El vino se encomienda a la tregua de Trump: los aranceles son su tormenta perfecta
El principal problema es la dificultad para encontrar nuevos mercados. Aunque, en el hipotético caso de hallarlo, nadie aceptará pagar lo mismo que los compradores de EEUU
Botellas de vino en una tienda de licores. (EFE/Ángel Colmenares)
El vino español respira con la tregua de 90 días en la guerra comercial. De haber mantenido EEUU la totalidad de los aranceles —ahora solo aplica uno universal del 10%—, se habría desatado una tormenta perfecta en un sector que exportó al país norteamericano hasta 390 millones de euros en 2024, siendo la segunda actividad agroalimentaria de España que más vendió en ese territorio, solo por detrás del aceite de oliva. Aunque los nubarrones no se han disipado.
Por delante tiene tres meses para conseguir que Bruselas negocie a su favor. Por el momento, gracias a la presión de Italia y Francia, otros dos países con un sector vinícola importante, ya lograron que el bourbon quedase fuera de la lista de productos castigados por la Comisión Europea en respuesta a los aranceles al acero y al aluminio. Así esperan haber esquivado la tasa del 200% que el presidente norteamericano, Donald Trump, amenazó con imponer al vino europeo si Europa tomaba represalias contra el whisky estadounidense.
El principal problema del sector es que tiene una capacidad limitada para colocar en otros mercados el producto que deje de vender en EEUU por los aranceles. Como explican fuentes del sector, el mundo del vino tiene mucho que ver con la cultura. Los mercados que todavía no están saturados se encuentran en África y Asia, donde la religión mayoritaria de muchos países prohíbe directamente beber alcohol o donde la sociedad prefiere decantarse históricamente por otras opciones, como la cerveza.
Uno de los ejemplos más claros es el de China, país que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está visitando esta semana para estrechar lazos comerciales. Según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo de vino lleva cayendo allí desde 2018, con una pérdida media de 2 millones de hectolitros anuales. Es cierto que en 2023 se mantuvo como el noveno mercado del mundo, pero su población es extensa y el consumo per cápita fue de 0,8 litros por persona al año, frente a los 7 litros en España. En cambio, beben una media de 34,7 litros de cerveza.
El principal problema del sector es que tiene una capacidad limitada para colocar en otros mercados el producto que deje de vender
"En Asia no tienen cultura de vino", reconoce el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen (DO) Rioja, Fernando Ezquerro, que ve pocas oportunidades de crecer en territorios de Europa, donde ya hay una competencia feroz. Tampoco en Sudamérica, donde remarca que "es tremenda la fidelización del que la tiene, pero son mercados muy pequeños". La cerveza es la primera opción allí, debido al clima más cálido, y el consumo de vino en términos conceptuales es bajo.
Aunque la dificultad no está solo en encontrar un mercado sediento de vino. La cuestión es que, en el hipotético caso de hallarlo, nadie va a aceptar pagar lo mismo que los compradores norteamericanos. Como explicaba esta semana el director general la Asociación de las Empresas Industriales Internacionalizadas (AMEC), Joan Tristany, "Estados Unidos es un país de margen, no de volumen".
¿Renunciar a márgenes?
Una opción, por lo tanto, es rebajar sus márgenes, asumiendo en sus propias carnes el impacto de los aranceles, para que los consumidores estadounidenses noten lo menos posible la subida de precios y sigan comprando. Es una estrategia viable con una tasa del 10% como la actual, aunque suponga una reducción de sus beneficios. Lo tienen más complicado si las negociaciones fracasan y se les aplica el 20% que anunció Trump en un primer momento. Y todavía peor si la guerra comercial escala y el castigo se acerca a ese 200% con el que amenazó el presidente norteamericano. En cualquier caso, Tristany reconoció que el sector del vino "sufrirá".
No es la primera vez que la industria vinícola española se ve golpeada por una guerra comercial con EEUU. En 2019, durante la pasada legislatura de Trump, ya soportaron una tasa adicional del 25% para exportar al otro lado del Atlántico. Aunque, en aquella ocasión, se podía vender a granel o con una graduación superior al 14%, por lo que algunos apostaron por embotellar allí o elevar el porcentaje de alcohol de sus productos, esquivando el pago del gravamen en la frontera.
Con esas triquiñuelas consiguieron que las exportaciones a EEUU no sufrieran tanto como cabía esperar, disminuyendo en un 10% interanual en el primer año y manteniéndose estables posteriormente. Evitaron así tener que lanzarse a buscar nuevos mercados o rebajar de manera sustancial el precio en España para colocar el excedente de producto en el territorio nacional. Sin embargo, lo que se aplicaría en esta ocasión, si fracasa la diplomacia, son aranceles generales, sin excepciones por países o tipo de producto.
Evitaron así tener que lanzarse a buscar nuevos mercados o rebajar de manera sustancial el precio en España para colocar el excedente
Por esta razón, el director general de la DO Rioja, José Luis Lapuente, se afanó durante un encuentro con periodistas, celebrado con motivo de su centenario, en pedir un "desarme" que frene la guerra arancelaria o que, al menos, el vino quede fuera porque "afecta a otros términos como a familias y bodegas". Rioja fue la denominación española que más vendió el año pasado en EEUU, con 10,5 millones de euros. Fue su tercer país en volumen, solo por detrás de Reino Unido y Alemania.
En términos generales, Estados Unidos es el segundo mayor destino de exportación para las bodegas nacionales, mientras que es el primero en el caso de los espumosos, representando en torno al 13% de las ventas totales en el exterior. Son datos que explican, después de la pausa de 90 días, que el sector respire algo más tranquilo, aunque todavía quede mucho para ahuyentar definitivamente los aranceles.
De hecho, el presidente de la Federación Española del Vino (FEV), Pedro Ferrer, se confesó asustado porque "los aranceles vayan a más y los efectos sean más devastadores". Para evitarlo, en paralelo a las negociaciones entre los gobiernos, está en conversaciones con su homóloga estadounidense para que las tasas sean cero-cero. "Creemos firmemente en el libre comercio y pedimos que no se nos utilice en una guerra comercial como pasó con el conflicto con Airbus hace unos años", señaló este miércoles durante la asamblea general.
El vino español respira con la tregua de 90 días en la guerra comercial. De haber mantenido EEUU la totalidad de los aranceles —ahora solo aplica uno universal del 10%—, se habría desatado una tormenta perfecta en un sector que exportó al país norteamericano hasta 390 millones de euros en 2024, siendo la segunda actividad agroalimentaria de España que más vendió en ese territorio, solo por detrás del aceite de oliva. Aunque los nubarrones no se han disipado.