De la sombra a la acción: el reto de dar nombre, rostro y futuro a las causas que nadie ve
Muchos dramas sociales permanecen fuera del foco mediático, sin ocupar apenas espacio público. Pero lo que no se cuenta, no existe. Y lo que no existe, no se apoya. Cambiar el relato exige alianzas, narrativa y compromiso
Suele decirse que lo que no se ve no existe. Y, en un mundo hiperconectado y saturado de estímulos, muchas causas sociales permanecen, paradójicamente, en la sombra. No porque no existan ni porque no sean urgentes, sino porque incomodan, son difíciles de explicar, afectan a colectivos pequeños o sus consecuencias no se perciben de forma inmediata. Normalmente no generan titulares ni movilizan grandes campañas, pero detrás de cada una de ellas hay vidas que pueden cambiarse con información, empatía y apoyo sostenido.
Precisamente para darles visibilidad y sacarlas de la sombra, El Confidencial, en colaboración con Banco Santander, ha celebrado la mesa redonda ‘Causas invisibles: desafíos sociales que no vemos, pero importan’. En ella han participado María Ruiz-Moyano, directora de Acción Social de Banco Santander; Raquel Abad de las Heras, coordinadora de Área de Alianzas y Relaciones Institucionales de la ONG Entreculturas; Majo Gimeno, presidenta y fundadora de Mamás en Acción; Ana Benavides González-Camino, directora General de Fundación Lealtad, y María José Arregui, presidenta de la Fundación Luzón.
La primera pegunta que ha surgido en el encuentro es la de qué hace que unas causas parezcan invisibles a la sociedad. La respuesta, han señalado las participantes, no es sencilla, pero hay patrones: algunas afectan a pocas personas; otras son complejas, técnicas, ajenas a la mayoría; o puede que generen incomodidad moral o rompan estereotipos que la sociedad prefiere no cuestionar. “En una sociedad saturada de información, muchas realidades incómodas se ignoran, aunque estén al lado de casa”, ha apuntado María Ruiz Moyano, para a continuación destacar “la importancia de foros que miren donde nadie quiere mirar”. Ella trabaja desde la empresa para que proyectos pequeños, locales, tengan un altavoz. Un altavoz que, a veces, es la diferencia entre la invisibilidad total y un cambio real.
Cuando una causa consigue salir de la sombra, suele ser porque alguien con legitimidad da un paso al frente. En el caso de la ELA, lo hicieron figuras como Francisco Luzón o Juan Carlos Unzué. “El testimonio personal lo cambia todo”, ha señalado María José Arregui. “La visibilidad llegó cuando se puso rostro, cuando la sociedad entendió que no hablamos de un colectivo abstracto, sino de personas reales, con nombre, historia y familia”.
Raquel Abad, por su parte, lo ve a diario trabajando con infancia desplazada o en guerra. “Estas realidades no interesan porque son complejas y difíciles de explicar. Vivimos una crisis de solidaridad: del paradigma de lo colectivo hemos pasado al ‘mi país primero’. Además, los medios favorecen mensajes simples y polarizados. Y, mientras tanto, uno de cada seis niños en el mundo vive en contextos de violencia extrema”.
A todo esto se suma una regla no escrita: hay causas que generan simpatía inmediata -infancia, cáncer, alzhéimer- y otras que resultan incómodas: adicciones, pobreza extrema, inmigración. “También influye la urgencia: las emergencias llaman la atención, el trabajo diario no”, ha recordado Ana Benavides. “La unión entre colectivos también es clave: las enfermedades raras o la discapacidad han ganado visibilidad gracias a su organización”.
Visibilidad sí, pero con impacto real
Dar visibilidad a una causa social no siempre garantiza que se genere un cambio tangible, pero puede ser el primer paso para lograrlo si se canaliza de forma adecuada. Desde el ámbito empresarial, esa visibilidad puede multiplicar su alcance y convertirse en una herramienta poderosa. “Las empresas tenemos una gran capacidad de amplificación y de influencia, y cuando ponemos eso al servicio de causas sociales, el impacto puede ser enorme”, ha asegurado María Ruiz Moyano.
Un ejemplo concreto, ha explicado, es el programa Euros de tu nómina, una iniciativa del banco en la que los propios empleados proponen y votan proyectos sociales. Muchos de ellos, pequeños, locales y profundamente transformadores. Más allá de la financiación, que puede suponer un gran empujón para las entidades seleccionadas, el proceso genera una red de solidaridad que actúa como altavoz. “Solo el hecho de que tu proyecto llegue a miles de personas ya es valioso en sí mismo”, ha apuntado a Ruiz Moyano. Y más aún si, como explica Majo Gimeno ese apoyo sirve de “credencial” ante otras instituciones: “El aval de una gran empresa te abre puertas. Genera confianza”.
Confianza. Esa es la palabra clave. Porque, en un contexto de desconfianza ciudadana, polarización y descrédito institucional, resulta fundamental contar con entidades que actúen como garantes. Fundación Lealtad ayuda a visibilizar causas y garantizar que las ONG trabajan con eficacia y transparencia. Su sello “Dona con confianza” no solo acredita profesionalidad: acerca las causas a las personas, despierta conciencias y moviliza recursos. Porque cuando conoces, te importa; y cuando te importa, actúas.
Los datos lo confirman: “El 57% de las empresas que colaboran con ONGs afirman que este sello ha facilitado la colaboración, y el 80% asegura que mejora la forma de implicarse. Además, muchas organizaciones reconocen que el proceso de autoevaluación les ha ayudado a profesionalizarse”, ha señalado Ana Benavides, que no obstante reconoce el desafío que tienen por delante: “Tenemos que llegar también al ciudadano. No puede ser que no se done por desconfianza: si alguien tiene dudas acerca de una ONG, que se informe y, a partir de ahí, tome sus decisiones”.
Cuando visibilizar duele
Hay causas que duelen solo con nombrarlas. Pero, precisamente por eso, necesitan ser contadas. “Es el caso de los más de 51.000 menores tutelados en España, de los que 17.000 podrían salir ya hoy mismo en acogimiento familiar si existieran los recursos y la voluntad política para hacerlo posible. Es una herida estructural”, ha denunciado Majo Gimeno, haciendo alusión a “una infancia institucionalizada, silenciada, muchas veces olvidada”. Y sí, hay leyes para evitar esta situación, pero no se aplican. España acumula denuncias de la Unión Europea por incumplir su propia Ley de Protección a la Infancia. “Llegará el día en que Bruselas sancione. Pero… ¿cuánto daño más habremos causado para entonces?”, se pregunta Gimeno.
No es el único caso. En España, aunque se aprobó en octubre de 2024 una ley para garantizar cuidados a personas con ELA, su aplicación está bloqueada. Como ha explicado María José Arregui, “la ley prevé atención para miles de pacientes y un coste de 230 millones, pero solo se han recibido 10 millones destinados a casos avanzados. Esto es fruto de falta de presupuestos, estancamiento político e incapacidad para activar planes de contingencia. Somos víctimas, entre comillas, de la situación política del país”.
“Crear una ley no significa nada si no se pone en marcha”, ha advertido Ana Benavides, que se pregunta “cómo construir soluciones reales en un contexto de inestabilidad política, descrédito institucional y desconfianza ciudadana.Sin liderazgo confiable, no hay esperanza, solo resistencia”. La frustración es legítima. Porque las soluciones existen, pero no llegan, y una ley aprobada no garantiza que se cumpla. Mientras tanto, el tiempo apremia.
Alianzas, profesionalización y narrativa: las claves
En este contexto frágil, la colaboración entre el tercer sector y el ámbito empresarial es más necesaria que nunca. Todas las participantes han coincidido en un punto: sin la implicación del sector privado, muchas causas no lograrían avanzar. Así lo ha explicado María José Abad: “No podríamos llegar donde llegamos sin las empresas privadas ni sin equipos profesionalizados. Nos enfrentamos a crisis enormes, no pequeñas ni marginales: más de 127 millones de personas están desplazadas en el mundo. La educación para la infancia refugiada es una de las pocas garantías de seguridad, salud mental, alimentación y futuro”.
También lo ha señalado María José Arregui: “La alianza con grandes compañías, que apuestan por causas sociales desde su responsabilidad corporativa, supone un respaldo crucial. Es un empujón que te sitúa en otro nivel”. Pero ese respaldo también implica estar preparado para la exposición y la demanda que puede generar. “Quizá no estás preparado para gestionar lo que viene después de un premio o un reconocimiento”, ha señalado Majo Gimeno.
Pero hay algo más. Un reto pendiente que lo atraviesa todo: la narrativa. “No basta con tener los datos. Hay que saber contarlos. Traducirlos en historias que conecten, que emocionen”, ha insistido Abad. Porque si algo nos enseña la experiencia, es que lo que no se cuenta, no existe. Y lo que no conmueve, no moviliza. Además. María José Arregui ha destacado "la necesidad de profesionalizar el tercer sector para que las emociones que despiertan ciertas causas puedan traducirse en acciones sostenibles, medibles y eficaces".
Al final, el debate es una invitación a no mirar para otro lado. Visibilizar no es solo contar; es abrir caminos para transformar la empatía en acción concreta y duradera. Es un llamado a entender que detrás de cada cifra hay una vida, y que el verdadero reto es qué hacemos con esa visibilidad.
Suele decirse que lo que no se ve no existe. Y, en un mundo hiperconectado y saturado de estímulos, muchas causas sociales permanecen, paradójicamente, en la sombra. No porque no existan ni porque no sean urgentes, sino porque incomodan, son difíciles de explicar, afectan a colectivos pequeños o sus consecuencias no se perciben de forma inmediata. Normalmente no generan titulares ni movilizan grandes campañas, pero detrás de cada una de ellas hay vidas que pueden cambiarse con información, empatía y apoyo sostenido.