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Repsol y Moeve mueven ficha en la conquista energética de su 'Groenlandia portuguesa'
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Repsol y Moeve mueven ficha en la conquista energética de su 'Groenlandia portuguesa'

Las dos grandes petroleras han arrancado el año con un objetivo en común. Una pequeña localidad de 15.000 habitantes se ha convertido en un punto crítico para sus planes

Foto: Refinería de Galp en Sines. (Reuters)
Refinería de Galp en Sines. (Reuters)
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Las grandes petroleras españolas viven un momento clave para su futuro. Buscan avanzar en la descarbonización sin perder de vista un negocio tradicional que sigue alimentando la cuenta de resultados. Por ello, las casualidades no existen y, como recuerda el refranero, aquí nadie da puntada sin hilo. Repsol y Moeve han puesto, al mismo tiempo y en este arranque de 2026, el foco en una pequeña ciudad portuguesa de menos de 15.000 habitantes, un enclave que marca su disputa por liderar el negocio energético en la Península Ibérica.

Esa ciudad es Sines, la 'Groenlandia portuguesa' para Repsol y Moeve. Porque, al igual que sucede con el interés de Donald Trump por la isla danesa, este enclave concentra recursos estratégicos y aporta seguridad a largo plazo para el negocio energético. Antonio Brufau, presidente de Repsol, visitó este jueves su planta química en la ciudad acompañado por el ministro de Economía de Portugal. A menos de diez kilómetros de esa visita se encuentra la única refinería del país, un activo que actualmente gestiona la portuguesa Galp. Sin embargo, si prosperan las negociaciones anunciadas hace una semana, la propiedad pasará a manos de Maarten Wetselaar, consejero delegado de Moeve.

Sines marca el futuro de la batalla del refino en la Península Ibérica. Un negocio en el que la compañía que preside Brufau gana, de momento, por goleada, con cinco refinerías repartidas entre A Coruña, Bilbao, Tarragona, Puertollano y Cartagena. Wetselaar, por su parte, domina el sur peninsular con los complejos industriales de Huelva y San Roque (Cádiz). El cambio de manos en Sines amenazaría el dominio territorial de Repsol, que actualmente refina cerca de un millón de barriles diarios, frente a menos de medio millón en el caso de Moeve.

La visita del presidente de Repsol a Sines se ha interpretado como un movimiento para marcar territorio. Sobre todo, porque se produjo junto a la plana mayor del Gobierno portugués. El propio ministro de Economía declaró en esa visita que estará "muy atento" a las negociaciones entre Galp y Moeve, al estar en juego "activos estratégicos" del país. En este sentido, el Estado portugués tendrá mucho que decir sobre el futuro del proceso, ya que posee un 8,2% de Galp a través de la sociedad pública Parpública.

Foto: moeve-galp-fusion-negocios-gigante-petrolero

Este asunto estuvo sobre la mesa el pasado jueves durante el encuentro entre Antonio Brufau y el ministro portugués de Economía y Cohesión Territorial, Manuel Castro Almeida. Fuentes conocedoras del encuentro subrayan que un evento de este calibre no se organiza de una semana para otra y que existe una "simple coincidencia" entre la visita y el anuncio de Moeve.

El objetivo, además de mostrar los avances de la ampliación de 657 millones de euros del complejo de Sines, era reafirmar el papel de Repsol en la industria portuguesa, donde figura entre las diez mayores empresas por facturación y como uno de los principales exportadores del país, con presencia en más de 60 mercados.

Sines es 'caza mayor'

Pocos dudan de que Sines es la pieza de 'caza mayor' en el acuerdo entre Moeve y Galp. El complejo portugués tiene ya sobre la mesa proyectos de hidrógeno verde, con una capacidad prevista de 100 megavatios, y en biocombustibles, con una planta diseñada para producir hasta 250.000 toneladas anuales. Iniciativas que encajan con los desarrollos que Moeve impulsa en sus otros dos grandes complejos industriales. A cambio, Galp se convertiría en dueño del 20% de la capacidad de refino en España, mientras los accionistas de Moeve (Mubadala y Carlyle) controlarán el 80% de esta red industrial.

Su acuerdo pretende integrar los parques energéticos de Huelva y San Roque con el de Sines, creando una plataforma industrial transfronteriza con masa crítica suficiente para competir a escala europea. Los tres enclaves comparten las mismas ventajas estructurales: acceso a electricidad renovable más barata que en el centro y norte del continente, refinerías de primer nivel y una salida directa al mar que facilita tanto la importación de materias primas como la exportación de productos de alto valor añadido.

El resultado sería un polo energético con una capacidad combinada de procesamiento de crudo cercana a los 700.000 barriles diarios entre los tres complejos. Una integración que vigilan de cerca Repsol, los reguladores nacionales de competencia y, especialmente, el equipo de la Comisión Europea que dirige Teresa Ribera.

Las grandes petroleras españolas viven un momento clave para su futuro. Buscan avanzar en la descarbonización sin perder de vista un negocio tradicional que sigue alimentando la cuenta de resultados. Por ello, las casualidades no existen y, como recuerda el refranero, aquí nadie da puntada sin hilo. Repsol y Moeve han puesto, al mismo tiempo y en este arranque de 2026, el foco en una pequeña ciudad portuguesa de menos de 15.000 habitantes, un enclave que marca su disputa por liderar el negocio energético en la Península Ibérica.

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