Florentino busca en Italia el plan de pensiones de ACS... y de sus herederos
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análisis de la operación

Florentino busca en Italia el plan de pensiones de ACS... y de sus herederos

Con la compra de ASPI, el empresario encarrila el final de su carrera, deja una herencia en forma de caja recurrente y garantiza el futuro de la empresa, más allá de quién sea el sucesor

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Florentino Pérez

Dejar todo atado y buen atado. Es el objetivo número uno que tiene ahora mismo Florentino Pérez, presidente de ACS, sobre la mesa, y la razón de fondo que explica la jugada maestra que el empresario, especialista en sorprender al mercado, quiere llevar a cabo en Italia con la compra del 88% de la empresa de autopistas Austostrade per l'Italia (ASPI), que controla Atlantia.

A sus recientemente cumplidos 74 años, Pérez lleva años sufriendo la presión de los inversores institucionales por garantizar su relevo, testigo que parecía destinado a Marcelino Fernández Verdes, pero que tras la fulminante destitución del ejecutivo, hace apenas diez días, deja en el aire la sucesión al frente del grupo de infraestructuras.

Foto: Marcelino Fernández Verdes, durante una rueda de prensa de Hochtief. (EFE)

Un hólding que siempre ha tenido como número dos 'de facto' a Ángel García Altozano, verdadera mano derecha del presidente, mientras que la izquierda ha sido para el secretario del consejo, José Luis del Valle. Los tres son la columna vertebral del grupo, pero todos superan ya los 70 años, y la prudencia recomienda tener garantizada la continuidad. Un relevo que va más allá de las personas, porque, de lo que se trata, es garantizar la continuidad de la compañía.

Un plan de pensiones que Pérez ha encontrado en Italia, con una operación que es, a la vez, defensiva y ofensiva. Defensiva porque los 4.900 millones de euros que conseguirá con la venta de Cobra a Vinci exigen encontrar una oportunidad de inversión rápida, que evite tenerlos en caja, como miel que llama al oso a un banquete al que no ha sido invitado. Y ofensiva, porque supone atacar a un negocio con mucho menos riesgos que la construcción y más rentable.

placeholder Giovanni Castellucci, consejero delegado de Atlantia, con Florentino Pérez.
Giovanni Castellucci, consejero delegado de Atlantia, con Florentino Pérez.

Si la jugada sale como pretende Pérez, ACS completará el proceso de transformación en el que lleva embarcada meses, movimiento dirigido a tener una estructura más simple y, sobre todo, un negocio más predecible, menos cíclico y con mayor capacidad de generar caja. Lo más parecido a un bono, o a un plan de pensiones. Con la adquisición de ASPI, por tanto, el también presidente del Real Madrid encarrilaría el final de su carrera, dejando a su sucesor (el que él quiera y cuando él quiera) una empresa más estable y sencilla de gestionar.

Pero, tan importante como lo anterior, es dejar también este plan de pensiones a sus herederos, para quienes este modelo de empresa es prácticamente un dividendo garantizado sin apenas problemas de gestión. Lo que todo padre puede desear para sus hijos. Sobre todo, cuando el padre, con una participación del 13%, es el primer accionista de un grupo que vale 8.500 millones en bolsa.

Foto: EC Diseño.

El salto de dimensión que puede dar ACS con la adquisición a Atlantia va más allá de los 4.100 millones de euros de ingresos y 2.200 millones de beneficio bruto operativo (ebitda) que tuvo ASPI antes de la pandemia, empresa por la que ha ofrecido 10.000 millones de euros. En esta adquisición, el grupo español va de la mano de CDP (Cassa Depositi e Prestiti), el equiparable al ICO italiano, y como apuntan los expertos de Alantra, su ambición podría ir mucho más allá de la empresa de autopistas para aspirar a una fusión de la matriz, Atlantia, con Abertis.

"Nuestro caso central es que Atlantia y ACS abran ahora un proceso de negociación, que podría extenderse varios meses, con el final de la partida siendo la fusión de Atlantia y Abertis", señala Alantra en un informe. Abertis está participada en un 50% por Atlantia, en un 30% por ACS y en un 20% por Hochtief, filial alemana del grupo de Pérez.

placeholder Sede ACS. (EFE)
Sede ACS. (EFE)

Este reparto de participaciones, unido a que ACS abordaría la operación de la mano de CDP (y probablemente con más fondos), permitiría a Pérez quedarse con una participación del 40%-45%, lo que le libraría de tener que anotarse toda la deuda, al tiempo que le permitiría consolidar globalmente el beneficio, gasolina para una generosa política de dividendos. El alimento de todo rentista.

En este enfoque de dejar como herencia una autopista de ingresos recurrentes y retribuciones estables para los accionistas, ACS respalda el giro que ya dio Sacyr hace cinco años, cuando decidió concentrar sus esfuerzos en concesiones, con Italia como mercado estrella europeo, y el que siguió Ferrovial hace dos años, cuando tomó la decisión de vender Servicios para apostar por construcción y concesiones.

Una vuelta a los orígenes de las grandes grupos de infraestructuras nacionales que, en el caso concreto de ACS, permitirá a Pérez dejar todo atado, y bien atado.

Dejar todo atado y buen atado. Es el objetivo número uno que tiene ahora mismo Florentino Pérez, presidente de ACS, sobre la mesa, y la razón de fondo que explica la jugada maestra que el empresario, especialista en sorprender al mercado, quiere llevar a cabo en Italia con la compra del 88% de la empresa de autopistas Austostrade per l'Italia (ASPI), que controla Atlantia.

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