TENSIÓN POR EL GRABADO DE LA FACHADA

Naranjas de acero en el Banco de Valencia: la historia secreta de la sede de CaixaBank

Del primer proyecto de 1928 a la absorción catalana. La fundación que vela por el legado del arquitecto Goerlich se negó a que CaixaBank quitase el nombre original grabado en la fachada

Foto: Obras de construcción del edificio del Banco de Valencia, sede social de CaixaBank. (Fundación Goerlich)
Obras de construcción del edificio del Banco de Valencia, sede social de CaixaBank. (Fundación Goerlich)
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CaixaBank se adjudicó en 2012 el Banco de Valencia, filial de Bancaja, por un solo euro, dentro del proceso de consolidación derivado de la crisis del ladrillo de 2008. Lo hizo después de que el banco fundado por algunas de las principales familias de la burguesía valenciana entrase en barrena y recibiese una inyección del FROB de más de 4.500 millones de euros. La gestión financiera de la enseña centenaria todavía está bajo tela de juicio en la Audiencia Nacional, pero para algunos la absorción desde Barcelona sirvió a CaixaBank para capitalizarse por la puerta trasera.

Pese a algunas dudas iniciales sobre qué hacer con el intangible de imagen del Banco de Valencia, en pocos meses el banco participado por la Fundación "la Caixa" borró el rastro de las oficinas y dependencias integradas, como hará ahora con la marca de Bankia cuando complete la fusión. Pero no todo desapareció. Las letras grabadas en bronce con el nombre original sobre el acceso principal achaflanado de su histórica sede y el relieve con las siglas a media altura de la fachada siguen en su sitio. La fundación que ha recogido el testigo del arquitecto que diseñó el edificio, Javier Goerlich, paralizaron en el Ayuntamiento la retirada de las letras sobreimpresionadas con el nombre del histórico banco fundado en 1900. CaixaBank sí se deshizo del rótulo situado en la parte alta. El edificio está catalogado con un nivel de protección 2, que obliga a conservar las características de la construcción y su presencia en el entorno, preservando los elementos arquitectónicos y estructurantes que definen su forma, y su modo de articulación con el espacio exterior.

"Ese edificio, para los valencianos, será siempre el edificio del Banco de Valencia", explica Andrés Goerlich, sobrino del arquitecto Javier Goerlich

"Quisieron quitar las letras de abajo y poner CaixaBank y nuestra fundación se personó en el Ayuntamiento. Las letras son elementos singulares y están protegidas. Además tiene enfrente el Teatro Principal, que es un Bien de Interés Cultural (BIC). Por el ámbito de influencia no puede tener publicidad. Se les permite los cartelitos los días de junta como algo extraordinario. Si vuelven a intentarlo tendrán otra vez nuestra oposición", explica Andrés Goerlich, sobrino nieto del arquitecto y uno de los familiares que vela por conservar su legado arquitectónico a través de la Fundación Goerlich, cuyo archivo de fotos ilustra las piezas de este reportaje. "Ese edificio, para los valencianos, será siempre el edificio del Banco de Valencia; y debe seguir siéndolo porque anímica e históricamente lo merecemos. Es parte de nuestra historia. Si se desvirtúa, en una o dos generaciones se habrá olvidado y todo eso es memoria que hay que conservar". La Fundación cuenta con el asesoramiento de una veintena de arquitectos.

El chaflán del edificio del Banco de Valencia, con el nombre grabado en la fachada. (Fundación Goerlich)
El chaflán del edificio del Banco de Valencia, con el nombre grabado en la fachada. (Fundación Goerlich)

Con su porte señorial y su planta triangular en el cruce de las calles Barcas, Pintor Sorolla y Juan de Austria, el inmueble seguirá siendo la sede social de CaixaBank una vez se complete la fusión con Bankia. Es uno de los compromisos del acuerdo, toda vez que el banco que preside José Ignacio Gorigolzarri también tiene su domicilio legal en Valencia, a muy pocos metros de la misma calle Pintor Sorolla, en el que era el antiguo cuartel general de Bancaja. Es el premio de consolación para un territorio, la Comunidad Valenciana, que vio saltar por los aires todo su sistema financiero a partir de la gran debacle inmobiliaria de 2008. Banco de Valencia y Bancaja han terminado engullidos por CaixaBank, mientras que el Banco de Sabadell todavía anda haciendo la digestión de la Caja Mediterráneo, con sede en Alicante.

[Galería: La huella del Banco de Valencia en la sede social de la nueva CaixaBank]

El despacho arquitectónico de Javier Goerlich presentó el primer diseño del edificio del Banco de Valencia en 1928. Fue un encargo del industrial aceitero y empresario agroexportador Manuel Casanova Llopis, copropietario de la entidad y padre del que fue presidente del Valencia CF, Luis Casanova, y de Vicente Casanova, presidente de la histórica productora de cine Cifesa. Casanova era el dueño original del solar, que albergaba construcciones que fueron derribadas. Goerlich, que fue jefe arquitecto mayor municipal, elaboró un primer diseño de estilo racionalista y austero, acorde con la tendencia de la época en Europa. Posteriormente fue modificando el estilo para añadir elementos regionalistas y casticistas, más recargados, del gusto de los empresarios valencianos que componían el capital del banco. Los arquitectos Francisco Almenar Quinzá y Antonio Gómez Davó colaboraron en el desarrollo y ejecución, al igual que Vicente Traver, quien aportó muchos elementos neobarrocos a la piel del inmueble. Este equipo estuvo muy presente en el desarrollo urbano de Valencia.

Texto que recoge el discurso de inauguración del edificio Banco de Valencia de su presidente Antonio Noguera. (Fundación Goerlich)
Texto que recoge el discurso de inauguración del edificio Banco de Valencia de su presidente Antonio Noguera. (Fundación Goerlich)

El edificio comenzó a ser construido en su estructura en plena II República, especialmente a partir de 1933, pero el estallido de la Guerra Civil mermó la oferta de acero, necesario para la fabricación de material bélico, y no se retomó con fuerza hasta la posguerra. Al coincidir con la Segunda Guerra Mundial, los problemas de suministro se repitieron, pero se solventaron importando acero desde Gran Bretaña con permiso del nuevo régimen gracias al intercambio de cítricos, una de las escasas fuentes de divisas del país en aquellos años, según relata Andrés Goerlich. Naranjas y limones a cambio de acero. Una anécdota: abandonado ya el acercamiento a la democrática Derecha Regional Valenciana de Luis Lucia y adherido al nuevo régimen, Casanova le regaló un proyector cinematográfico a Francisco Franco al terminar la guerra.

"Se quedaron sin el acero que proporcionaba la Unión Naval de Levante por las necesidades de la guerra, pero al acabar seguían teniendo el mismo problema", explica.

El edificio se levantaba sobre una planta rectangular resuelta con un chaflán curvo, como el Edificio Carrión de la Gran Vía de Madrid o el Flatiron de la Quinta Avenida de Nueva York. Se inauguró un 24 de julio de 1942. De sus diez alturas, solo las dos primeras plantas y el sótano (aquí se guardaban las cajas fuertes y de seguridad) se dedicaron inicialmente a dependencias del banco. Los pisos superiores se destinaron al alquiler de oficinas y de viviendas. Aquí tuvieron dependencias desde Valenciana de Cementos hasta numerosas consignatarias y navieras del Puerto de Valencia, como Fred Olsen. Hasta los años noventa del pasado siglo no ocupó el banco todo el espacio.

[Galería: Así se construyó el edificio central del Banco de Valencia, sede de la nueva CaixaBank]

En los años de su inauguración se sentaban en el consejo de administración algunas de las principales familias de la burguesía valenciana, cuyos herederos todavía figuran entre las principales fortunas de la Comunidad Valenciana: Manuel Casanova, Ignacio Villalonga, Vicente Boluda Marí, Rafael Romaní, Manuel Simó o Antonio Noguera Bonora, presidente del consejo en el momento de la inauguración tras el asesinato de su hermano Vicente en los primeros meses de la guerra. La mayor parte de ellos había secundado a Vicente Noguera en la compra el banco al asturiano José Tartiere en 1927 con la intención de refundarlo y ponerlo al servicio de los industriales locales.

El banco fue uno de los instrumentos financieros fundamentales para el empresariado y la burguesía valenciana a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. En el arranque del nuevo siglo, ya bajo control de Bancaja como principal accionista, inició una importante exposición al sector de la construcción, del que no eran ajenos incluso muchos de sus principales socios y consejeros. El 21 de noviembre de 2011, el Banco de España anunció su intervención y menos de un año después se comunicó el traspaso por un euro a CaixaBank. La fusión se culminó el 22 de febrero de 2013. Así quedaba liquidado el proyecto del empresariado regional de contar con una entidad financiera propia y bajo su control. La gestión financiera y contable que derivó en la quiebra todavía está pendiente de ser juzgada por la Audiencia Nacional, en una causa en la que figuran como investigados el que fue su presidente, José Luis Olivas, su consejero delegado Domingo Parra, pero también miembros del consejo de administración, algunos sucesores directos de los apellidos de los fundadores.

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