La banca anticipa una ola de vencimientos ICO y ve alertas en más del 10% del crédito
En 2026 habrá una cantidad importante de vencimientos de créditos que se dieron en 2026 con avales del ICO, y en 2028 finalizará el grueso de los contratos
Manuel Illueca, presidente del ICO. (Europa Press/Diego Radamés)
Los bancos ya están trabajando en anticiparse a los vencimientos de los préstamos ICO que se concedieron, principalmente, entre 2020 y 2021 por el covid, aunque después ha habido otras líneas por el shock inflacionario de la guerra de Ucrania, los efectos de la dana o los aranceles de Trump, que han tenido menor volumen y están más localizadas.
La cartera viva de préstamos con aval del ICO se situó en julio, según el último dato publicado por el Banco de España, en 29.000 millones de euros. Los activos dudosos estaban en el 20,5%, y el crédito en vigilancia especial, en el 27,8%.
Estas clasificaciones están obligadas por la normativa contable. Además, las ratios de morosidad o de vigilancia están condicionadas por la amortización del grueso del crédito, que actúa como numerador. El saldo vivo se redujo en un año en un 35,8%. La mitad de los créditos dudosos de la banca a empresas tiene garantía ICO.
Sin embargo, los bancos saben que pueden tener muchos problemas con clientes. Aunque el crédito está avalado en un 70% por el ICO en grandes empresas, y del 80% en pymes, las entidades deben decidir si renuevan estos créditos con financiación propia sin aval público o si rechazan refinanciar, llevando a muchas empresas a concurso.
Los bancos ya están preparándose para una oleada de vencimientos en 2026, dado que el periodo máximo para amortizar estos préstamos era de seis años de partida. Aunque había extensiones posibles hasta 2028. Así, las entidades esperan un aluvión importante de vencimientos el año que viene, que se prolongará durante los dos años siguientes. Las entidades están examinando la solvencia y el plan de negocio de los clientes para adelantar decisiones en torno a potenciales refinanciaciones o cancelaciones de la línea de financiación. También están examinando la posibilidad de reestructuraciones de deuda o concursos.
"Muchos créditos ya vencieron, porque eran a tres años, y hemos ido reconvirtiéndolos en préstamos sin aval. Pero queda entre un 10% y un 15% de la cartera, y con esos créditos tendremos que hacer conversiones y buscar alternativas a la renovación de las garantías ICO. No está siendo algo dramático porque la morosidad es del 4%, y los préstamos que nos preocupan suponen entre el 10% y el 12% del saldo vivo", explicó este jueves Teresa Fernández, directora de banca de empresas de Ibercaja, en una rueda de prensa en la que destacó el crecimiento del banco en el segmento de empresas, del 7,4% interanual, hasta los 14.000 millones.
Otros bancos, según fuentes financieras, tienen porcentajes mayores de ICO, tanto en el saldo vivo como en la cartera que preocupa. "La cifra preocupa porque se trata de financiación destinada al circulante de empresas que podrían estar asfixiadas en su viabilidad a corto plazo. Si se considera que el ICO concedió más de 92.000 millones de euros en avales para préstamos bancarios, llama la atención que cerca del 10% se encuentre en Stage III, es decir, en situación de crédito moroso", recuerda José Antonio García-Argudo, socio de Auren.
Más reestructuraciones
Cuando hay casos preocupantes, que son algunos de los que quedan encima de la mesa, "la recomendación sería hacer un análisis serio de la situación de la empresa afectada. Si esta empresa fuera solvente, la solución debería ser calendarizar la deuda (ya sin garantía ICO) de forma que fuera sostenible. En otro caso, se debería ir a un análisis de las perspectivas de recobro teniendo en cuenta la garantía del ICO y, en su caso, valorar una reestructuración de la deuda para hacerla sostenible", comenta Luis Fernández, socio de KPMG Abogados.
En efecto, está habiendo "una aceleración en los procesos de reestructuración a medida que se acercan los vencimientos de los préstamos públicos concedidos durante la pandemia", indica Sergio Masip, socio de EY-Parthenon. Sin embargo, prosigue, "las limitaciones normativas que impiden extender los plazos más allá de 2028 siguen dificultando el cierre de acuerdos en operaciones que requieren horizontes temporales más amplios".
De hecho, desde hace tiempo se está optando en la banca por sacar adelante reestructuraciones consensuadas como planes presentados como no consensuales. Es decir, hay consenso entre los acreedores, pero como el crédito ICO tiene mucho peso y no hay respuesta de la Agencia Tributaria, se opta por la vía no consensual del arrastre, arguye Manuel Mingot, socio de Ontier, siempre que la reestructuración conlleve quitas, carencias importantes o irse más allá del marco temporal previsto.
"Reestructurar con el ICO en el pasivo financiero no es un impedimento, pero sí dificulta la reestructuración"
"Esta situación dificulta la reestructuración porque las entidades financieras pueden tener en la misma clase créditos financieros ordinarios que votan a favor y créditos financieros derivados de préstamos ICO Covid-19 que votan en contra, lo que en definitiva provoca que en muchos casos la clase ordinaria vota en contra del plan (por la mayoría de préstamos ICO), generando situaciones de plan de reestructuración no consensual en los que ya resulta preceptivo el nombramiento de experto en reestructuración y es necesario que el plan de reestructuración sea homologado judicialmente para arrastrar al ICO. Reestructurar con el ICO en el pasivo financiero no es un impedimento, pero sí dificulta la reestructuración", indica Luis Fernández.
También hay casos de empresas que están clasificadas como solventes (performing) por parte de los bancos que "pasan directamente a concurso, sin pasar por refinanciación, lo cual está sorprendiendo bastante a los bancos por el rápido deterioro. Suele pasar con compañías con bajo apalancamiento de deuda a largo plazo, y mucha exposición de deuda de circulante, viviendo situaciones en las que el circulante se desmorona de manera muy acelerada y descontrolada", avisa Jordi Castiñeira, managing director en Interpath.
La Agencia Tributaria es la encargada de velar por los avales que concedió el ICO, y no está permitiendo modificaciones de los contratos que impliquen quita o ir a vencimientos más allá de 2028. "Supone un hándicap importante, especialmente en empresas con una elevada exposición a préstamos y circulante con aval ICO frente a la financiación no avalada, ya que estos instrumentos no pueden arrastrarse dentro de un plan de reestructuración", añade Castiñeira.
Cuando sí es posible el arrastre, se usa esta vía. Por eso aumentan las reestructuraciones de deuda, porque es la única forma de modificar los ICO de forma relevante, y los bancos lo saben y están entrando en este juego. Las reestructuraciones pactadas en los últimos días por entidades con Liwe (Inside) o Puerto de Indias son dos ejemplos de ello. "La patología de la insolvencia en los préstamos avalados por el ICO tiene su raíz en su falta de flexibilidad. Estos créditos nacieron con una finalidad temporal: dar oxígeno durante la crisis del covid y la guerra de Ucrania. Una vez superadas esas circunstancias, deben cancelarse o, de lo contrario, podrían convertirse en ayudas de Estado. El reto ahora es afrontar reestructuraciones judiciales o refinanciaciones contractuales con un plan de viabilidad sólido.
Mantener empresas sin ebitda (beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones) positivo, o sin posibilidad real de alcanzarlo, sería hacerse trampas al solitario, y el ICO tampoco debería caer en esa práctica. Además, se necesita un mercado financiero más dinámico para la financiación interina, que permita a las compañías sobrevivir durante los tres a seis meses que dura la negociación, evitando su cierre por falta de liquidez", sentencia José Antonio García-Argudo, de Auren.
Los bancos ya están trabajando en anticiparse a los vencimientos de los préstamos ICO que se concedieron, principalmente, entre 2020 y 2021 por el covid, aunque después ha habido otras líneas por el shock inflacionario de la guerra de Ucrania, los efectos de la dana o los aranceles de Trump, que han tenido menor volumen y están más localizadas.