El private equity, al ataque: 35.000 compañías europeas en el radar de compra
El cambio de mentalidad de los empresarios europeos coincide con la estrategia de los grandes gestores. Blackstone ha anunciado planes para destinar 500.000 millones en la próxima década en el viejo continente
Un asistente del IPEM escuchando con atención una conferencia. (IPEM)
El capital privado dobla su apuesta por Europa. Lo que durante años fue considerado “problemático” en el sector se ha convertido en el nuevo foco de atención de los grandes fondos internacionales. El motivo está menos en los parqués —donde las bolsas europeas siguen a la zaga de Wall Street— que en el enorme tejido empresarial de tamaño medio: unas 35.000 compañías privadas, muchas de ellas familiares, que necesitan capital para profesionalizar su gestión, digitalizarse y dar el salto internacional.
Ese mid-market europeo, hasta ahora fragmentado y muchas veces reacio a abrir su capital, es hoy el gran objetivo del ‘private equity’, que ve en él una oportunidad de crecimiento en sectores estratégicos como la energía, la educación, la sanidad, la tecnología o la defensa. “Europa está llena de campeones locales listos para convertirse en jugadores globales. No se trata de invertir aquí para reducir riesgo, sino porque se cree en su potencial”, señala un directivo consultado en el congreso IPEM Global, celebrado en París.
El cambio de mentalidad de los empresarios europeos coincide con la estrategia de los grandes gestores. Blackstone, que ha invertido 350.000 millones de dólares en Europa en los últimos 25 años, ha anunciado planes para destinar otros 500.000 millones en la próxima década, centrados en operaciones quirúrgicas: el sector correcto, el equipo adecuado y el precio justo.
Gran atasco del ‘private equity’
El sector del ‘private equity’ encara 2025 con un desafío crucial: desatascar la mayor cartera de empresas pendientes de vender en dos décadas, según el McKinsey Global Private Markets Report 2025. A pesar de la recuperación de la actividad —con operaciones globales por 2 billones de dólares en 2024, un 14% más que el año anterior—, el ritmo de desinversiones sigue por detrás.
Más del 61% de las compañías respaldadas por fondos de buyouts llevan más de cuatro años en manos de los fondos, frente al 55% en 2023 y al promedio histórico del 53%, lo que alarga los periodos de tenencia y retrasa el retorno de capital a los inversores.
Los asistentes españoles que acudieron al evento en Paris, en el stand de la patronal SpainCap.
El informe destaca que, aunque el valor de las salidas (exits) aumentó un 7,6% en 2024 hasta los 813.000 millones de dólares, la recuperación es desigual. Las OPVs (IPOs) siguen cerradas para muchas empresas, con una caída del 7% en valor y del 20% en número de operaciones, mientras que ganan terreno las ventas entre fondos (sponsor-to-sponsor), que ya representan el 45% de los exits y alcanzaron su nivel más alto en la última década.
La presión de los inversores institucionales (LPs) para recibir liquidez está empujando a los gestores a explorar vías alternativas, como los vehículos de continuación y el mercado secundario.
Europa emerge como un terreno especialmente fértil para esta rotación de activos. El informe subraya que en 2024 las operaciones de compra de empresas cotizadas (take-private o P2P) crecieron un 65% en la región, al calor de la búsqueda de compañías infravaloradas en bolsa. Sectores como tecnología, consumo y servicios financieros lideraron las grandes operaciones, mientras que la sanidad perdió protagonismo.
Madrid no se va de vacaciones
En el caso de España, el informe de la consultora sitúa al país como un mercado prioritario para el capital privado gracias al fuerte peso de la inversión extranjera, que representó el 73,5% del total (4.808 millones de euros), y al dinamismo de sectores como tecnología, turismo, agronegocio e infraestructuras digitales. Además, las desinversiones (exits) crecieron un 113% en 2024, hasta los 2.902 millones de euros, en línea con la mejora de la liquidez observada a nivel global.
España se prepara para sacar partido de esta ola. Tras un primer semestre flojo, con una caída del 42% en los ingresos por comisiones de la banca de inversión y un descenso del 15 % en el número de operaciones, el mercado se reactivó a finales de primavera gracias a un entorno macro más estable y a la reapertura de la financiación.
La City de Madrid ha vivido un agosto inusualmente ajetreado. Banqueros, abogados y consultores que afirman que apenas han pisado la playa. La mejora del clima de mercado y el acuerdo arancelario entre Bruselas y Washington han permitido desbloquear operaciones que llevaban meses paralizadas. Los fondos, necesitados de rotar carteras y presionados por sus ciclos de inversión, han apretado el acelerador.
La reactivación del mercado ha generado optimismo entre los expertos: Jaime Fernández-Pita, de Altamar Advisory Partners, apunta que “el capital privado seguirá siendo el actor principal en los próximos semestres”, mientras que José Antonio Zarzalejos, de KPMG, subraya que el último cuatrimestre del año ya muestra una mejora clara de la actividad, con especial dinamismo en sectores como tecnología y educación. Por su parte, Carlos Paramés y Juan Luis Muñoz, de Houlihan Lokey, describen el pipeline de operaciones como “histórico”, destacando el creciente interés de inversores extranjeros por España.
Con un dry powder en Europa que supera los 350.000 millones de euros, España figura entre los destinos prioritarios por su dinamismo macroeconómico. En el radar de los inversores figuran tanto grandes transacciones —como la OPA de BBVA sobre Sabadell, la venta de la Universidad Alfonso X por parte de CVC o la desinversión de Macquarie en Empark— como un fuerte flujo de operaciones mid-market en tecnología, educación, salud y servicios.
Europa en el centro del capital global
Según los GPs asistentes a IPEM, Europa ha pasado de estar en los márgenes del capital global a ocupar un papel central. La región es compleja —regulatoria, cultural y económica— y el éxito depende de compromiso local y confianza a largo plazo, más que de transacciones rápidas. La fragmentación de los mercados y el flujo de capital de EE. UU., Asia y Europa impulsan aún más el interés de los fondos.
El impulso viene también de las políticas públicas. La transición energética, la innovación en AI y el aumento del gasto en defensa abren nuevos nichos de inversión, mientras que Berlín y París destinan miles de millones a startups y proyectos de AI, buscando soberanía tecnológica.
Sin embargo, los desafíos culturales y regulatorios persisten, desde la falta de un mercado único hasta la dependencia de recursos estratégicos como cobalto y litio, que requieren alianzas público-privadas para garantizar la transición energética y tecnológica.
El capital privado dobla su apuesta por Europa. Lo que durante años fue considerado “problemático” en el sector se ha convertido en el nuevo foco de atención de los grandes fondos internacionales. El motivo está menos en los parqués —donde las bolsas europeas siguen a la zaga de Wall Street— que en el enorme tejido empresarial de tamaño medio: unas 35.000 compañías privadas, muchas de ellas familiares, que necesitan capital para profesionalizar su gestión, digitalizarse y dar el salto internacional.