Todo lo que Caixa y Javier de Paz han influido en el polvorín de Prisa
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Todo lo que Caixa y Javier de Paz han influido en el polvorín de Prisa

La nueva posición de José María Álvarez Pallete fue gestándose durante meses con el apoyo de algunos de sus principales valedores

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Logo del Grupo Prisa. (EP)

Muchas zapatillas gastadas, varios maratones en Nueva York y otros tantos años a la sombra de César Alierta han forjado una estrechísima relación entre Javier de Paz y José María Alvarez-Pallete, a la sazón, consejero y presidente de Telefónica, respectivamente. Todo lo ocurrido en los últimos meses en torno a Prisa, aunque las intrigas en torno al control del primer grupo de medios del país se remontan a la muerte de su fundador y entonces primer accionista Jesús Polanco, no se explican sin el papel activo (o pasivo) de algunos jugadores en la sombra, más allá de Joseph Ourghoulian, el estilete que desde Amber Capital se ha cobrado ya dos exquisitos cadáveres presidenciales como los de Juan Luis Cebrián y Javier Monzón.

La última intriga en el consejo de Prisa ha removido muchos pilares del sistema, más allá de la presidencia. El cambio de bando de Telefónica, abandonando su neutralidad (renunció a consejero pese a tener el 9,4% del capital) para sumarse a las tesis del primer accionista, ha implicado su oposición al Banco Santander, o lo que es lo mismo, a Ana Botín, que controlaba el consejo gracias al apoyo de varios minoritarios relevantes (Slim, Fernández, Alcántara, Polanco…). Este golpe de efecto, inesperado para un perfil tan poco belicoso como el de Pallete, solo se explica desde la participación en la trastienda de Javier de Paz, con capacidad para construir el relato para ese giro, y el amparo institucional de Caixa, accionista de referencia de Telefónica.

Foto: José María Alvarez Pallete (i) y Ana Botín (d). (EFE)

Aunque la oposición de Oughourlian a Monzón se remonta casi al día de su nombramiento, pues el de Amber Capital se comió su llegada, el viraje de Telefónica se ha ido consolidando a lo largo del último año. Pallete fue descubriendo el poco valor de su neutralidad en Prisa al tiempo que barruntó la debilidad de contar como único apoyo garantizado el de Caixa y Criteria, o lo que es lo mismo, del patriarca Isidro Fainé, para garantizar su mandato ante la deriva bursátil de la operadora. No hizo falta que ocurriera el episodio de la entrevista a Ana Botín en 'El País' al comienzo de la pandemia (replicó una semana más tarde desde las páginas de 'El Mundo') para darse cuenta de que pinta menos de lo que debería, dentro de Prisa y como referente del Ibex.

En ese contexto de relevo generacional en el 'stablishment' empresarial, tanto Javier de Paz como otros asesores aúlicos han arropado a Pallete para iniciar ese movimiento táctico. Tener voz propia para ponerse en valor (dentro de Prisa) y convertirse en un interlocutor necesario ante el Gobierno, falto de simpatizantes en el mundo corporativo. Algo parecido ha experimentado la propia Caixa, que tras no conseguir entrar en La Moncloa en los últimos años del mandato de Mariano Rajoy ha conseguido cerrar su fusión con Bankia, orillando cualquier oposición incluso de Podemos. Y, en ese espejo, el presidente de Telefónica tiene presente el ejemplo de su valedor Fainé y las bondades que le prometen quienes le recomiendan diferenciarse de Ana Botín.

Tal como detallan desde el entorno de Pallete, buena parte de ese trabajo corresponde al fiel Javier de Paz, consejero-fontanero para tratar relaciones institucionales de primer orden, primero con su amigo José Luis Rodríguez Zapatero y ahora con Pedro Sánchez. Su trabajo ha sido tan efectivo como reconocible, porque hace tiempo que los tentáculos informativos de Javier Monzón le habían identificado como amenaza para su estabilidad en Prisa. Lo que no estaba claro era cómo sería el desenlace, sin con el propio Javier de Paz en su puesto (difícil de compaginar con Telefónica) o con algún nombre interpuesto, como el del empresario José Miguel Contreras, cofundador de La Sexta, a quien de manera errónea convertimos en consejero y presidente.

Foto: Edificio corporativo de Prisa. (EFE)

Lo cierto es el presidente de Telefónica se puso manos a la obra hace tiempo. En febrero, el propio Pallete se sentó con Contreras para sondear su disposición para ser consejero de Prisa, con vistas a los cambios previstos para la junta ordinaria de junio. Monzón salvó ese ‘macht ball’ haciendo suyo el plan de Amber Capital para dividir la compañía y prometiendo que se iría de manera honrosa. Sin embargo, a las puertas de cumplirse esas fechas, una oferta fantasma del empresario Blas Herrero en noviembre para comprar Prisa hizo sospechar en Las Tablas que el rastro del dinero conducía al entorno de Ana Botín. Fue el punto de inflexión para que Pallete se atreviera a dar el paso que desde Boadilla nunca pensaron que daría, por más que lo hubieran sospechado.

El volantazo de Telefónica se consumó hace una semana en la junta extraordinaria. Sus votos sirvieron para sacar a Monzón y por extensión a la consejera independiente Sonia Dulá. El cargo de presidente fue para Oughourlian y los sillones del consejo para dos telefónicos, uno de carrera, el economista e inversor Javier Santiso, y otro de cartera, el empresario Rosauro Varo, amigo personal de Pallete y accionista de la operadora, perfilados por Javier de Paz. El cambio ha sido posible con currículos profesionales frente a posibles candidatos de afines a Moncloa. Otra cosa será cuando se retraten los candidatos para comprar 'El País' y Cadena SER. Esa batalla está aún por librarse, aunque hay quienes ya saben que ganará el Gobierno.

Muchas zapatillas gastadas, varios maratones en Nueva York y otros tantos años a la sombra de César Alierta han forjado una estrechísima relación entre Javier de Paz y José María Alvarez-Pallete, a la sazón, consejero y presidente de Telefónica, respectivamente. Todo lo ocurrido en los últimos meses en torno a Prisa, aunque las intrigas en torno al control del primer grupo de medios del país se remontan a la muerte de su fundador y entonces primer accionista Jesús Polanco, no se explican sin el papel activo (o pasivo) de algunos jugadores en la sombra, más allá de Joseph Ourghoulian, el estilete que desde Amber Capital se ha cobrado ya dos exquisitos cadáveres presidenciales como los de Juan Luis Cebrián y Javier Monzón.

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