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Primeras elecciones en el Cercle d'Economia, paisaje tras la batalla
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Primeras elecciones en el Cercle d'Economia, paisaje tras la batalla

La votación en el seno del influyente 'lobby' deja diversos movimientos tectónicos de fondo. Desde la frustración de parte de los perdedores hasta el nuevo poder del Banco Sabadell

Foto: Cercle d'Economia.
Cercle d'Economia.
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El Cercle d'Economia ha vivido sus primeras elecciones. Y, bebido el champán por los ganadores, quedan los deberes pendientes de la nueva junta que encabezará Jaume Guardiola: convertirse en punta de lanza de las batallas por ampliación de la tercera pista del aeropuerto de El Prat, tender puentes a la clase política independentista y plantearse el futuro de la entidad. Esta última es la más difícil por el riesgo implícito que tiene un 'lobby' de este perfil de pasar de la gloria a la irrelevancia en 7,4 segundos.

La primera constatación es que Jaume Guardiola ha obtenido una victoria justa tras una campaña muy civilizada. El Cercle no sale roto. De manera oficial, no quedan heridas abiertas, aunque bajo la superficie la situación es más tensa. Sin la agresiva campaña de la candidatura del ganador para que, a la vez que se entregasen los avales, se diesen las delegaciones de votos, el ex consejero delegado del Banco Sabadell también habría ganado, aunque la diferencia no hubiese sido tan grande. Del mismo modo, hay que reconocerle a Rosa Cañadas que, sin ella y su voluntad de concurrir, nunca hubiese habido elecciones. Más allá del resultado, la realidad es que ambos candidatos se encuentran muy distantes y tienen cero química personal.

También se constata la mutación de una masa social. Jaume Guardiola ha ganado porque hay una corriente subterránea de simpatía por Xavier Faus, el presidente saliente que tuvo que torear con la pandemia. Faus dio tres giros significativos y todos ellos de alto riesgo: apoyó los indultos, se trajo las jornadas anuales de Sitges a Barcelona y creó los Premios a la Construcción Europea, que le permitieron traer a la capital a personalidades del calibre de Mario Draghi o Ursula von der Leyen. Faus generaba anticuerpos, sí. Pero a muchos ha gustado su presidencia sin florituras.

Foto: El exconsejero delegado de Banco Sabadell Jaume Guardiola. (EEF/Marta Pérez)

Este “voto Faus” no tiene mucha visibilidad, pero existe, se ha demostrado relevante y, sobre todo, apuesta por el modelo Barcelona Global: hacer cosas concretas, a corto plazo y muy medibles. Los miembros de la candidatura de Rosa Cañadas advierten, sin embargo, que este es un momento más propio para el antiguo Cercle: una guerra en Europa, un retorno de la inflación y un amplio espectro de incertidumbre. Pese a eso, muchos asumen que el Cercle ya no volverá a ser lo que había sido. El resumen del futuro previsible se apoyaría en dos pilares: más peso de las jornadas y menos de las opiniones.

Jaume Guardiola es un hombre de consensos y perfecto para ser continuista, porque los cambios de calado ya los hizo Faus. Su junta es muy homogénea. Se prevé que apenas toque los estatutos y que, a poco que pueda, vuelva a los candidatos por cooptación, el modelo sin elecciones que le ha dado al Cercle su longevidad institucional. Si se vuelve a votar será porque alguno de los 1.300 socios, más joven, por razones que ahora no se nos ocurren y con un programa que resulte impensable, insista en presentarse.

Tanto Guardiola como muchos de sus promotores, es el caso Pedro Fontana, ya han empezado con la operación “borrón y cuenta nueva” para cerrar las heridas que puede haber abierto el proceso electoral. Como esto es Barcelona, de partida todo el mundo acepta el planteamiento. Pero con la boca pequeña, muchos de los perdedores prevén un goteo de bajas lento pero progresivo en los próximos dos años. De aquellos que ya prevén que el Cercle no volverá a ser lo que había sido.

Los retos internos

Por eso, los retos internos son más difíciles que los externos. Habrá que buscar un método que garantice el voto secreto porque en Barcelona todo el mundo sabe ya quién han votado unos y otros. La votación se ha convertido en materia de cotilleos mientras se espera que le sirvan a uno un pica pica de ostras número 2 Dolus d'Oleron. Una entidad con funcionamientos de verdad democráticos debería ser capaz de operar de otra manera. Más de la mitad del voto ha sido delegado y, una vez que delegabas, ya era imposible que tu voto mantuviese el anonimato.

Luego, hay que luchar contra el tiempo. De los 1.300 socios, 300 tienen más de 80 años. Cosas de tener que actualizar un censo electoral. La avanzada edad de buena de la masa social obliga a pensar en un rejuvenecimiento inaplazable, que de no hacerse puede abocar la entidad hacia la irrelevancia. El Cercle necesita más jóvenes y más mujeres. Y que estos supongan un peso específico real en la entidad y no que se limiten a una función ornamental.

De los 1.300 socios del Cercle, unos 300 tienen más de 80 años

La última cuestión de fondo radica en cómo hacer del Cercle un instrumento útil en un momento; puede parecer que este 'lobby' ha pasado de moda. Muchos se preguntan si en la era de las charlas TED el Cercle sigue funcionando como en los años 70, cuando se traía a Barcelona un catedrático de Harvard y todo el mundo se quedaba con la boca abierta. El Cercle puede quedar atrapado entre una patronal como Fomento del Trabajo que encabeza la oposición a Ada Colau y un Barcelona Global convertido en la entidad de moda y cuyos miembros y los de la actual junta del Cercle cuentan con muchas dobles militancias.

De la confrontación a la presión

La historia del Cercle vino marcada por unos grandes empresarios que se entretenían confrontando con intelectuales y economistas de corte socialdemócrata. Eso ha desaparecido y se ha de buscar otra vía para no perder esa tensión interna que ha enriquecido los resultados de las fundamentadas opiniones que ha ido emitiendo el Cercle en sus más de seis décadas de historia. Un riesgo de la actual junta es que por una sobredosis de IESE y ESADE no solo se desconecte del independentismo, problema que ya existe, sino que se distancie del PSC, que tradicionalmente ha tenido un peso relevante en el 'lobby' y de donde han venido importantes aportaciones.

Por último, el Banco Sabadell ha dado un puñetazo encima de la mesa. Guardiola, como Faus, hablan siempre de Barcelona. En una ciudad donde los Torres Negras de La Caixa han impuesto su ley desde tiempo inmemorial, poniendo y quitando reyes, el banco que preside Josep Oliu ha apostado a fondo por su ex consejero delegado y ha demostrado que podía imponer a su candidato en una entidad de prestigio como el Cercle. Es verdad que no ha luchado a contracorriente. Pero que el nuevo oficialismo en la capital catalana venga de la mano del Banco Sabadell y no de la estrella de Miró muestra un cambio en las corrientes del poder en Cataluña. Joan Laporta ya se hizo con la presidencia del FC Barcelona gracias a la indispensable ayuda del Banco Sabadell. Ahora, Guardiola repite la jugada con una implicación de la entidad financiera todavía mucho más a fondo que en el caso del Barça. CaixaBank gana el doble que el Banco Sabadell, pero, a la hora de mover los peones del poder en esa encrucijada de la política, la economía y la influencia en Cataluña, todo apunta a que, a partir de este momento, hay que contar con un nuevo jugador en la plaza catalana.

Con la presidencia de Guardiola, el Banco Sabadell reclama pintar algo en Barcelona

Tal vez en el Cercle el cambio ya lo hizo Faus. Pero la presidencia de Guardiola puede ser el síntoma de alteraciones mucho más profundas y a largo plazo en el seno del empresariado catalán que se materializarán en ese futuro incierto de guerra e inflación que dicen todos los agoreros que nos espera.

(A partir de las próximas semanas la sección Masa Crítica descansará de su encuentro con los lectores de El Confidencial cada sábado. Volveremos el próximo 3 de septiembre)

El Cercle d'Economia ha vivido sus primeras elecciones. Y, bebido el champán por los ganadores, quedan los deberes pendientes de la nueva junta que encabezará Jaume Guardiola: convertirse en punta de lanza de las batallas por ampliación de la tercera pista del aeropuerto de El Prat, tender puentes a la clase política independentista y plantearse el futuro de la entidad. Esta última es la más difícil por el riesgo implícito que tiene un 'lobby' de este perfil de pasar de la gloria a la irrelevancia en 7,4 segundos.

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