La vuelta de las sedes de las empresas que se fueron en 2017: ni está ni se le espera
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Divorcio en los centros de decisión

La vuelta de las sedes de las empresas que se fueron en 2017: ni está ni se le espera

La marcha de sedes siempre ha sido puesta como el gran catalizador de la decadencia de Barcelona como centro de decisión económica, pero el cambio va mucho más allá del 'procés'

Foto: Un manifestante asalta una sede de CaixaBank en Barcelona en las protestas de la detención del rapero Pablo Hasel. (Joan Mateu Parra)
Un manifestante asalta una sede de CaixaBank en Barcelona en las protestas de la detención del rapero Pablo Hasel. (Joan Mateu Parra)

Las empresas se fueron de Cataluña en 2017 y en su mayoría no han vuelto. Más de 1.600 sociedades cambiaron de sede por la crisis política soberanista, entre ellas la Fundación Bancaria "la Caixa", Criteria, CaixaBank, Banco Sabadell, Abertis, Naturgy, Colonial, Catalana Occidente y Cellnex. Lo más granado del Ibex. De las grandes solo Grifols aguantó en Barcelona y también Fluidra, que más tarde entró en el Ibex 35. El regreso ha estado en diversas agendas, pero no ha podido concretarse. Ha pasado como con los millones de euros de ahorro que salieron de Cataluña vía cuentas espejo: la mayoría no han regresado.

La marcha de sedes siempre ha sido puesta como el gran catalizador de la decadencia de Barcelona como centro de decisión económica, acelerada por el 'procés', pero que ya venía de antes. Desde que sucedió el fenómeno, dos personas han intentado revertirlo en mayor o menor medida. Las dos han fracasado.

Foto: Un comercio cerrado en el centro de Barcelona. (Joan Mateu Parra)

El primero fue Pere Aragonès. Cuando era 'conseller' de Economía le solicitó a Isidre Fainé que al menos volviese la sede de la Fundación Bancaria "la Caixa", según explican fuentes financieras conocedoras del encuentro, en este momento situada en Mallorca. Aragonès es un técnico, entendía que los bancos no podrán regresar por la presión de los tenedores de los depósitos, pero aspiraba a un cambio en otros ámbitos que pudiese servir de tractor a otro tipo de empresas. No fue posible. Fainé le recordó al entonces vicepresidente económico que no se daban las condiciones objetivas para un movimiento de tal calado.

El segundo ha sido el presidente de la patronal Fomento del Trabajo, Josep Sánchez Llibre. Sánchez Llibre partió de la posición de salida de Fainé. Si no se daban las condiciones objetivas al menos había que provocarlas. Según fuentes de la patronal, estuvo trabajando de manera discreta en un acuerdo por el que significadas empresas volvían a cambio de una propuesta de resolución del Parlament votada por la mayoría y en la que se renunciaba a la vía unilateral. Esta operación tampoco ha fructificado, porque si bien el Parlament es mucho más moderado presidido por Laura Borràs que en manos de Carme Forcadell, la radicalidad se ha mantenido en los discursos, que no en los hechos. Esta moderación en la práctica no se ha visto reflejada en el relato político que ha seguido muy en contra, por ejemplo, de las grandes empresas españolas. No tenía sentido para una mayoría parlamentaria respaldada por la CUP hacer grandes peroratas desde la tribuna contra el Ibex 35 y luego pactar para que trajesen de vueltas sus sedes sociales y centros de decisión a Barcelona.

Lejanía mental

El problema no es tanto de liderazgo político como de lejanía mental entre el nuevo poder económico y la clase política. En la época del pujolismo había la cúpula de "la Caixa" —Josep Vilarasau, Ricard Fornesa, Isidre Fainé y Antoni Brufau— que anticipaba la actual casta de altos directivos desvinculados de la propiedad; y luego los empresarios familiares que eran los principales socios de sus propias empresas, tipo Carlos Ferrer Salat o Lluís Carulla. Todos ellos tenían una visión de Barcelona y un legado que defender —el de los Güell, Molins o Sagnier—. Esa élite jugaba partidas de ajedrez diarias con Jordi Pujol y Pasqual Maragall y tenían sus propios hombres puente entre el lado privado y el lado público del río: los Miquel Roca, Antoni Duran i Lleida, Francesc Homs o el propio Josep Sánchez Llibre en su época de diputado en el Congreso.

Nadie juega hoy el papel de hombre puente entre la política y la economía en Cataluña

Con el paso del tiempo, el peso de los directivos se ha incrementado, en detrimento de muchos empresarios familiares que han vendido sus compañías —Cirsa, Ficosa, Titán, solo por poner algunos ejemplos—. Los nuevos hombres fuertes son directivos puros como Wayne Griffiths (Seat), Francisco Reynes (Naturgy), Tobías Martínez (Cellnex) o Pere Viñolas (Colonial), que se encuentran a años luz de una clase política embarcada en una aventura independentista en la cual los nuevos reyes del mambo económico no pueden creer a causa de sus propios intereses multinacionales. Los antiguos puentes han volado. Los gurús que se han alejado del mundo de ERC para irse al sector privado, como Miquel Gamisans, se encuentran aún muy lejos de asumir un rol de enlace entra las dos orillas equivalente al que en su día detentaban perfiles como Xavier Trias. El ahora 'conseller' de Economía, Jaume Giró, hubiese sido perfecto para haber asumido ese papel una vez que salió del mundo Caixa, pero los cantos de sirena de la política dieron al traste con la que hubiera resultado una alternativa idónea.

Al contrario, muchas veces en un Parlament cuya mayoría depende de la CUP, como denunciaba el documento del Cercle, se legisla por sistema justo contra estas empresas buscando el aplauso fácil de la bancada y el voto del electorado más populista.

Sin proyecto conocido

Barcelona sigue generando proyectos económicos interesantes. Pero nadie sabe lo que piensa Oscar Pierre, consejero delegado de Glovo, sobre la ciudad que le sirve de plataforma o cuál es el modelo de los fundadores de Wallbox para la capital catalana. Todo el mundo da por hecho que estarán a favor de una ampliación del aeropuerto de El Prat, sin la cual tal vez no vuelvan a aparecer proyectos como estos. Pero no se pronuncian en público y no asumen el aire de viejos patricios que interpretaban sin rubor los antiguos empresarios familiares y que hoy poco encajarían con una persona como Maite Barrera, la fundadora de la consultora Bluecap y nueva chica maravilla de las finanzas españolas. Valgan estos tres ejemplos para poner de manifiestos que Barcelona puede tener una mala salud de hierro, pero que todavía atesora mucho futbol en sus viejas y cansadas botas empresariales.

El 'procés' ha alejado a la clase política catalana de las inquietudes de la élite económica. Pero esta élite también ha cambiado. Tiene muy poco que ver con los Salvador Alemany y compañía que reconstruyeron el Liceu en los años noventa, con dinero público, por cierto. Ahora están más pendientes de la cotización del bitcoin o de cómo cerrarán la siguiente ronda de financiación. El primer paso para eludir la decadencia de Barcelona es volver a conectar esos dos mundos.

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