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Más 'foodtech', menos macrogranjas: el debate que debería tener España
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ya hay 400 startups

Más 'foodtech', menos macrogranjas: el debate que debería tener España

Aunque las magnitudes son aún pequeñas, el pasado 2021 la inversión en nuevas compañías tecnológicas enfocadas en el sector agroalimentario se triplicó, hasta alcanzar los 700 millones

Foto: Cerdos en el corral de una granja. (EFE/Orlando Barría)
Cerdos en el corral de una granja. (EFE/Orlando Barría)
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Alberto Garzón vuelve a estar en el centro de la polémica. El ministro de Consumo la ha liado de nuevo al hablar de carne, ahora por las declaraciones realizadas en una entrevista al diario británico 'The Guardian', donde critica el modelo expansivo de las macrogranjas en España. Una vez más, la imprudencia cometida por sus formas desvía la atención del verdadero asunto: qué modelo de producción cárnica estamos desarrollando como país, hasta qué punto es sostenible de acuerdo a nuestros recursos naturales y qué papel jugamos en los modelos de alimentación del futuro.

Después del Turismo y la Automoción, el sector Agroalimentario es el tercer pilar de la economía del país, con un peso de casi el 10% del PIB. Hay muchos intereses en juego, como bien reitera de forma incriminatoria el propio Garzón para explicar el motivo de tantas críticas a sus palabras. Sin embargo, el ministro de Unidas Podemos prefiere poner el foco en la parte más convencional y de menos valor añadido de la cadena alimentaria en lugar de enfatizar sobre los avances que España está dando como impulsora de proyectos 'foodtech' (implementación de tecnología disruptiva).

Aunque las magnitudes son aún pequeñas, el pasado 2021 la inversión en nuevas compañías tecnológicas enfocadas en el sector agroalimentario se triplicó, hasta alcanzar los 700 millones. En España existen ya más de 400 startups, cifras similares a las de Francia o Alemania, superiores a las de Reino Unido, pero muy lejos de las que registran países más pequeños y con menos recursos naturales como Israel o Singapur, según los datos del Informe sobre el 'Estado del Foodtech en España' realizado por Eatable Adventures, una de las principales aceleradoras 'foodtech' del mundo.

Esta dinámica demuestra que la creciente sensibilidad por la sostenibilidad y la demanda de productos más saludables está siendo identificada como una oportunidad de negocio y a su vez como una ocasión para transformar el sector primario (agricultura y ganadería) del país, dado que es el segmento que mayor número de startups concentra. Hablamos de modernización de los cultivos, nuevos métodos de producción, aplicación de biotecnología en los campos o ingredientes alternativos para creación de alimentos, nada que ver con los esquemas del siglo pasado.

De hecho, el modelo de las macrogranjas en España se remonta a la década de los 70, principalmente en Cataluña. Una empresa integrada verticalmente subcontrata el engorde del animal a un tercero, que asume el riesgo industrial de la explotación ganadera y la gestión del impacto medioambiental que genera (metano, purín, agua residual…). Este modelo genera economías de escala que concentra la oferta (grandes ganaderos), aumenta capacidad de producción (exportación) y reduce costes en el bien de consumo (ideal para marcas blancas de la gran distribución).

Entre crecimiento sostenido en el tiempo ha hecho de España algo así como la granja de todo el territorio de Europa

El desarrollo de este modelo, extendido ya a otros territorios como Aragón, Castilla y León, Valencia, Murcia y Castilla-La Mancha, ha contado con ayudas públicas directas o indirectas, bien con dinero (fondos europeos) o con decisiones legislativas (declaración de estratégico), como recoge en un reciente trabajo Datadista. Cuatro o cinco décadas después, nuestro país cuenta con un puñado de grandes operadores cárnicos, como Grupo Fuertes (El Pozo), Campofrio (Sigma), Valls Companys, Incarlopsa (Mercadona), que superan los 1.000 millones de facturación cada uno.

Entre crecimiento sostenido en el tiempo ha hecho de España algo así como la granja de Europa. De acuerdo a datos oficiales, nuestro país lidera el número de cabezas de ganado porcino de la Unión Europea con más de 32 millones de animales. Los cerdos representan casi el 40% de la actividad ganadera del país y un 15% de la producción agraria. En solo una década, este segmento ha registrado un crecimiento de casi el 30% y en 2020 nos situó como cuarto productor del mundo en 2020, con 56 millones de cerdos sacrificados, por detrás de China, Estados Unidos y Alemania.

Foto: Foto: Jose Luis Gallego Opinión
España: la macrofábrica de carne y pienso
Mar Calvet Elisa Oteros Abel Esteban

Todo ese negocio, con gran peso en la España interior, se teje a través de más de 88.000 explotaciones, con casi un 80% en ganadería intensiva (instalaciones industrializadas con más de 2.000 cabezas encerradas y con alimentación permanente mediante piensos). El modelo responde a la lógica económica, la cuadra porcina ha crecido un 50% con un 10% menos de ganaderos desde 2007, pero su impacto empieza a generar rechazo social, más allá de las polémicas palabras de Garzón. Ahora ya está todo politizado, aunque el debate sea superficial y demagógico.

Por suerte, el ministro de Consumo no aludió a las carencias de nuestro país para liderar la revolución 'foodtech' que está teniendo lugar en el mundo. Podría haber hecho mención a la distancia entre las universidades y los centros de innovación, como demandan los emprendedores, o la falta de apetito del dinero nacional por el sector, a diferencia de los inversores extranjeros, por no hablar de las dificultades para acceder a ayudas públicas. Pero con elecciones de por medio, todo se ha polarizado. Si hablara Victoria Beckham diría que España ("huele a ajo") tiene aroma de cerdo.

Alberto Garzón vuelve a estar en el centro de la polémica. El ministro de Consumo la ha liado de nuevo al hablar de carne, ahora por las declaraciones realizadas en una entrevista al diario británico 'The Guardian', donde critica el modelo expansivo de las macrogranjas en España. Una vez más, la imprudencia cometida por sus formas desvía la atención del verdadero asunto: qué modelo de producción cárnica estamos desarrollando como país, hasta qué punto es sostenible de acuerdo a nuestros recursos naturales y qué papel jugamos en los modelos de alimentación del futuro.

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