'Make Repsol Great Again': el viaje de Josu Jon Imaz a Washington para lidiar con Trump
La presencia de la petrolera junto a otros 17 directivos del sector en la Casa Blanca busca, por fin, recuperar la deuda pendiente y ser un actor relevante en el nuevo plan para el país
Tras días de ruido y años de negociación, Josu Jon Imaz hizo las maletas el pasado jueves rumbo a Washington para abordar el papel de Repsol en la nueva etapa venezolana. El directivo tenía una silla reservada entre los grandes petroleros estadounidenses para afrontar un asunto que ha sido un auténtico dolor de cabeza durante sus 12 años como consejero delegado. Un viaje, por tanto, en el que tenía más que ganar que perder.
Imaz acudía este viernes a la Casa Blanca junto a su director general de Exploración y Producción (E&P), Francisco Egea, y miembros de su equipo en EEUU. Una comitiva para evidenciar su expertise en el sector, subrayar que Repsol es en parte también una compañía estadounidense y poner sobre la mesa una hoja de servicios de más de 32 años en territorio venezolano.
Aunque allí, más que a proponer, todos los directivos fueron a escuchar. Donald Trump detalló a los principales ejecutivos del sector petrolero las vías para invertir en Venezuela y colaborar en el impulso de su producción de crudo, durante una reunión de alto nivel en la que participaron el secretario de Energía, Chris Wright; el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Interior, Doug Burgum; y representantes de 17 grandes compañías del sector.
Tras ello, cada directivo agradeció la invitación y ofreció su carta de servicios. Josu Jon Imaz no desaprovechó la oportunidad. "En los últimos 15 años, (Repsol) ha invertido 21.000 millones de dólares en la industria petrolera y gasífera estadounidense, en Pensilvania, en el Golfo de América, en Texas y en Alaska, con el descubrimiento de Pikka, que tendrá su primera producción este trimestre y que va a cambiar, va a revertir la historia de declive de ese gran estado que es Alaska", destacó el directivo vasco en el arranque de su discurso a Trump. Unas palabras que querían dejar claro que Repsol también apuesta por el 'America First'.
El discurso de Repsol destacó junto con ConocoPhillips, Exxon, Chevron, y las grandes comercializadoras Vitol y Trafigura. Como informó El Confidencial, sobre la mesa, la Casa Blanca tiene un plan articulado en tres fases: primero, liberar el crudo almacenado y hacerlo llegar a refinerías de Texas y Luisiana, en el denominado ‘Golfo de América’; segundo, acometer labores de mantenimiento y puesta a punto de los pozos ya explorados; y, por último, desplegar un ambicioso plan de inversión que podría alcanzar los 100.000 millones de dólares para devolver la producción venezolana a los niveles de principios de los años 2000.
En los tres frentes, Repsol puede ofrecer valor. Su equipo de trading cuenta con experiencia en sacar barriles de Venezuela hacia refinerías capaces de tratar este crudo especialmente espeso, como la de Cartagena (España). En el segundo frente, la petrolera española mantiene cinco pozos activos junto a la estatal PDVSA y es una de las pocas compañías con acceso a las reservas de crudo pesado del proyecto Carabobo, en la Faja del Orinoco. Un área que, según el US Geological Survey, albergaba hace una década unos 513.000 millones de barriles de crudo pesado, frente a los cerca de 200 millones de barriles que produce Repsol al año.
Un plan para el que Imaz ha querido dejar claro que quiere y puede elevar su producción. "Estamos listos para invertir más en Venezuela. Hoy producimos 45.000 barriles diarios brutos de petróleo y estamos preparados para multiplicar esta cifra por tres en los próximos 2 o 3 años, invirtiendo fuertemente en el país, siguiendo su recomendación, si nos lo permite, por supuesto, y dentro del marco comercial y legal que lo permita", ha apuntado el consejero delegado de Repsol.
Más gas para levantar su sistema eléctrico
El otro elemento que ha encajado a Imaz en el tablero del make Repsol great again en Venezuela son las necesidades de gas para la generación eléctrica. Sin una red eléctrica estable, Trump y la industria petrolera consideran inviable levantar un negocio de esta magnitud. Los hombres de la Casa Blanca trasladaron a las 17 empresas que la red eléctrica venezolana está deteriorada y es extremadamente frágil para recuperar esta industria; por lo tanto, necesitan inversión y operadores que la impulsen.
"Trabajaremos para mejorar la red eléctrica, lo cual es esencial para aumentar la producción petrolera, las oportunidades económicas y la calidad de vida diaria del pueblo venezolano", ha señalado desde la Casa Blanca. Una tarea en la que la compañía española, junto con la italiana Eni, resulta clave.
La operación de Repsol en Venezuela se concentra actualmente en la producción de gas del proyecto Cardón IV, operado al 50 % con Eni. Este gas se destina exclusivamente al consumo interno y abastece a las plantas venezolanas de generación eléctrica. Sin Cardón IV, sería imposible sostener la producción eléctrica ante el deterioro del resto de activos energéticos del país, con la población como primera damnificada en forma de apagones recurrentes.
Es una función que Josu Jon Imaz lleva meses explicando al equipo de Chris Wright y que ahora cobra aún más relevancia. Para Repsol, este nuevo escenario mejora su posición para recuperar los cerca de 1.000 millones de euros que Venezuela le adeuda, rescatar activos en el país valorados en unos 330 millones y aprovechar, por fin, las oportunidades de negocio que puede ofrecer un territorio que siempre ha sido un quebradero de cabeza.
No obstante, la invitación personal de la Casa Blanca al consejero delegado refuerza la idea de que la petrolera española es una pieza clave en los planes de la Administración estadounidense tras su intervención militar en el país.
Tras días de ruido y años de negociación, Josu Jon Imaz hizo las maletas el pasado jueves rumbo a Washington para abordar el papel de Repsol en la nueva etapa venezolana. El directivo tenía una silla reservada entre los grandes petroleros estadounidenses para afrontar un asunto que ha sido un auténtico dolor de cabeza durante sus 12 años como consejero delegado. Un viaje, por tanto, en el que tenía más que ganar que perder.