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Presos, albarcas y sangre en los nudillos: los secretos de Fiesta, la gran casa de la piruleta
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CASI 70 AÑOS DE HISTORIA

Presos, albarcas y sangre en los nudillos: los secretos de Fiesta, la gran casa de la piruleta

La factoría ha pasado por diversos vaivenes, entre despidos y luchas de los trabajadores, quienes recuerdan sus inicios y todo lo que ha cambiado el negocio desde entonces

Foto: Entrada de la fábrica de Fiesta en Alcalá de Henares. (Cedida)
Entrada de la fábrica de Fiesta en Alcalá de Henares. (Cedida)
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Hubo un tiempo en el que las piruletas y los Kojak los hacían presos de la cárcel Alcalá-Meco. Se desplazaban, durante algunos meses, a la fábrica de Fiesta, una planta que tras más de seis décadas de funcionamiento aún sigue en pie. Allí, entre el olor a chicle y caramelo, se llegaron a congregar 600 trabajadores. Ya no hace falta que los operarios utilicen zapatillas de andar por casa para no resbalarse por el suelo, aunque el espíritu de los más veteranos continúa impregnado en la factoría. Cientos de lolipops, fresquitos y regalices salen de la nave cada día, raudos y veloces, para hacer las delicias de los niños y niñas que los tienen a su alcance en países de todo el mundo.

Juani García entró en Fiesta en mayo de 1979 y la primera vez que fue al servicio se perdió, a pesar de que la fábrica tan solo contaba con dos naves. También recuerda que en aquellos años el trabajo se realizaba mucho más a destajo que en la actualidad "y con poquitas medidas de seguridad". En su memoria queda la sangre, literal, de los nudillos: “Si te ponían donde se envasaba el caramelo Kojak, después de que una máquina lo pesara caía en una especie de embudo donde teníamos que darle con los puños a la velocidad de la máquina, y acabábamos con las manos ensangrentadas, imagínate la forma de trabajar que había”, se explaya esta antigua trabajadora con décadas de experiencia en la fábrica.

"Para fabricar los caramelos Kojak, acabábamos con las manos ensangrentadas"

Natural de Jaén y vecina de Alcalá de Henares desde que tenía cuatro años, dice haberse criado en la empresa que la terminó despidiendo hace casi un año y medio. En ese largo tiempo de crianza y madurez coincidió con Juanjo Álvarez, que entró en Fiesta en 1981. Aunque apenas hay registros al respecto, es él quien apunta que la fábrica se fundó en 1953 por la familia Mayoral, original de Caracas. Sus registros determinan que en 1965 la plantilla ascendía a 70 operarias, pues la mayoría eran mujeres. Esta cifra aumentó con los años hasta llegar a su punto más álgido, a finales del siglo XX, cuando la red de venta también era propia. Así, llegaron hasta los 600 puestos de trabajo, unos 350 de ellos solo con los operarios de la planta.

“Cuando entré, la empresa te facilitaba uniforme, pero no zapatos, y como había compañeros que trabajaban ocho horas en una zona en la que suele haber agua en el suelo, llegaban a la fábrica con zapatillas de franela, e incluso he visto trabajar a compañeros con albarcas de llanta de vehículo. Otros preferían zapatillas de andar por casa, que aunque eran más cómodas, sudabas mucho más”, relata Álvarez.

Papel higiénico como distinción

Su experiencia en la casa de la piruleta también le evoca lo que ocurría con el papel higiénico de la marca El Elefante. Según incide, esa era otra forma de marcar la diferencia entre los operarios de la factoría y el personal de oficina. Así lo enuncia: "Antes las empresas no ponían el papel en los aseos y El Elefante era lo mejor de lo mejor, aunque nosotros no lo pudimos utilizar hasta tiempo después. Mientras tanto, usábamos papel de estraza, el de envolver la fruta, o de periódico".

Fiesta, al fin y al cabo, es conocida por su piruleta, un caramelo sin parangón en cuanto a forma. Este corazón dulce es el hermano mayor del popular Kojak, el primer caramelo con un chicle dentro pegado a un palo. Luego llegarían otros productos también populares como el fresquito y el lolipop. "Exportamos a países de todo el mundo. Australia, Holanda, El Líbano… Recibimos pedidos y encargos de muchos lugares", añade Sergio Alonso, actual miembro del comité de empresa, quien afirma que la plantilla actual asciende a 160 trabajadores.

placeholder La piruleta de Fiesta es la auténtica reina de la empresa. (G. M.)
La piruleta de Fiesta es la auténtica reina de la empresa. (G. M.)

Alberto Huerta también vivió entre las paredes de Fiesta la época de bonanza para todos que precedió a la bonanza para unos pocos, ya entrado el siglo XXI. Allí todos le conocen como Chili y, aunque se jubiló hace apenas dos meses, los 40 años de experiencia en la empresa salen por sus poros. “Yo he vivido lo de los presos, que venían de Alcalá-Meco con contrato y al poco se iban, pero eso se dejó de hacer cuando ya no hacían falta porque éramos suficientes”, agrega. Han sido décadas de trabajar forzosamente con un cuerpo que ya ha logrado su merecido descanso: “Ahora han automatizado algunas funciones, pero antes teníamos que descargar y transportar sacos de 60 kilos de azúcar, era un trabajo muy manual todo. Todos los chavalines te decían que querían trabajar ahí, como tú, pero aunque hacíamos dulces, nosotros nos partíamos el cobre”.

Caramelos con la nómina

Chili llegó a Fiesta en 1982, un tiempo en el que el despido no suponía el mismo callejón sin salida que ahora, y menos en Alcalá de Henares. "Cuando vine había mucha industria, aunque ahora han desaparecido casi todas. Al principio, que estábamos temporales, nos decíamos unos a otros que si nos echaban iríamos a Roca, la Perlofil o Cedasa, pero es que ahora o han cerrado o se las han llevado a otro sitio. Yo creo que Fiesta es de las factorías más importantes que permanecen en la ciudad", apuntilla este antiguo trabajador de 61 años.

"Al final de mes, cuando nos daban la nómina, también nos daban medio kilo de caramelos"

El aroma a caramelo y chicle con que llegaba a su casa le dejó de hacer gracia a su esposa después de los primeros días. No sucedió así con sus numerosos sobrinos, que siempre querían algunas chuches de Fiesta: “Al final de mes, cuando nos daban la nómina, también nos daban medio kilo de caramelos, y los siguen dando todavía, ahora un kilo entero”, rememora la voz de la veteranía.

Su balance en la empresa es positivo, aunque no se olvida de los accidentes laborales que también han tenido lugar en la misma. "A un compañero se le quedó bastante tocada la mano después de que le pillara el rodillo de un engranaje de una cadena, y a otro, por la noche, un túnel le pilló la mano y se quedó dando gritos porque no podíamos ir ni para adelante ni para atrás", refleja Chili. Accidentes "no muy graves, pero delicados", como él los denomina, y que llegó a protagonizar. Según comenta, “casi todos tenemos quemaduras o te ha pillado un dedo alguna máquina. A mí, al poco de entrar, una máquina casi me arranca el dedo. Me queda todavía la marca y el mal recuerdo, porque también me retorció el anillo de casado y luego no podía sacármelo”.

El ERE y los últimos despidos

García, que también ha pasado cuatro décadas en Fiesta, aún no se cree que tenga las tardes libres después de haber estado décadas trabajando de 14 a 22 horas. Ella fue una de las nueve últimas personas despedidas en diciembre de 2020. "Echaron a gente de recepción, limpieza y vigilancia, justo los puestos que habíamos conseguido mantener en el anterior ERE", resume la afectada. Se refiere al concurso de acreedores que enfrentaron en 2011 y que se saldó con la salida de 103 personas. “Eso nos hizo un daño brutal, porque no nos quedó otra que firmar el despido de gente que conocíamos de toda la vida, que habíamos ido al bautizo de sus hijos y al entierro de sus padres”, desarrolla Álvarez.

A pesar de que la empresa propuso el despido de 127 personas, consiguieron que 24 mantuvieran sus puestos de trabajo. Una de ellas fue la propia García, que pasó de ser operaria en la nave a realizar funciones de vigilancia, un puesto hasta entonces externalizado. "Teníamos una tradición muy larga de lucha en la fábrica, de encierros en el ayuntamiento de la ciudad, manifestaciones y asambleas en la iglesia de San Isidro, incluso hace años estuvimos 45 días en huelga por un convenio digno", señala Álvarez.

placeholder Entrada a la fábrica de Fiesta en Alcalá (Cedida)
Entrada a la fábrica de Fiesta en Alcalá (Cedida)

El declive del que ahora se ha recuperado la compañía comenzó con la muerte del que la puso en pie. Según explica Alonso, "los hijos se quedaron a cargo y quisieron llevarse la producción a la India, lo que se acabó convirtiendo en el ERE". Más tarde, la empresa de dulces Colombina, empresa de gran envergadura en Latinoamérica, adquirió la planta. "Hemos continuado con la producción y han intentado cambiar algunas cosas. Parecía que iban a hacer muchos cambios y prácticamente no han hecho ninguno", se queja este sindicalista de Comisiones Obreras con 24 años de experiencia en Fiesta.

"Esto que ocurrió con nosotras, hace algo más de un año, no se habría consentido en los años ochenta ni noventa, no se habría quedado así. Veía que la gente estaba un poco fría, que nada era como en las décadas anteriores", ilustra García sobre su salida de la empresa. Se convocaron varios paros parciales en la factoría a los que, poco a poco, fue acudiendo menos gente, y no se pudo hacer nada por revertir los despidos. Los trabajadores que quedan, por su parte, siguen luchando por unas condiciones lo más dignas posible, mientras el olor a chicle y caramelo continúa inundando una de las pocas grandes factorías que quedan en Alcalá de Henares.

Hubo un tiempo en el que las piruletas y los Kojak los hacían presos de la cárcel Alcalá-Meco. Se desplazaban, durante algunos meses, a la fábrica de Fiesta, una planta que tras más de seis décadas de funcionamiento aún sigue en pie. Allí, entre el olor a chicle y caramelo, se llegaron a congregar 600 trabajadores. Ya no hace falta que los operarios utilicen zapatillas de andar por casa para no resbalarse por el suelo, aunque el espíritu de los más veteranos continúa impregnado en la factoría. Cientos de lolipops, fresquitos y regalices salen de la nave cada día, raudos y veloces, para hacer las delicias de los niños y niñas que los tienen a su alcance en países de todo el mundo.

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