Las Big Four se preparan para el segundo asalto de los fondos
En varias cúpulas de estas firmas se ha dado la instrucción de identificar al detalle qué fondos están comprando firmas de servicios profesionales, pues temen ser los siguientes
En el sector lo llaman ya “el segundo asalto”. Tras las compras de Grant Thornton, España por New Mountain y de Auren por Waterland, en varias cúpulas de las Big Four de España han dado una instrucción interna poco habitual. La de identificar al detalle qué fondos están comprando firmas de servicios profesionales, quiénes están levantando vehículos específicos para este sector y cuáles están ya tanteando operaciones. Esta ola es apenas una derivada de lo que en Estados Unidos ya se ha convertido en un movimiento de enorme magnitud, donde un tercio de las treinta principales firmas cuentan ya con participación de fondos de inversión.
El mensaje transmitido a los socios es inequívoco, según confirman fuentes del sector a El Confidencial: la entrada del capital riesgo en el mid-market español no ha sido un episodio aislado, sino el prólogo de un movimiento mayor. Y el temor ya no es hipotético —es corporativo. “Hasta ahora hablábamos de lo que estaba pasando fuera; ahora hablamos de lo que puede pasar dentro”, resume un directivo de estas firmas.
Aunque esto ya lleva tiempo siendo un tema latente, la señal de alarma se disparó en el mercado español tras dos movimientos que han cambiado el pulso del sector: la venta de la filial de Grant Thornton España al fondo New Mountain Capital, adelantada por este medio, y la entrada del fondo holandés Waterland Private Equity en Auren.
En este contexto, comienzan a producirse movimientos que hace apenas unos meses parecían impensables. Entre ellos, que Grant Thornton estudie la posibilidad de adquirir BDO —ya sea en su totalidad o por partes—, una información también adelantada por este medio. Para los directivos de las Big Four consultados, estas señales representan la antesala de un revulsivo que terminará alcanzándoles; por eso consideran prudente empezar a poner sus barbas a remojar.
En Europa, el runrún empezó hace ya más de un lustro, cuando los fondos comenzaron a meter la cabeza en verticales muy concretas que las grandes firmas estaban dispuestas a soltar. Primero llegaron movimientos como la venta del negocio público de PwC a Veritas Capital o la de varias unidades de KPMG —desde la de carteras de préstamos en Reino Unido, adquirida por Alantra, hasta su división de servicios contables en Suecia, comprada por IK—. Más tarde se sumaron operaciones como la entrada de CVC en Teneo.
Y, ya en 2021, el caso que terminó de poner luz larga a la tendencia fue el nacimiento de Interpath, respaldada por HIG Capital y levantada a partir del equipo de reestructuraciones de KPMG UK. Esta boutique se ha convertido en un ejemplo claro del modelo: replicó la jugada en otros mercados, como Francia, donde adquirió la vertical de reestructuraciones de KPMG e incorporó a más de un centenar de profesionales, incluidos seis Managing Directors y seis Directors.
En España, sin embargo, la historia fue más brusca. La operación provocó la salida en bloque de varios directivos de KPMG, encabezados por Gonzalo Montes, hasta entonces socio responsable de KPMG Funding y con más de 16 años en la firma, tras haber liderado más de un centenar de proyectos de reestructuración, entre ellos Soltec y Alcaliber. Junto a él abandonaron la firma Jordi Castiñeira, responsable de Cataluña y Baleares, y Juan José Legarda, ambos con cerca de dos décadas en KPMG.
KPMG aguantó el envite. Fuentes consultadas apuntan que la boutique intentó contratar a más gente, pero la Big Four logró contener el golpe. Aunque la boutique, liderada por Montes, ha logrado ampliar equipo pescando en otros mares.
La única diferencia respecto a aquel primer asalto de los fondos es que ahora estas operaciones ya no buscan ser amistosas con las matrices: si el private equity detecta valor en una vertical, irá a por ella aunque roce fibras sensibles. Y el capital riesgo no se limita a consultoría y auditoría: también empieza a tantear grandes players, incluso en áreas legales que hasta hace poco permanecían fuera de su radar.
Un ejemplo es la negociación, adelantada por este periódico, entre Andersen Iberia y el fondo francés Capza para articular una plataforma europea, operación que incluía incluso la salida del despacho de la red Andersen Global. Más allá de su desenlace, el caso ilustra hasta qué punto el private equity está empujando los límites tradicionales del sector.
Estos episodios están teniendo un efecto más profundo en el sector, pues confirma que los fondos no solo están tanteando el mid-market, sino que ya exploran activamente operaciones con firmas de gran tamaño. Y, según directivos consultados, anticipa una presión creciente sobre unidades concretas —legal, consultoría tecnológica, advisory financiero— que, por margen y recurrencia, se han convertido en objetivos naturales para el private equity... Suena la campana: empieza el segundo asalto.
En el sector lo llaman ya “el segundo asalto”. Tras las compras de Grant Thornton, España por New Mountain y de Auren por Waterland, en varias cúpulas de las Big Four de España han dado una instrucción interna poco habitual. La de identificar al detalle qué fondos están comprando firmas de servicios profesionales, quiénes están levantando vehículos específicos para este sector y cuáles están ya tanteando operaciones. Esta ola es apenas una derivada de lo que en Estados Unidos ya se ha convertido en un movimiento de enorme magnitud, donde un tercio de las treinta principales firmas cuentan ya con participación de fondos de inversión.