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¿Hay 'cucarachas' en la banca española? Los fiascos empresariales que cierran el grifo del crédito
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GRANDES IMPAGOS

¿Hay 'cucarachas' en la banca española? Los fiascos empresariales que cierran el grifo del crédito

En Estados Unidos ha habido alertas de grandes impagos, metafóricamente 'cucarachas' para JP Morgan, que en Europa se quiere evitar, a costa de perder oportunidades que aprovechan los fondos

Foto: Vista de la sede de Duro Felguera en el Parque Tecnológico de Cabueñes. (EFE)
Vista de la sede de Duro Felguera en el Parque Tecnológico de Cabueñes. (EFE)
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"Cuando ves una cucaracha, probablemente haya más". El aviso de Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, sobre impagos de grandes préstamos corporativos ha retumbado a uno y otro lado del Atlántico. En Estados Unidos ya ha habido varios casos preocupantes, como First Brands, que ha pillado de rebote a Banco Santander.

Dimon es uno de los banqueros más escuchados del planeta. Puede que el que más. Y se refirió a esto en una presentación con analistas tras el impago de Tricolor, que le hizo a JP Morgan un roto de 170 millones. El ejecutivo dijo que su banco, como todos, se pone alerta ante situaciones como esta por si pueden venir más, especialmente si la economía flaquea, algo que ocurre en los últimos trimestres en Estados Unidos y en varias de las grandes economías europeas.

La crisis de 2008 a 2012 modificó el esquema de riesgos en Europa, y las sangrías por morosidad para la banca son menos numerosas y de menor envergadura. Y más aun ocurre en España, aunque haya ejemplos en industria o en renovables. Los bancos prefieren cerrar el grifo allá donde perciben que hay posibilidad de futuros problemas, aunque pierdan negocio y dejen oportunidades a los fondos alternativos y al auge del crédito privado. Según Preqin, filial de BlackRock, se espera que el crédito privado (ni bancario ni bonos) pase en Europa de 450.000 millones de euros a finales de 2025 a 800.000 millones al terminar 2030. España será uno de los protagonistas de esta evolución.

Los primeros fondos de deuda llegaron desde el extranjero a España tras la crisis de 2008, aprovechando oportunidades por descuentos, y se asentaron como un nuevo activo. Primero, financiando situaciones complejas (distressed) en las que los bancos se echaban a un lado. Después, aprovechando las compras del capital riesgo para financiar estas operaciones. Y, en última instancia, explotando la mayor flexibilidad respecto a la banca y la necesidad de diversificar fuentes de financiación de las empresas más allá de bancos y bonos, especialmente empresas medianas que tienen difícil acudir al mercado de capitales. Aunque los fondos suelen prestar a tipos más elevados que los bancos, tienen capacidad para ser más ágiles en plazos y en otorgar financiaciones a medida.

Foto: sospechos-habituales-fondos-ladrillo-crisis-renovables

Aun así, quienes han levantado fondos en España de deuda privada saben lo difícil que es captar dinero de family offices, bancas privadas o inversores institucionales. De hecho, ha resultado ser más sencillo tener mandatos o acuerdos con grandes inversores extranjeros, como Incus, que lidera el mercado español al gestionar más de 2.000 millones de deuda. Oquendo es otro gran protagonista del mercado de deuda privada, con 1.200 millones, normalmente financiando a empresas controladas por fondos de capital riesgo. Ya ha tenido un par de sustos, como Mr Wonderful o Discefa, en las que ha pasado a ser accionista por capitalizar deuda. Tresmares, por su parte, impulsada y después adquirida por Banco Santander, aspira a compromisos de inversión de 8.000 millones en los próximos cinco años.

Con una dimensión menor también han explotado este nicho Arcano, Alantra o Beka. También hay fondos independientes como Terram Capital, que nació en 2023 con un equipo gestor que llevaba en el mercado desde 2016, previo paso por Amento Capital, y que levantó 110 millones con su primer fondo, y ahora está desinvirtiendo y preparando un nuevo vehículo.

Vuelta de tuerca de la banca

La deuda privada tiene ahora la oportunidad de acelerar su crecimiento, porque la banca sigue reorientando su estrategia comercial y empieza a vetar nuevos sectores o perfiles de empresas tras los últimos grandes impagos. La economía española es la que más crece en Europa, el consumo aguanta y los bancos están más capitalizados que nunca, con perspectivas positivas de crecimiento y rentabilidad. No quieren potenciales problemas que embarren sus planes estratégicos o que obliguen a provisiones sorpresa que pongan en riesgo sus promesas de dividendos récord.

El marco concursal que se aprobó en septiembre de 2023 para facilitar reestructuraciones de deuda, evitando bloqueos de accionistas o acreedores, apenas se ha usado en grandes compañías. Los mayores volúmenes se han visto en Celsa, Naviera Armas, Codere o Telepizza. Pero cada vez se usa más en el mid market, lo que muestra que hay muchas empresas que necesitan reducir su deuda para garantizar su viabilidad, y los bancos quieren evitar verse pillados en estos procesos.

“Un colega nuestro al otro lado del Atlántico habló de cucarachas. Nosotros no hemos visto cucarachas cruzando el Atlántico y desde luego no en España. Seguimos teniendo una visión muy positiva de la evolución de la morosidad, que tiene que ver con el buen momento macroeconómico. La morosidad nos sigue cayendo, tanto los saldos en balance como la morosidad temprana y todos los indicadores de lo que puede venir en los próximos meses y trimestres. Las cifras son muy buenas”, señaló este miércoles Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, en el Foro de la Nueva Economía. "No es de prever un deterioro de los niveles de morosidad. Podrá haber pequeños cambios, pero en este momento, si no hay un cambio brusco de la situación económica, esperamos que la morosidad siga muy contenida y a la baja", añadió.

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En efecto, la morosidad de la banca está en mínimos desde antes del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, por debajo del 3%. Pero eso no evita que haya préstamos corporativos que hagan rotos que duelen internamente a los bancos, porque obligan a dotar provisiones que van contra los resultados. Hay impagos de decenas de millones de euros. Y en un momento de crecimiento económico, presión regulatoria y repunte de la demanda del crédito de las familias –en hipotecas y consumo–, no quieren sustos de empresas medianas apalancadas o en sectores que pasan por momentos difíciles. Por ello, lidian con los créditos en problemas y evitan nuevas situaciones similares, aunque paguen justos por pecadores, y pierdan oportunidades de negocio.

La propia CaixaBank tiene algunos créditos corporativos en empresas en preconcurso con los que tiene que decidir qué hacer, como Liwe Española (marca de ropa Inside), donde se juega 26 millones. El banco catalán ha sido beligerante en varios procesos, como el de Mr Wonderful, donde se opuso a una quita de hasta el 66,75% de la deuda pactada por la empresa, su accionista mayoritario, Oquendo, y los bancos Santander y Deutsche Bank. La Audiencia Provincial acabó dando la razón a CaixaBank, que impugnó, dejando a la empresa al borde de la quiebra. También en la industrial Grupo Serhs, donde se jugaba 20 millones.

La postura del banco catalán no siempre es negativa ante estos procesos de reestructuración. En Soltec lideró a la banca, junto a Banco Santander, para sacar una reestructuración con quitas importantes para las entidades. CaixaBank era el banco que más se jugaba, con 55 millones, y ha aceptado seguir poniendo riesgo en la empresa en forma de avales para asegurar su viabilidad.

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Soltec ha sido uno de los casos que más daño ha hecho a la banca. Primero, por cómo ocurrió. La banca había dado oxígeno en forma de avales a Soltec antes del verano de 2024, y hacía falta unanimidad para dar una prórroga en septiembre. Bankinter se desmarcó y obligó a la compañía a solicitar el preconcurso e iniciar negociaciones que duraron casi un año tras varias prórrogas. No solo era un riesgo por la cuantía, con más de 250 millones en juego, sino que era una alerta máxima en el sector de las renovables, por el que los bancos habían aportado durante años para financiar con importantes rentabilidades y, en paralelo, apostar por grandes objetivos de financiación sostenible. Ya había indicios de dificultades de solvencia en el sector de las renovables, pero Soltec confirmó que se venían problemas.

Después de Soltec han seguido otros nombres propios con Capital Energy, donde ha habido refinanciación de fondos y ventas de activos, o la reestructuración de ID Energy. Los bancos, de repente, han cerrado el grifo, prácticamente, a las renovables. Especialmente en solar, siempre y cuando no sean proyectos muy maduros (ready to build), o si se aporta mucho capital. Así, fondos de deuda como Incus, Beka, Ben Oldman, Everwood, Apollo o Cerberus están rastreando oportunidades. En algunos casos, para comprar deuda con descuento o financiar a doble dígito en situaciones complejas (distressed), como ya hicieron algunos de estos protagonistas en la crisis inmobiliaria. Otros, financiando proyectos que durante años han pasado el filtro de los bancos, y ahora ya no.

Soltec y las renovables no son los únicos quebraderos de cabeza de la banca. Hay viejos conocidos que vuelven a quitar el sueño a los ejecutivos de situaciones especiales de los bancos, como Duro Felguera, que ha sacado in extremis un plan de reestructuración que implica quitas. Aunque el mayor daño potencial está en Argelia por la ejecución de avales de 55 millones, con Sabadell y Santander como los más afectados. "No es una situación fácil", reconoció César González-Bueno, consejero delegado del Sabadell, en la presentación de resultados del 13 de noviembre.

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El sector industrial, en general, inquieta a la banca. Sufrió primero por la inflación de costes, tanto energéticos como de salarios, y ahora el nuevo esquema global de aranceles impulsado por Trump es un desafío. La gallega Losán ya hizo un roto el año pasado, y todo apunta a que habrá uno nuevo desde Asturias con Imasa, que va por la tercera prórroga en su preconcurso para reestructurar deuda.

Dentro de la parte industrial, la parte de autos preocupa especialmente. Santander llegó a sondear el mercado para vender la deuda de Antolín en 2024, aunque desechó la idea. El banco cántabro es el único que se ha animado a ventas de carteras con unos pocos préstamos corporativos de cierto tamaño (single names) que están al corriente pero en los que podría haber problemas. JP Morgan o Bank of America han comprado algunos de estos portafolios, en los que han predominado grandes hoteles. El resto de los bancos no se atreve por el daño comercial y reputacional ante la reacción que suelen tener los titulares de estos préstamos.

También otros sectores como el del pescado congelado, el del vino o el del aceite –este ya recuperado–, han preocupado a los bancos, aunque sin grandes nombres propios que generen, de una vez, un agujero relevante en las cuentas.

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Esta versión españolizada de las cucarachas de las que advirtió Dimon ha contribuido al giro de la estrategia de crédito de la banca con su balance, muy focalizada ahora en empresas solventes en sectores que no están bajo sospecha, e hipotecas y créditos al consumo para los hogares. Por ello, ha surgido una oportunidad cada vez más latente para fondos de deuda alternativa, que están ganando espacio en España.

Pero que los bancos no financien algunas situaciones con su balance no quiere decir que obvien esta realidad. El propio Santander no ha querido perderse la dinámica de crecimiento del crédito privado y ha acabado comprando el fondo Tresmares, por el que había apostado. Otros bancos también están analizando tener presencia, con acuerdos externos o el lanzamiento de vehículos, presencia en la deuda privada. Unicaja ha sido pionero al firmar un acuerdo con Zenon. Los bancos saben que están dejando hueco a la deuda alternativa, y no quieren perderse del todo este auge.

"Cuando ves una cucaracha, probablemente haya más". El aviso de Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, sobre impagos de grandes préstamos corporativos ha retumbado a uno y otro lado del Atlántico. En Estados Unidos ya ha habido varios casos preocupantes, como First Brands, que ha pillado de rebote a Banco Santander.

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