Rodríguez-Piñero: "Hoy, las relaciones de la UE son más fáciles con China que con EEUU"
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EURODIPUTADA EN LA COMISIÓN DE COMERCIO

Rodríguez-Piñero: "Hoy, las relaciones de la UE son más fáciles con China que con EEUU"

Miembro de la Comisión de Comercio Internacional del Europarlamento, cree que con Biden las relaciones mejorarán, pero que si Trump gana, la UE tiene que responder. "No puede ser naíf"

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Rodríguez-Piñero: "Hoy, las relaciones de la UE son más fáciles con China que con EEUU"

Inmaculada Rodríguez-Piñero aterrizó en el Parlamento Europeo en 2014 tras un periplo de varios años en el Congreso de los Diputados y una experiencia de dos ejercicios como secretaria general de Infraestructras en el Ministerio de Fomento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Secretaria de Política Económica y Empleo de la ejecutiva federal del PSOE durante la etapa de Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE (2012-2014), en Bruselas ha concentrado su actividad en la Comisión de Comercio Internacional, de la que es una de los tres integrantes españoles, junto a Jordi Cañas (Ciudadanos) y el expresidente de Cataluña Carles Puigdemont, del que dice que no recuerda una sola intervención en la comisión.

Aunque nacida en Madrid en 1958, lleva gran parte de su vida vinculada a la Comunidad Valenciana, donde es conocida por muchas empresas por su labor de 'lobby' en Bruselas para servir de enlace y mover sus inquietudes e intereses en la maraña burocrática de la capital comunitaria cuando están en juego normativas o decisiones que afectan al comercio de sus productos.

De agenda incansable, tras seis años en el Europarlamento, ha colaborado haciendo aportaciones en la concreción de algunos tratados comerciales, por lo que conoce bien cómo han evolucionado las relaciones de la Unión Europea y Estados Unidos con el primer mandato de Donald Trump. Tiene mucha confianza en que una victoria de Joe Biden este martes 3 de noviembre sirva para recuperar la estabilidad en organismos multilaterales como la Organización Mundial de Comercio. Y, aunque es consciente de que EEUU seguirá primando sus intereses sobre el bienestar global, cree que con el demócrata en la Casa Blanca al menos sería posible recuperar los puentes de negociación en materia arancelaria, fiscalidad o pactos comerciales. En caso contrario, si el republicano revalida la presidencia e insiste en su posición rupturista y proteccionista, opina que "la UE tendrá que contestar". "¿Esto es bueno? No. Pero la UE no podrá ser naíf, porque el lenguaje que entiende Trump es ese", asevera.

Inmaculada Rodríguez-Piñero, en el Parlamento Europeo.
Inmaculada Rodríguez-Piñero, en el Parlamento Europeo.

PREGUNTA. La pandemia ha tenido efectos notables en la actividad comercial internacional. Primero por el parón de China y ahora por la caída de la actividad en Europa y Estados Unidos. ¿Llueve sobre mojado en un escenario global ya de por sí convulso?

RESPUESTA. Desde que ganó las elecciones en 2016, Donald Trump ha tenido una política de enfrentamiento, primero con China, pero también con la Unión Europea, sobre todo en contra de lo que es el multilateralismo y las relaciones comerciales estables y tranquilas. Eso ha tenido su impacto en el comercio. Pero, además, se ha añadido, efectivamente, el impacto del covid. Primero fue una paralización y una ruptura de las cadenas de valor globales. Afortunadamente, la respuesta que se ha dado ha sido aprendiendo de los errores que se cometieron en la anterior crisis financiera, poniendo todos los recursos necesarios para, por una parte, facilitar la movilidad de mercancías, como los corredores verdes para poder pasar los alimentos. Había mucho temor al principio de esta pandemia a que, además de los problemas de suministros básicos que hemos visto, hubiera falta de suministro de alimentos.

Se ha hecho un gran esfuerzo, pero es evidente que la falta de movilidad ha afectado al comercio. Siempre pensamos en el transporte de mercancías por barco o en tren, pero hay muchas mercancías que se transportan en avión y esas se quedaron en algunos momentos absolutamente paralizadas. Desde que acabó la primera ola hasta la segunda, ha habido una recuperación del comercio internacional que hacía pensar que las expectativas de caída de intercambios no fueran a ser tan altas como se pensaba en un primer momento. Pero la segunda ola también está teniendo su impacto en el transporte.

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P. ¿Los fondos de recuperación han contemplado partidas de fomento de la recuperación del comercio?

R. Los fondos de recuperación ayudan a la actividad económica. El comercio es un instrumento para poner al servicio de los consumidores y proveedores los productos. Para esto, la clave es que el transporte funcione bien. Lo que sí hay es ayudas para los diferentes modos de transporte. En el ferroviario, se va a dar un empujón a todo lo que son los grandes corredores de transporte, entre ellos, el corredor mediterráneo y el atlántico, que son estratégicos para España y Europa. Las ayudas a las compañias aéreas también son importantes. Recordemos que todo el material sanitario que llegó de China ha venido por avión. Necesitamos que las compañías aéreas puedan sobrevivir. Desde esa perspectiva, no solo son importantes los fondos de recuperación sino también los fondos que se han introducido en las políticas de ayudas públicas para que estas compañías puedan sobrevivir durante esta etapa. Sin comercio, no hay recuperación. Es un instrumento, pero es fundamental para la recuperación económica.

P. Frente a la agresividad de Estados Unidos que comentaba, China está optando por una estrategia distinta, de ‘soft power’, podríamos decir, ofreciéndose y liberando financiación. ¿Es ya China el gran vencedor a nivel comercial en esta situación extraña en la que nos encontramos?

R. En esta situación extraña, la verdad es que no hay ningún vencedor. Para salir de esta, hay que trabajar la cooperación global, porque si no lo hacemos conjuntamente no saldremos. Desde esa perspectiva es muy importante el rol de la Unión Europea, que no es nada fácil, porque está entre dos actores globales, como son Estados Unidos y China. Y la UE tiene su propia línea, que no es ni cien por cien Estados Unidos ni es cien por cien China. Pero estamos trabajando mucho, y ese creo que es el rol fundamental de la UE por recuperar el orden multilateral. EEUU y la UE representamos el 50% del PIB mundial y un tercio del comercio internacional. Si a eso le sumamos China, es más del 80% del PIB global y la mitad del comercio internacional. Con lo cual, es clave conseguir que las tres potencias tengamos una estrategia conjunta para defender un orden multilateral. Desde esa perspectiva, es importante el resultado electoral en Estados Unidos, porque Donald Trump ha roto el equilibrio que había en el orden internacional. Primero, saliéndose de los acuerdos de la Cumbre de París; en segundo lugar, con la retirada de fondos de la Organización Mundial de la Salud, y en tercer lugar, por la guerra comercial que ha abierto con China y también con la UE.

¿Y por qué es importante recuperar ese orden? Pensemos, por ejemplo, en las vacunas contra el covid. Deberían ser accesibles y gratuitas para toda la población. Para eso, tiene que haber un acuerdo global, no un sálvese quien pueda, porque entonces no se salva nadie. Es imposible en un mundo global como el que vivimos que nadie pueda hacer frente en solitario al reto de la pandemia. Estamos condenados a cooperar, y la UE está trabajando por mantener un equilibrio que hoy por hoy le resulta más fácil con China que con Estados Unidos.

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Michael Mcloughlin Infografía: Laura Martín Gráficos: Marta Ley

P. Pero, por poner un ejemplo de si verdad un cambio en la presidencia de EEUU implicaría un cambio en su política comercial exterior: Estados Unidos se ha levantado de la mesa de la OCDE en la negociación para la fiscalidad de las actividades digitales. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, remitió una carta a cuatro ministros de Finanzas europeos (Reino Unido, Francia, Italia y España) advirtiendo de posibles represalias si desarrollan impuestos específicos para las llamadas GAFA. La UE ha anunciado que seguirá adelante con su proyecto de impuesto digital, el conocido como tasa Google. ¿Qué le hace pensar que un cambio al frente de la presidencia, en caso de victoria de Joe Biden, modificará la posición de protección a sus empresas?

R. Porque Joe Biden ya ha anunciado muchos elementos de cambios en la política que ha aplicado Donald Trump. Ha dicho que, si es presidente, retirará los recortes impositivos que hizo a las empresas. Quiere recursos de quienes más pueden aportar para financiar políticas de gasto, como es el caso de las tecnológicas. Si lo ha dicho a nivel interno, no tiene sentido que vaya a hacer una política distinta en el exterior. Pero, además, Biden ha dicho que el primer viaje que quiere hacer una vez transcurran los 100 primeros días de su mandato es a la Unión Europea. Se trata de recuperar lo que es lo lógico porque somos aliados, no enemigos. Biden quiere recuperar el respeto de las relaciones y recuperarnos como socio estratégico.

Luego, hay otro elemento de Biden que me parece importante y que implicaría un cambio, y es que Donald Trump ha flexibilizado a la baja la regulación para facilitar un clima de negocios adecuado. Biden ha dicho que esa regulación debe de ser firme y exigente para el cumplimiento de las normas por parte de todos. Y, por último, Biden es firme en la lucha contra el cambio climático. Creo que, si gana, Estados Unidos volverá a la Cumbre de París, y eso es clave a nivel global.

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¿Esto significa que va a cambiar todo en Estados Unidos? No. Sabemos que el ‘Buy American’ es el 'leitmotiv' de su actividad, y eso no lo va cambiar Biden, como tampoco lo cambió Obama. Pero puedes tener esa posición respetando y negociando con los socios comerciales o teniendo una guerra comercial. Por eso se notaría mucho el cambio. Fíjese en una cosa: el de Estados Unidos y la Unión Europea es el único caso en que dos socios aliados no tienen un acuerdo comercial. Ya lo hemos firmado con Canadá, con Japón… Estamos terminando la negociación con Australia y países de Latinoamérica. Con Estados Unidos no, pero con Trump, porque durante el mandato de Obama, aunque no exento de dificultades, había un proceso de negociación que se rompió y se paró. Creo que si hay cambio se notará, aunque no será todo como nos gustaría que fuera a los progresistas europeos porque no somos lo mismo.

Inmaculada Rodríguez-Piñero.
Inmaculada Rodríguez-Piñero.

P. ¿Qué salidas habría, por ejemplo, en el conflicto de las ayudas ilegales de la UE a Airbus y de EEUU a Boeing, reconocidas por la Organización Mundial del Comercio? Siguen sin levantarse los aranceles que afectan, por ejemplo, a productos como los vinos, aceitunas o los cítricos españoles.

R. La imposición de aranceles que ha fijado EEUU para compensar las ayudas a Airbus son 6.400 millones de euros. No ha agotado toda su capacidad. La resolución de conflictos que acaba de aprobarse por la OMC por las ayudas a Boeing es de 4.000 millones. Europa tiene preparada la lista de productos a los que se aplicaría una subida arancelaria hasta totalizar ese valor y aplicar la represalia. Estamos preparados para hacerlo.

P. ¿Tiene sentido esa escalada?

R. Esa es la cuestión. ¿Cuál es la posición que defiende la Comisión y defendemos la mayoría en el Parlamento Europeo? Si nosotros respondemos con lo mismo, es una escalada que acrecienta la guerra comercial en un momento de crisis económica, que es lo que viene. Por eso no se ha aplicado todavía. Lo que intentamos es llegar a un acuerdo negociado para que retire sus aranceles. Eso, con Trump no ha sido posible todavía y creo que con Biden sí, porque ha dicho que es partidario de resolver los conflictos a través del diálogo y la cooperación y no a través de las guerras comerciales. Estamos esperando a ver qué pasa en las elecciones. En el peor de los escenarios, Europa está preparada y tendremos que ver. Si Trump no está dispuesto a negociar, la UE tendrá que contestar. ¿Es bueno? No. Pero la UE no podrá ser naíf, porque el lenguaje que entiende Trump es ese.

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P. Trump también ha puesto el foco en el sector del automóvil, con advertencias en materia arancelaria. Hemos visto un repliegue poco disimulado de Ford en Europa y es algo que afecta a la factoría española de Almussafes.

R. La situación con Ford está muy relacionada con el acuerdo de Estados Unidos con México, con la implementación de las reglas de origen en el acuerdo comercial, y en el de la UE con México. La Unión también ha concluido la actualización integral del acuerdo con México, que era del año 2000. En realidad, viene a ser un nuevo acuerdo, y hemos entrado en las reglas de origen igualando las que tiene México con EEUU. El objetivo es dar la oportunidad a las empresas automovilísticas europeas instaladas en Europa para que puedan competir en igualdad de condiciones. Almussafes sigue siendo una factoría muy rentable y Ford lo que tiene que hacer es la reconversión hacia el coche eléctrico, como toda la industria automovilística europea. Ahora está absolutamente volcada en eso, porque eso es lo que se va a vender en Europa y en China en el futuro. Estados Unidos, con Trump, todavía no está en esa línea, pero llegará. El espacio que respiramos no conoce de fronteras ni de regiones. Creo que Ford Almussafes, haciendo la reorientación y con las ventajas competitivas que tiene la factoría, que es una de las más competitivas de Europa, tiene las condiciones para poder hacer esa transformación.

"Si Trump gana y no está dispuesto a negociar, la UE tendrá que contestar. La UE no podrá ser naíf, porque el lenguaje que entiende Trump es ese"

P. Por concretar en los cítricos y frutas, hortalizas y productos agroalimentarios como el porcino, ¿qué pasos diplomáticos se están dando para intentar levantar el llamado ‘veto ruso’? ¿Ha hecho algún movimiento el Parlamento Europeo?

R. No. Rusia no ha cambiado su política exterior y la Unión tampoco. De momento, no hay visos de modificar esa situación. Yo lo he estado planteando, porque el sector citrícola, y el agrario en general, está muy afectado. Pero cuando entró el veto ruso en el Consejo, se dio un paso de cuatro años para dar ayudas a lo sectores perjudicados para reorientar otros mercados. No hay acuerdo en el Consejo para que se amplíe ese plazo de cuatro años. Yo lo he planteado en la Comisión y lo he hablado con representantes del Consejo, pero no hay ninguna posibilidad de modificarlo porque Rusia no ha cambiado un ápice su política exterior con Ucrania y la estrategia de Putin sigue siendo la misma.

Al mismo tiempo, es verdad que nuestro sector comercial está abriendo mercados donde se han hecho buenos acuerdos comerciales. El caso de Canadá es un acierto estratégico. El caso de Japón, aunque tarda un poco más, lo vamos a ver. El acuerdo agrario con Japón beneficia mucho a nuestra agricultura. Se acaba de firmar un acuerdo muy importante de indicaciones geográficas [denominaciones de origen] entre la Unión Europea y China. Este tema tiene, de momento, poco alcance económico, pero tiene un alcance de modelo increíble, porque China no tiene indicaciones geográficas. Nos ha costado mucho que lo asumieran y lo incorporaran también Canadá o países de Latinoamérica como Chile. Es nuestro modo de proteger y de hacer las cosas con una calidad en la producción pegada a un territorio. El martes se votó este acuerdo con China, del que soy la ponente socialista, en la Comisión de Comercio Internacional. Se protegen indicaciones geográficas muy importantes como los vinos, los cítricos… Los turrones irán en una segunda etapa. Con que vendiéramos una naranja a cada chino, estaríamos vendiendo 1.300 millones de naranjas cada día. Eso es importantísimo. Que China se haya acercado al modelo europeo en indicaciones geográficas es estratégico. De momento, son solo 100 productos europeos y nosotros reconocemos 100 chinos. Hay un plazo para, a los cuatros años, ampliar a otros 175 productos.

"No hay posibilidad de modificar el veto ruso porque Rusia no ha cambiado su política exterior y la estrategia de Putin sigue siendo la misma"

P. El sector agrícola es muy crítico con el acuerdo de Mercosur. Pero España y su grupo político defienden que en términos generales es beneficioso para la economía española. ¿Por qué?

R. A veces se establecen posiciones con los acuerdos comerciales sin conocer la letra pequeña del acuerdo. En el acuerdo comercial con Mercosur, hay una estrategia defensiva por el temor a que no estén debidamente protegidos nuestros productos de la competencia que pueda venir, como es el caso de los cítricos con las naranjas para zumo de Brasil. Pero lo que produce Brasil no es naranja de mesa, y no tenemos ninguna competencia, al contrario. Si se aprobara el acuerdo, que ya veremos, porque tiene muchas dificultades, desde el momento que entrara en vigor se produciría también un arancel cero para nosotros. Y esto es fundamental, porque hay 200 millones de brasileños en un país donde la naranja de mesa sería bienvenida.

P. ¿Qué otros efectos positivos tiene que compensen los negativos?

R. Los efectos negativos hay que minimizarlos al máximo. En el caso de la naranja de zumo, hemos dados pasos. Para poder hacer un seguimiento, necesitábamos datos diarios. Pedimos la creación de un observatorio de frutas y hortalizas en la Unión Europea para tener esa información. Ya se ha creado, y tenemos esa información. Además, hemos recogido en el acuerdo que haya un sistema de salvaguardas, de forma que, si como consecuencia de ese seguimiento se viera que hay un impacto que afecta al mercado citrícola europeo, se puedan llegar a paralizar las importaciones de esas naranjas. Ese es importante, y a veces no se transmite lo suficiente o se sabe poco. El tratado tiene cosas que mejorar, por ejemplo, en temas de impacto climático. En términos generales, por productos, el único riesgo que he visto, por darle la razón al sector, es lo que pueda ocurrir en las naranjas para zumo. En nuestro caso, no producimos naranjas para zumo, sino que las que no son aptas para mesa se usan para zumo, y también cuando se usan como mecanismo para aguantar bien los precios. Pero lo que tenemos que hacer es localizar la política para mejorar las condiciones de rentabilidad de nuestro sector agrario, como el tema del proceso de la cadena de valor en los precios. No puede ser la enorme diferencia que hay entre el precio que percibe el productor y el que pagamos los consumidores. Es inaceptable. Hay que trabajar sobre eso, pero eso no es responsabilidad de un acuerdo comercial. La nueva normativa, por ejemplo, para poder denunciar las prácticas comerciales desleales es estratégica. También es importante poder considerar la naranja como sector sensible. Este es un tema que estamos hablando con el sector, con el ministerio y la Comisión.

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P. ¿Y qué otros sectores se ven beneficiados por el acuerdo?

R. Hay sectores que van a ver reducidos los aranceles, como el sector del calzado, que será muy beneficiado. Con el sector de la obra pública, también se ha hecho un esfuerzo porque, y eso lo saben muy bien los empresarios españoles y valencianos, son países muy cerrados. Y ahí se ha hecho un esfuerzo muy grande en la negociación para abrir esos mercados a las empresas europeas. Todo el sector de la obra púbica va a tener un gran beneficio. También el sector de la cerámica o la industria del mueble. Brasil tiene una población muy elevada, que empieza a tener un poder adquisitivo, y sus expectativas de crecimiento son positivas. Es acceder a un mercado que, sumando Argentina, Paraguay y Uruguay, es de 280 millones de personas, casi como el de la Unión Europea ya sin el Reino Unido. El sector industrial se va a ver beneficiado, pero el sector agrario también, tomando las precauciones para que no haya perjudicados.

P. Reino Unido también ha amenazado con revisar e implementar barreras comerciales con la UE cuando finalice el periodo de transición del Brexit. ¿Puede permitírselo? Es un gran importador de productos.

R. Es un gravísimo error. Pero el Reino Unido tiene un problema, que es su primer ministro, Boris Jonhson, que utiliza la misma estrategia que su hermano gemelo Donald Trump. Siempre la amenaza permanente e intentando amedrentar a la otra parte con la que negocia. Eso no le ha dado resultados con la Unión Europea y no se los va a dar. No llegar a un acuerdo de salida con Reino Unido es malo para todos, pero es mucho peor para ellos. Como bien ha dicho, Reino Unido tiene un gran déficit comercial con la UE y tiene pánico a que la City haga una desbandada. Al final, va a haber un acuerdo, porque es muy insensato llegar a romper la baraja. En todas las negociaciones, en mi experiencia de estos años en el Parlamento Europeo, cuando se está próximo a terminar se tensiona mucho porque cada parte quiere conseguir lo máximo de la otra. Confío en que haya acuerdo. La parte de acceso a mercado está ya cerrada, las dificultades más grandes hacen referencia a políticas de ayudas públicas. Queremos que se acerque al acervo europeo, porque lo contrario podría dar lugar a competencia desleal. Hay un gran debate sobre esto, porque Reino Unido quiere crear toda una isla de Wight frente a la Unión Europea.

"Hemos conseguido un acuerdo mayoritario para pedir a la Comisión que en todos los acuerdos comerciales se incorpore la perspectiva de género"

P. ¿Hay riesgo de que el Reino Unido se convierta en un paraíso fiscal? ¿Tiene esa tentación?

R: Ese riesgo existe. Irlanda lo ha estado haciendo. No es un paraíso fiscal, pero es una competencia fiscal desleal dentro de la Unión Europea. Con lo cual, Reino Unido tiene muchos incentivos para hacer lo mismo.

P. ¿Carles Puigdemont está muy activo en la Comisión de Comercio Internacional? ¿Alguna propuesta o iniciativa?

R. (Ríe) Pues todavía no lo he oído hablar. Que yo sepa, en la comisión no ha hecho nada. Ha presentado tres o cuatro enmiendas en tres o cuatro dosieres que hemos trabajado, pero la verdad es que activo no es el adjetivo que define a Puigdemont en la Comisión de Comercio Internacional.

P. Usted planteó un debate que era inédito en la política comercial, que es incluir perspectivas de género en los acuerdos comerciales. ¿Cómo se puede hacer esto?

R. Es una de las cosas de las que me siento más satisfecha del trabajo realizado. Cuando llegué el Parlamento, era la ponente de las relaciones con Chile. Me tocó hurgar en la modernización del acuerdo con Chile. En aquella época, era presidenta Michelle Bachelet. Cuando entré en el Parlamento, me eligieron también la ponente de género en la comisión. No se había hecho nada sobre esto y cuando planteé introducir la perspectiva de género en la política comercial me consideraban una marciana absolutamente. Todo el mundo decía que la política comercial es neutral y no tiene perspectiva de género. Lo primero que hice fue encargar un estudio para demostrarlo, porque si no tienes elementos objetivos para acompañar tus argumentos ideológicos, no convences. Quedó claramente demostrado que el comercio no es neutral en esto. Trabajé con muchas personas gracias al informe con Naciones Unidas, que es quien más ha avanzado en esta materia, y con la comisaria de Comercio Internacional, que también coincidió que era una mujer. Hubo un buen triángulo, que era Bachelet, que ya estaba trabajando en esto, la comisaria Cecilia Malmström, mujer, feminista y liberal sueca convencida de que podíamos hacer cosas, y yo, que era la ponente de Chile. Conseguimos que Chile fuera el primer acuerdo donde se incorporó un acuerdo para la perspectiva de género. Pero esto no es suficiente. Luego aprobamos una resolución que trabajamos conjuntamente con la Comisión Legislativa de la Mujer en el Parlamento, y conseguimos un acuerdo mayoritario para pedir a la Comisión que en todos los acuerdos comerciales se incorpore la perspectiva de género. Es importante que se ponga en valor que las mujeres se ven afectadas porque son las que poseen o administran empresas de menor tamaño, con mayor dificultad al acceso financiero y a los canales de comercialización. Se benefician menos de los acuerdos comerciales. Eso lo hemos de corregir, porque lo que se ha demostrado es que los países más igualitarios son los que tienen mayor nivel de desarrollo.

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