En la pirámide Big Four: la brecha generacional (y salarial) de PwC, Deloitte, KPMG y EY
El Confidencial traduce en cifras la pirámide que sostiene a las grandes auditoras que operan en España, con un retrato detallado de su composición laboral y de las diferencias salariales entre abogados, auditores y consultores
Cuatro Torres Business Area en Madrid. (REUTERS/Guillermo Martinez)
Una base repleta de júniors y una cúspide reservada para unos pocos tras décadas de duro trabajo. Las Big Four son el perfecto paradigma del modelo piramidal en el mundo corporativo. Un sistema en el que la estructura se sostiene sobre una gran cantidad de empleados jóvenes y un número reducido de socios y directivos en la cima. Aunque la inteligencia artificial y la automatización apuntan a transformar esta dinámica, por ahora la pirámide sigue siendo el engranaje que permite a estas firmas no solo funcionar, sino también crear una cartera de clientes con su ex empleados que saltan a otras compañías.
¿Cómo se traduce esa pirámide en cifras? Las Big Four comparten una misma forma, pero no el mismo equilibrio entre base y cúspide. El Confidencial ha analizado la composición y los salarios de KPMG, PwC, Deloitte y EY para dibujar una radiografía generacional y económica de un modelo que, pese a los cambios tecnológicos, sigue marcando la jerarquía del sector.
Una de las grandes brechas que se desprenden de los datos son las diferencias significativas entre las áreas de Auditoría y Abogacía. Por ejemplo, PwC y Deloitte tienen 21 auditores menores de 30 años por cada auditor mayor de 50, mientras que en KPMG hay 13 y en EY, 12. Dicho de otra forma, los menores de 30 años suponen entre el 68% y 75% de la plantilla de las filiales de auditoría de Deloitte, EY y PwC, mientras que en KPMG suponen el 54,2%.
En la rama legal ocurre justo lo contrario. Solo cuatro de cada diez abogados de KPMG, PwC y EY son menores de 30 años, y los mayores de 50 ganan peso. PwC es la Big Four con mayor porcentaje de abogados de más de 50 (12,1%). Le siguen KPMG (9,7 %), EY (8,1 %) y Deloitte (3,7 %), aunque en este último caso, los datos proceden de la filial que agrupa tanto a abogados como a consultores, por lo que la fotografía generacional es menos precisa.
Para ponerlo en perspectiva, en PwC hay un abogado mayor de 50 por cada cuatro menores de 30; en EY y KPMG, la proporción es de uno por cada cinco, mientras que en Deloitte la relación asciende a uno por cada dieciséis, pero hay que tener en cuenta que los datos de esta Big Four suman la filial legal y la de consultoría.
En consultoría, los menores de 30 años también representan más de la mitad de la plantilla, con porcentajes que van del 52% en KPMG al 61% en PwC. Entre las firmas, EY, dirigida por Federico Linares, ofrece los datos más detallados, al diferenciar entre divisiones. En Business Consulting hay ocho consultores jóvenes por cada uno mayor de 50 años, mientras que en Transacciones y Estrategia la cifra asciende a trece, la misma que en PwC Consultores. En la firma liderada por Juanjo Cano, la relación se sitúa en nueve consultores menores de 30 por cada sénior de más de 50.
El sueldo de un júnior equivale al 12 %–22 % del que percibe un sénior de más de 50 años
Si el foco se pone en los salarios, las diferencias entre los distintos escalones de las Big Four son tan marcadas como su estructura piramidal. Los datos de este análisis no incluyen las remuneraciones de socios equity. En PwC, liderada por Gonzalo Sánchez, la brecha salarial media entre un empleado júnior de menos de 30 años y uno sénior de más de 50 supera los 191.000 euros en auditoría, los 181.900 euros en consultoría y los 124.600 euros en el área legal. Traducido en proporciones, un auditor menor de 30 años en PwC cobra de media el 12% del salario de un sénior de más de 50 años; en consultoría, el 15%; y en abogacía, el 19%.
En Deloitte, las diferencias son más contenidas, pero ojo que tiene truco. En auditoría, la distancia entre un profesional júnior y uno sénior es de 34.786 euros (lo que equivale al 47% del salario de un senior de más de 50), mientras que en el área combinada de consultoría y abogacía asciende a 49.234 euros (38,5% del salario de un senior).
Sin embargo, si se analizan las medias por categoría profesional, las diferencias en Deloitte se amplían de forma notable: entre un auditor staff y un managing director, la brecha alcanza los 108.271 euros (el 22% del salario del directivo), y entre consultores y abogados, los 124.851 euros (exactamente el 21% del sueldo). Ambas lecturas son complementarias, aunque reflejan que el personal mayor de 50 años puede estar percibiendo una remuneración más baja en Deloitte que en el resto de las firmas.
En KPMG, las diferencias son más moderadas. Los abogados mayores de 50 años ganan de media 64.011 euros más que los menores de 30. En auditoría, la distancia es de 53.981 euros, y en consultoría, de 44.735 euros. En términos relativos, el salario de un abogado júnior equivale al 34% del de un sénior de más de 50 años. Enauditoría esa proporción se sitúa en el 34,9%, mientras que en consultoría asciende al 39,3%.
Por su parte, en EY las diferencias salariales también se amplían con la edad, especialmente entre los puestos ejecutivos. En el área de Transacciones y Estrategia, la brecha entre un profesional menor de 30 años y uno mayor de 50 alcanza los 198.369 euros, la más alta de la firma. En abogacía, la distancia es de 120.384 euros, mientras que en auditoría asciende a 89.015 euros. En Business Consulting, la diferencia entre el tramo más joven y el sénior ronda los 63.375 euros, reflejando un crecimiento más gradual dentro del área.
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Una base repleta de júniors y una cúspide reservada para unos pocos tras décadas de duro trabajo. Las Big Four son el perfecto paradigma del modelo piramidal en el mundo corporativo. Un sistema en el que la estructura se sostiene sobre una gran cantidad de empleados jóvenes y un número reducido de socios y directivos en la cima. Aunque la inteligencia artificial y la automatización apuntan a transformar esta dinámica, por ahora la pirámide sigue siendo el engranaje que permite a estas firmas no solo funcionar, sino también crear una cartera de clientes con su ex empleados que saltan a otras compañías.