¿Qué hay detrás de la discreta conexión japonesa de Indra y Navantia? Muchos sueñan que sea el P-1
Navantia e Indra firmaron un inesperado memorando de entendimiento con la japonesa Kawasaki. El asunto del memorando era un poco sorprendente: "analizar la plataforma (de patrulla marítima) P1 para operaciones navales"
El avión de patrulla marítima Kawasaki P-1 en una maniobra. (Reuters/Issei Kato)
Las Fuerzas Armadas españolas se encuentran inmersas en un amplio y ambicioso proceso de modernización. Una de las capacidades clave a reinstaurar es la de patrulla marítima, perdida a finales de 2022. En verano, se otorgó a Airbus un contrato de 1.700 millones de euros para la adquisición de ocho aviones C-295 de patrulla marítima y ocho de vigilancia marítima. Para muchos expertos, los primeros puede que no sean una solución definitiva. Aquí entra en juego la discreta variable japonesa.
El pasado 30 de septiembre, los astilleros estatales Navantia y la cotizada Indra (también con participación pública a través de la Sepi) realizaronun inesperado anuncio en redes revelando que habían firmado un memorando de entendimiento (MoU por sus siglas en inglés) con la empresa japonesa Kawasaki Heavy Industries. No es extraño que corporaciones de distintos países establezcan acuerdos para mejorar sus capacidades o con el objetivo de buscar socios para entrar en mercados internacionales. Sin embargo, en este caso, el asunto del memorando era un poco sorprendente: "analizar la plataforma (de patrulla marítima) P1 para operaciones navales".
El anuncio se limitó a los perfiles en redes de las empresas españolas y ninguna de ellas emitió nota de prensa al respecto, ni más detalles. El acuerdo fue firmado en las oficinas de Indra en Madrid, un indicador en etiqueta corporativa de que probablemente este acuerdo sea más importante para las empresas españolas que para la nipona.
Una solución a largo plazo
La noticia ha pillado por sorpresa a muchos la comunidad de defensa española. En un país en el que las soluciones interinas suelen alargarse en el tiempo, se había dado por sentado que los cuestionados C-295 serían el sustituto, más o menos definitivo, de los añorados Lockheed P-3 Orion.
La compra de los C-295 MPA fue acordada con Airbus en 2020 como parte del plan del Gobierno para reflotar a la industria aeroespacial nacional, ya que este modelo -el más 'español' de Airbus- se ensambla en la fábrica de San Pablo, en Sevilla. El contrato definitivo se demoró a julio de este año por la nulidad del primer contrato, causada por la modificación en las cantidades en el pedido, pues se pasó de seis aviones de patrulla y diez de vigilancia a ocho de cada.
Es importante apuntar que el Ejército del Aire y del Espacio, responsable de esta capacidad junto con la Armada, siempre ha considerado tanto el Kawasaki P-1 como el Boeing P-8 Poseidón soluciones definitivas para esta misión.
La Estrategia Industrial de Defensa aprobada en 2023 marca como un requisito prácticamente imprescindible contar, como mínimo, con un socio español que asegure la participación nacional en la construcción de cualquier sistema de armas. Algunos observadores de la industria creen que esta podría ser una de las razones detrás de la firma de este memorando de entendimiento.
El avión de patrulla P-1 se ha ofrecido sin éxito en anteriores ocasiones a otros países europeos como Francia, Reino Unido o Alemania. De hecho, en 2018 se hizo público que habían tenido lugar contactos entre París, Berlín y Tokio para suministrar este avión al programa francoalemán Maritime Airborne Warfare System (que quedó en el limbo después de que los germanos compraran el P-8 estadounidense). El gobierno nipón había consultado a Kawasaki la posibilidad de efectuar colaboraciones con empresas francesas como Dassault Aviation o Thales. En aquel entonces, se llegó a mencionar también a España como posible comprador.
Un memorando sorprendente
Respecto al reciente memorando, llama la atención las dos empresas españolas que lo han firmado. Ninguna de ellas es fabricante de aeronaves, sino de sistemas y subsistemas. De hecho, Indra es la responsable de la participación española en el programa europeo FCAS y dotará a los C-295 MPA con sus sistemas de inteligencia electrónica y de autoprotección. Por otro lado, Navantia, es el principal astillero naval del país. Ambas empresas, junto con la francesa Thales, son dueñas de SAES, encargada, entre otros cometidos, del desarrollo de los sistemas de guerra antisubmarina empleados en las plataformas nacionales, tanto aviones y helicópteros como barcos.
Juanjo FernándezEnrique Andrés PretelFormato: María MateoFormato: Luis RodríguezDiseño: Emma EsserDiseño: Laura Martín
Esto abre la puerta a un posible colaborador aeronáutico que, en caso de adquisición, pudiera ofrecer las revisiones de mantenimiento exhaustivas que exigen las autoridades aeronáuticas (no es muy práctico enviarlos a Japón para este cometido). Por ejemplo, Airbus se encarga del mantenimiento de diverso material de la Flotilla de Aeronaves de la Armada.
¿Puede que esto no tenga nada que ver con la potencial adquisición del P-1 por parte de España? Puede. Hay muchas otras razones (no excluyentes) que podrían motivar este memorando de entendimiento y que no tienen nada que ver con una potencial adquisición por parte del Ejército del Aire. Las empresas españolas podrían estar estudiando su entrada en el mercado japonés. O bien, Kawasaki estaría buscando nuevas maneras de acceder al mercado occidental dotando al avión de sistemas europeos, lo que facilitaría su venta en estos países. A día de hoy, la mayoría de sistemas del aparato son de fabricación japonesa, lo que ha reducido sustancialmente el interés de algunas naciones.
Un avión ‘boutique’
El P-1 es un avión de patrulla marítima de largo alcance fabricado por Kawasaki para la Fuerza Marítima de Autodefensa del Japón (en inglés, Japan Maritime Self Defense Force o JMSDF). Junto con el Boeing P-8A Poseidón, son los aviones más modernos y capaces de este segmento. No obstante, es algo más conservador que el estadounidense, pues dispone de una planta motriz de cuatro motores y mantiene el detector de anomalías magnéticas. Dicho sensor, debido a su baja fiabilidad, ha quedado relegado a tareas de confirmación.
Aunque no están directamente relacionados, las raíces del P-1 se remontan al concepto GK-520 que propuso Kawasaki a principios de los 70. Este diseño, que contemplaba una planta propulsora de cuatro motores turborreactores, fue presentado para el programa de la Marina del Japón PX-L, cuyo objetivo era adquirir un sistema de armas que sustituyera al vetusto Lockheed P-2J Neptune.
Enrique Andrés PretelFotografías: Marina G. Ortega
Al mencionado programa también acudió una peculiar propuesta de Boeing conocida como 737-PXL, en la que se ofertaba un Boeing 737-200 con cuatro motores. Al final, el gobierno japonés se decantó por el Lockheed P-3 Orion, derivado del avión comercial Lockheed L-188 Electra. El grueso de la flota, compuesta por más de 100 aviones, fue construido en Japón bajo licencia por Kawasaki. El país asiático cuenta con varias versiones de P-3 (principalmente, guerra electrónica y captación de información óptica).
El Kawasaki P-1 nace a partir del programa P-X para sustituir sus Orion. En 2001, la mencionada firma recibió el estatus de contratista principal. De manera paralela, y compartiendo algunos componentes, se desarrolló el avión de transporte C-2. Su coste unitario oscila entre los 140-160 millones de dólares. Algo superior al coste de los P-8A Poseidón, situado entre los 125-160 millones.
A diferencia de la mayoría de aviones de patrulla marítima que parten de un avión de pasajeros -como el P-3- o de un avión de transporte -como el KQ-200 chino-, el P-1 fue diseñado exprofeso para la guerra antisubmarina. Esto es una hoja de doble filo, pues prácticamente la mayoría de componentes son exclusivos de una aeronave de la que se han fabricado apenas un centenar de ejemplares.
Asimismo, es conveniente mencionar que los aviones de transporte suelen tener una altura libre reducida, ya que esto facilita la labor de carga y descarga. Sin embargo, en los aviones MPA es algo contraproducente, pues impide el uso de una bodega de armas en la que alojar los torpedos. Los chinos plantearon una solución dividiendo la bodega en dos (una compuerta a cada lado).
En el apartado técnico, tiene una longitud de 38 m, una envergadura de 35,4 m y una altura de 12,1 m. Ofrece un alcance máximo de 8.000 kilómetros y una velocidad de crucero de 833 km/h. Está propulsado por cuatro motores turboventiladores de fabricación local IHI Corporation F7.
Sofisticadas fragatas volantes
Este tipo de aviones son auténticas "fragatas volantes", como las definió el almirante francés Pierre Lacoste en su libro Estrategias Navales del Presente. Por ello, cuentan con sensores de todo tipo: radares, antenas para captación de señales electrónicas, detectores de anomalías magnéticas, etc. De todos ellos, destacan las sonoboyas, unos dispositivos que se lanzan desde el avión y, una vez entran en contacto con el agua, pueden captar cualquier tipo de señal acústica que se desplace por la mar. Las ondas electromagnéticas apenas penetran la superficie del agua salada, por lo que es necesario emplear técnicas acústicas.
En el interior de la aeronave, muy parecido al del P-3 Orión, trabajan los 11 miembros que componen su dotación. Tres de ellos, son la dotación de vuelo, es decir, los encargados de volar el aparato. El resto conforma la dotación táctica, responsables de librar la batalla contra el enemigo, trabajando con la información que recopilen los sensores y tomando las decisiones necesarias, como disparar un misil contra un blanco de superficie o un torpedo contra un blanco submarino. Para ello, cuentan con un sistema de combate, cerebro táctico, que incluye algoritmos de inteligencia artificial para asistirlos durante la misión.
Con respecto al armamento, dispone de ocho estaciones externas y otras ocho internas. Las internas soportan una carga de hasta 9.000 kg. Puede disparar misiles antibuque, minas, cargas de profundidad y torpedos.
Desde la baja en diciembre de 2022 del último P-3, la patrulla marítima en España se encuentra en un proceso de renovación. El primero de los C-295 MPA será entregado en 2027, pero este memorando ha hecho que muchos dejen la puerta abierta a la posible compra del Kawasaki P-1. ¿Es un espejismo?
Las Fuerzas Armadas españolas se encuentran inmersas en un amplio y ambicioso proceso de modernización. Una de las capacidades clave a reinstaurar es la de patrulla marítima, perdida a finales de 2022. En verano, se otorgó a Airbus un contrato de 1.700 millones de euros para la adquisición de ocho aviones C-295 de patrulla marítima y ocho de vigilancia marítima. Para muchos expertos, los primeros puede que no sean una solución definitiva. Aquí entra en juego la discreta variable japonesa.