Una década lejos de El Corte Inglés: los González jugaron mejor que Dimas Gimeno
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Tras vender su participación

Una década lejos de El Corte Inglés: los González jugaron mejor que Dimas Gimeno

Otro accionista de referencia como Ingondel se desvinculó en 2009 y sus herederos invierten con éxito su fortuna

placeholder Foto: Dimas Gimeno ha creado el 'marketplace' WOW.
Dimas Gimeno ha creado el 'marketplace' WOW.

En el último medio siglo, las familias accionistas de El Corte Inglés se convirtieron en emergentes fortunas de España. La historia de éxito de los grandes almacenes (como el patrimonio de los Álvarez, Areces, González...) creció en paralelo al desarrollo económico y social del país, hasta llegar a convertirse, gracias a la nueva clase media consolidada tras la Transición, en la meca aspiracional del gran consumo patrio. Fue y todavía es un pilar de la economía española (llegó a tener más de 100.000 empleados), pero la crisis financiera de 2007 destapó de golpe todas las debilidades (modelo, gobernanza, sucesión…) que un pasado glorioso había solapado.

En esa época, antes del cierre del dramático ejercicio de 2008, con un desplome del 50% del beneficio, uno de sus accionistas de referencia –Ingondel– vendió su participación del 6%, algo insólito en la historia de El Corte Inglés. Detrás de esa sociedad estaba David González, junto a su esposa y cinco hijos, vinculado al clan de empresarios asturianos fundadores de la compañía: era sobrino-nieto del fundador y primer presidente, César Rodríguez González, e hijo de una prima carnal del segundo presidente, Ramón Areces. Estuvo en el consejo de administración más de 40 años, pero llegado el momento hizo números y pidió la cuenta: algo más de 300 millones.

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Fachada de El Corte Inglés del Paseo de la Castellana de Madrid. (EFE)

Ninguno de los accionistas de referencia pensó entonces que su familiar hizo un buen negocio. Isidoro Álvarez, como presidente y primer accionista, gestionaba con puño de hierro la compañía desde los años 90, incluidas las operaciones de recompra de acciones, hasta terminar incluso en los tribunales por discrepancias de precio, como ocurrió con la rama de los Areces Fuentes. Pero la familia González-Delgado lo tuvo claro: ninguno de sus cinco hijos iba a mandar y el modelo de negocio se complicaba (impacto de 2008), por lo que asumir un descuento muy relevante (en torno al 50%) a cambio de hacer caja era el peaje para empezar de cero lejos de El Corte Inglés.

Por aquellos años, la figura de Dimas Gimeno (en lugar de su hermano mayor Miguel Ángel) todavía no apuntaba maneras de sucesor y se esforzaba en hacer cantera dentro de la compañía, incluido su paso por Portugal. Por debajo del todopoderoso Isidoro y su vieja guardia (Florencio Lasaga y Carlos Martínez Echevarría), el ejecutivo y consejero más prominente entonces era Juan Hermoso, una generación más joven, ambicioso, responsable de fichajes de campanillas para renovar la estructura de la compañía (José María Folache, Luis Ignacio Caballero, Agustín García Poveda, Pedro Gil…). Todo un príncipe sin vínculo de sangre para heredar el trono.

Mientras el tiempo despejaba la incógnita sucesoria, los González-Delgado se pusieron en manos de profesionales para administrar su patrimonio. No se complicaron ni trataron de reinventar el futuro del comercio 'online'. Apostaron por algo más básico: el ladrillo. Primero en nuestro país, comprando edificios de oficinas en ubicaciones 'prime', con buenos inquilinos; y luego en mercados como el de Reino Unido. Sin hacer ruido y con un perfil bajo, como otras fortunas familiares en esa época (Lladó, Reyzábal, Caboel, Andik…), hicieron una cartera con más de media docena de activos que con el transcurso de los años fueron rotando, con las correspondientes plusvalías.

Foto: Dimas Gimeno. (EFE)

Alejados de las intrigas y turbulencias de esta última década, El Corte Inglés ha conocido desde su marcha a cuatro presidentes y ha visto además cómo dos de sus accionistas más destacados (y a su vez familiares) se peleaban en plaza pública y en corte judicial por el control del gigante. Al final, las hijas de Isidoro Álvarez (Marta, actual presidenta, y Cristina) se impusieron a su primo Dimas, que tras abrir varios frentes ha optado por enterrar el hacha de guerra a cambio de un pacto para vender su participación (indirecto a través de IASA), aunque el precio (en torno a 150 millones) implique un descuento similar al afrontado en su día por los González-Delgado.

Solo el tiempo dirá si esta cantidad es buena. De entrada, es más que pertinente para hacer cuentas en junio con Hacienda, a quien tiene que pagar la mitad de la herencia envenenada recibida de Isidoro. Su reto es ahora hacer funcionar las otras decenas de millones tan bien como los herederos de Ingondel, que en 2017 compraron por cerca de 70 millones un 5% de la cotizada Callaway, el fabricante estadounidense de productos de golf que en solo cuatro años ha multiplicado su valor por dos (100% de rentabilidad). De momento, el proyecto de Dimas pasa por un fondo de inversión enfocado al 'tech-retail': apuesta por la disrupción digital que dejó escapar El Corte Inglés.

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