Nestlé España espera con inquietud el hachazo a la plantilla
La filial española siempre ha sido uno de los pilares del grupo Nestlé. Pero ahora no esperan parabienes sino el plan de despidos del nuevo presidente para afrontar la caída de ventas
Pablo Isla, el nuevo presidente de Nestlé. (Reuters/Miguel Vidal)
Nestlé siempre había sido una empresa tranquila. La multinacional suiza tiene su sede española en Barcelona y, en el sector de la alimentación, uno suele quedarse al margen de los sobresaltos si el grueso de sus productos son el primero o el segundo más vendidos del lineal. También si sus ventas suben entre un 2% y un 4% al año y en el último ejercicio completo, el de 2024, el beneficio reportado en el país es de 107 millones, según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil. Pero la calma se ha acabado tras el anuncio de la multinacional de que va a ejecutar 16.000 despidos en el conjunto del grupo, que ahora mismo emplea a 280.000 personas.
Este plan de despidos masivos es la primera gran decisión de Philipp Navratil, el consejero delegado que tomó las riendas ejecutivas de Nestlé el pasado octubre, coincidiendo también con el nombramiento de Pablo Isla, exconsejero delegado de Inditex, como presidente no ejecutivo. La renovación de la cúpula llegó tras la investigación que forzó la salida del entonces máximo ejecutivo, Laurent Freixe, por haber ocultado una relación sentimental en el seno del grupo. Ahora las ondas expansivas del terremoto con epicentro en Suiza van llegando a la periferia.
Cataluña no es solo desde donde se dirige el grupo en España. Jordi Llach es el director general para España y Portugal y es catalán. Cuenta con una gran fábrica en Girona para las cápsulas de café Dolce Gusto, que da empleo a más de 870 personas. CCOO ya ha remitido una consulta al comité de empresa de la matriz para preguntar en qué medida este ajuste afectará a España. Existe la convicción de que impactará de algún modo.
Si se aplicase una regla de tres, sobre una plantilla de más de 4.000 personas en España tocarían un total de 240 personas. Pero no tiene por qué ser así. El reparto no será equitativo. Como pasa en las multinacionales, habrá países más castigados que otros. También habrá que establecer si el ajuste implica el cierre de algunas de las diez plantas que tiene en España, entre alimentación y la división de agua, que fue segregada el año pasado. En teoría, busca comprador, después de haber sido sacudida esta actividad por diversos escándalos en Francia.
Este plan de despidos masivos es la primera gran decisión de Philipp Navratil, el CEO que tomó las riendas ejecutivas de Nestlé en octubre
De las diez plantas españolas, cuatro se encuentran en Cataluña –Castellbisbal, Viladrau, Reus y Girona–, además de los servicios centrales de Esplugues que acogen a cerca de 1.800 trabajadores. Cataluña es la columna vertebral del grupo en España. Ahora hay inquietud entre todo ese personal ante la incertidumbre de lo que se avecina en los próximos meses.
En teoría, España debería estar protegida del hachazo que llega desde Vevey, en Suiza. Las ventas de la filial española subieron un 4% en 2024, cerrando en 2.582 millones. En una reciente entrevista en El Economista, Jordi Llach explicaba que el volumen de negocio crecería este año en España más de un 6%. El ajuste que plantea la compañía se debe a una caída de la facturación del grupo de 1.290 millones de euros, la cual busca compensar con un recorte en gastos de personal que suponga un ahorro de 1.000 millones anuales. Como las ventas en España están evolucionando mucho mejor que las del grupo mundial, en principio, el impacto debería ser mucho menor.
Se acabó la paz
Nestlé era una empresa de tradición tranquila, pero algo se truncó en 2024. En menos de un año ha habido tres presidentes de la multinacional. De hecho, la inestabilidad que ha sacudido la matriz suiza llega ahora al resto de países donde opera el grupo, incluida España. ¿Alguien dijo que Nestlé era aburrida? Pues se acabó la paz.
Con el ajuste de personal la inestabilidad de la matriz suiza ahora pasa a las filiales
De manera histórica, los ajustes de personal en Nestlé se hacían de manera no traumática. En 2023, en España se aplicó un plan de bajas incentivadas que afectó a 120 trabajadores, sobre todo centrado en las oficinas centrales de Esplugues y en la planta de Guadalajara.
Un año después, tras una dura negociación en mayo de 2024, se llegó a un acuerdo en la negociación del convenio que fue ratificado por la plantilla. Por lo tanto, Nestlé España cuenta con un convenio colectivo en vigor.
Futuro y tradición
La tradición es que el sector alimentario ha sido un pilar de la economía catalana y ha generado grandes fortunas. Ahí están los Carulla (Agrolimen) o los Daurella (Coca-Cola). Muchas multinacionales, Danone, la propia Nestlé, se sumaron a la fiesta y utilizaron Cataluña como la plataforma perfecta para asaltar el mercado ibérico.
Pero ahora el futuro pesa más que la tradición. La inflación tras la guerra de Ucrania dificulta mantener la política de precios de antaño en Europa y la presión de los productos de marca blanca es muy grande, en especial en las grandes superficies. Los tiempos están cambiando. Tanto que por primera vez dos miembros del patronato de la Fundación Bancaria La Caixa, Pablo Isla y el presidente de Telefónica, Marc Murtra, están encabezando compañías que están emprendiendo ajustes de personal masivos. La catalanidad ya no protege como antes.
Nestlé siempre había sido una empresa tranquila. La multinacional suiza tiene su sede española en Barcelona y, en el sector de la alimentación, uno suele quedarse al margen de los sobresaltos si el grueso de sus productos son el primero o el segundo más vendidos del lineal. También si sus ventas suben entre un 2% y un 4% al año y en el último ejercicio completo, el de 2024, el beneficio reportado en el país es de 107 millones, según las cuentas depositadas en el Registro Mercantil. Pero la calma se ha acabado tras el anuncio de la multinacional de que va a ejecutar 16.000 despidos en el conjunto del grupo, que ahora mismo emplea a 280.000 personas.