Llegó la hora de la defensa y la industria respondió. Pero la política no: "Hay que superar el bloqueo"
Escoja el parámetro que quiera (exportaciones, carga laboral, inversión en innovación) y verá que el sector está en un momento de transformación tectónica
Sea cual sea su opinión personal sobre la industria de defensa —como sobre las eléctricas, las farmacéuticas o los bancos—, el negocio de las armas, su tecnología y componentes están ganando galones en la economía nacional. Escoja el parámetro que quiera (exportaciones, carga laboral, inversión en innovación) y verá que el sector está en un momento récord y en plena transformación tectónica. Pero el efecto multiplicador de este ciclo expansivo podría verse limitado por la ausencia de un decidido apoyo administrativo. Llegó la hora, y las empresas están preparadas. Pero los políticos no.
En 2024, el sector defensa, seguridad y aeroespacio registró una cifra de negocio histórica de 16.153 millones de euros, un 16,2% más que el año anterior, y ya supone un 2,3% de la facturación industrial española, según el informe anual de Impacto Económico y Social de Tedae, la asociación empresarial del sector, publicado esta semana.
En términos macro se aprecia mejor cómo la industria de defensa está optando a convertirse en un sector estratégico. En 2024, contribuyó a la economía con casi 22.000 millones, un 1,4% del PIB y casi un 13% del PIB industrial. El empleo total generado fue de 260.000 puestos de trabajo (75.300 directos, 115.000 indirectos y 69.000 inducidos), un 10% del empleo industrial nacional, con un aporte al fisco de 7.400 millones (un retorno equivalente al 41% de la facturación).
"Es un sector que había sufrido mucho, con descensos importantes en 2020, 2021 y 2022, en un contexto, en ese momento, complicado. Pero en dos años se ha recuperado con una tendencia y un entorno más favorable y prometedor. Este es el primer año que se superan los niveles precovid", comenta Jordi Esteve, socio de la consultora PwC, que elabora el reporte de Tedae.
Entre los puntos más fuertes para el sector, los expertos destacan que el sector aporta un tercio de la inversión total en innovación y desarrollo del sector industrial (2.600 millones en 2024), y exporta más del 60% de su facturación.
"En España tenemos un rezago de I+D con respecto a Europa, un déficit histórico del que como país somos muy consciente. La inversión ahora mismo en la economía es un 0,9% de la facturación, en el sector industrial está en un 1%, pero cuando vamos a las industrias de Tedae (defensa y aeroespacio) se dispara al 8%, varios órdenes de magnitud superior. Si solo contamos aeroespacio, es del 15%. Aunque todavía es una industria de un tamaño relativo, en términos de I+D pesa muchísimo", agrega Esteve.
¿Última Cena?
Aunque son cifras alentadoras, todavía queda mucho por hacer para llevar al sector al siguiente nivel. Y el próximo paso, coinciden expertos y observadores, es el de la consolidación. Algunos ya están empezando a hacer los deberes.
Indra, de la mano de su nuevo presidente, Ángel Escribano, está apretando el turbo para convertirse en el campeón nacional de la industria de defensa y defender los intereses (y tecnologías) españolas en el gran rearme europeo. Muchos en la industria creen que estamos en el momento Última Cena, como se conoce al episodio fundacional de la industria moderna militar estadounidense, origen de una década de fusiones y adquisiciones (M&A) para sobrevivir a la caída de negocio por la implosión soviética.
"La diferencia de tamaño entre las multinacionales de defensa europeas, como Thales, Rheinmetall o BAE Systems, y las españolas es brutal. Ángel (Escribano) tiene clara la misión y sabe que en el proceso no todo el mundo va a estar contento. Pero Indra va a seguir comprando. No le queda otra", resume una fuente de la industria que sigue las operaciones de la compañía.
La lista de adquisiciones realizadas incluye la toma de la mayoría accionarial en Tess Defence (el consorcio que fabrica el polémico Dragón 8x8), la operadora satelital Hispasat y la integradora de satélites Deimos y el negocio de drones de Aertec. Además, intentó, fallidamente, hacerse con Santa Bárbara Sistemas, la filial española de General Dynamics; y está negociando la compra de EM&E, también envuelta en polémica por ser propiedad de la familia Escribano. También se ha publicado que existe interés de Indra por adquirir Grupo Oesía (o parte del mismo), aunque la firma niega ninguna conversación en este sentido. Aunque es un comienzo, el ambiente es todavía tibio, según los analistas.
"Mucho ruido y pocas nueces. Hay mucho dinero disponible para consolidar el sector, no solo de fondos, sino también interés de las corporaciones grandes, pero pocas transacciones en mid-market. Casi todas las operaciones de los últimos años tienen un carácter estratégico: son industriales comprando capacidades", considera Ignacio Lliso, socio de la consultora internacional Accuracy, citando las apenas 12 operaciones de M&A (fusiones y adquisiciones) en el sector nacional en los últimos tres años.
¿Por qué no estamos viendo más movimiento? Porque los fondos tienen difícil la entrada en el sector, aclara Lliso. El primer factor es la composición de la industria, con un puñado de grandes compañías con una gran red de pymes y startups especializadas. Las firmas con potencial venta son pequeñas y con poca información sistematizada del negocio. A esto se une las "expectativas de precio de los vendedores", infladas por el momento geopolítico y mediático. Y, por último, los fondos no pueden ofrecer precios tan competitivos como los industriales porque no obtienen sinergias en la operación.
Escalar o morir
Esto no es una anomalía española. Un informe de Accuracy sobre Defensa Europea muestra que el 80% del sector continental está conformado por pequeñas y medianas empresas. Y en todos los mercados hay presiones para una mayor integración. Entre los dolores comunes para lograr escala están la complejidad de las licencias de exportación para el material militar, los estándares de interoperabilidad de la OTAN y la comentada ausencia de los fondos de capital riesgo e inversión. Y, como telón de fondo, la cuestión de la soberanía.
"En estas conversaciones aparece de forma recurrente la preocupación por la soberanía nacional. Esto es un claro impedimento para una consolidación a nivel europeo. También limita mucho el tipo de consolidación que podremos ver. Por el momento, salvo algún caso puntual, las compras que vemos en España son de empresas industriales de capital fundamentalmente español. También puede afectar al desarrollo de programas conjuntos, como la disputa entre Francia y Alemania que pone en riego el FCAS", apunta el socio de Accuracy.
Sin embargo, los expertos consideran que es cuestión de tiempo y que la necesidad facilitará, llegado el momento, una consolidación más amplia. Los fondos auguran un momento M&A y se preparan para inyectar capital en el sector. Es el momento que va a cambiarlo todo.
"La escala es fundamental. Es necesaria una integración dentro de la cadena de valor, vertical como horizontal, en las cadenas de suministro. El mercado lo está reconociendo y hay un burbujeo de operaciones. Y esto va a seguir. Al calor de este ciclo alcista están llegando muchas empresas al sector, nuevas o que vienen de tecnologías duales o civiles. Todo eso van a ser potenciales transacciones para los próximos años. Habrá más oportunidades de consolidación en el futuro y no veremos en breve un parón en esta dinámica", abunda Esteve, de PwC.
Bloqueo político
Mientras, la defensa ha entrado de lleno en el debate nacional. Pero no en forma de política de Estado, sino como otro elemento de polarización. El elemento más visible de este desacuerdo político es la ausencia de Presupuestos, que llevan prorrogados dos años (y parece que se encaminan a un tercero). Esto es un elemento especialmente perjudicial para la industria de defensa y aeroespacio.
"Es un problema recurrente. Para lograr tecnologías avanzadas hace falta invertir a largo plazo. Para ello, es necesaria una estabilidad en los presupuestos e inversiones que se realicen en la industria. Los programas son largos, a veces duran décadas, y es imposible acometer estas inversiones sin saber que existe esa estabilidad", apunta Lliso.
Mientras, muchos ven la negativa del presidente Pedro Sánchez a aceptar los objetivos de inversión en defensa de la OTAN, el embargo de armas con Israel son los más visibles o el despliegue de un barco de guerra con la Flotilla de Gaza como reacciones a su momento político interno. En un momento crítico, lamentan la ausencia de un plan de defensa ambicioso, estratégico y nacional.
"Si queremos aprovechar y no ser un socio de segunda, hay que superar el bloqueo político. Necesitamos un mínimo entendimiento en esta materia entre los partidos", apunta la fuente de la industria.
Sin presupuestos, ni consensos, es complicado que la industria pueda sacar el máximo partido al auge de los próximos años. El negocio militar está muy vinculado a la diplomacia y las gestiones políticas, como resume el adagio de que "una venta de armas, casi nunca es solo una venta de armas". El trasfondo es una sociedad que todavía no parece asumir las consecuencias del cambio geopolítico. Los expertos también creen que esto es cuestión de tiempo.
"El contexto está cambiando y todavía hay muchas reticencias. Venimos de años en que la defensa era tabú y décadas viviendo en paz, ahorrando en defensa para destinarlo a otros sitios. Ahora, tanto políticos como sociedad, tenemos que ir entendiendo el nuevo entorno en el que vivimos y las nuevas necesidades. Tardará más, tardará menos, es fruta madura que se va a visibilizar pronto", concluye Esteve.
Sea cual sea su opinión personal sobre la industria de defensa —como sobre las eléctricas, las farmacéuticas o los bancos—, el negocio de las armas, su tecnología y componentes están ganando galones en la economía nacional. Escoja el parámetro que quiera (exportaciones, carga laboral, inversión en innovación) y verá que el sector está en un momento récord y en plena transformación tectónica. Pero el efecto multiplicador de este ciclo expansivo podría verse limitado por la ausencia de un decidido apoyo administrativo. Llegó la hora, y las empresas están preparadas. Pero los políticos no.