguraba el hotelero Joan Gaspart, sino que está en el mapa con mayor atracción que nunca.
La Seat del turismo
En otras palabras, Vueling es al turismo en Cataluña lo que Seat es a la industria: una empresa estratégica, con base en El Prat, centros de decisión en Cataluña y una capacidad inversora y tractora de recursos clave. Las empresas estratégicas toman decisiones estratégicas. Y cambiar Airbus por Boeing lo es, y mucho, en un momento como este.
Vueling no es un caso aislado. El grueso del Ibex-35 está jugando a una política de apaciguamiento con unos EEUU que han virado en su política económica –aranceles– en política exterior y en su relación con Europa de una manera radical. Independientemente de lo que haga el Gobierno en cada momento, es como si las empresas españolas estuviesen compensando a la Casa Blanca de la forma más discreta posible. Apaciguamiento silencioso.
Es como si las empresas españolas compensasen a Estados Unidos por la puerta de atrás
El propio responsable de la cartera de Exteriores, José Manuel Albares, prefirió templar gaitas y proponer una apuesta por el multilateralismo, no buscar el choque directo con EEUU por muy real que sea la amenaza sobre Groenlandia, al contrario de lo que jugó Pedro Sánchez en su día. Ahora, España está más con el papel asumido por la tibieza de Ursula von der Leyen que por la firmeza por la que ha optado Emmanuel Macron.
En las dos orillas
Muchas empresas del Ibex están en las dos orillas. Algunas por sus inversiones, como es el caso de Iberdrola. Otras porque en la práctica son medio estadounidenses, como les ocurre a las catalanas, Fluidra o Grifols.
Por suerte para las empresas, la política tiene todavía una idea muy difusa de Europa, pese a su importancia económica. Las mismas fuerzas que han estado batallando, por ejemplo, contra la ampliación de El Prat, y que están en contra de la actual política de expansionismo salvaje de EEUU –ERC, CUP, Comunes– han pasado por alto la apuesta por Boeing de una empresa estratégica como Vueling.
Si la tensión política en el mundo sigue creciendo, en unos meses veremos a los Estados europeos pidiendo a sus ciudadanos que consuman en clave estratégica, algo que solo tendrá un valor simbólico en el caso de que EEUU acabe anexionándose Groenlandia por las bravas. Como siempre pasa en la vida habrá una doble contabilidad: una para los ciudadanos de a pie y otra para las empresas del Ibex.
Todo pasa muy deprisa. En Barcelona, en España y en el mundo. En Barcelona, Vueling presentó su plan estratégico: 5.000 millones, destinados en esencia a la compra de aviones para renovar su flota. Aviones Boeing. Vueling renueva su flota, deja Airbus, la compañía europea. Cambia el gran fabricante europeo de aviones por el gigante estadounidense. Suena a apaciguamiento geopolítico por la puerta de atrás. Sobre todo si es el mismo día en que EEUU se reúne con los ministros de Exteriores de Dinamarca para anexionarse Groenlandia. Que una de las principales compañías europeas apueste por Boeing apunta que haga lo que haga Europa con sus problemas con Donald Trump no será una represalia económica.