Fusión Bankia-Caixa

Las veces que Fainé soñó con Bankia y el consuelo de Calviño

Primero lo intentó con Blesa, luego casi se consumó con Rato, pero será ahora, a la tercera, con Goirigolzarri, a quien ha arropado desde su entrada en CECA

Foto: Isidre Fainé. (EFE)
Isidre Fainé. (EFE)
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Isidre Fainé sigue moviendo fichas pese a que muchos le hacen tomando sopitas. El principio de acuerdo para fusionar CaixaBank y Bankia abre el juego de la silla (que no el baile) en la consolidación del sector, al tiempo que permite al financiero catalán alcanzar un objetivo que lleva años persiguiendo. Primero lo intentó con Miguel Blesa, luego casi se consumó con Rodrigo Rato, pero será ahora, a la tercera, con José Ignacio Goirigolzarri, a quien ha tratado y arropado desde su entrada en CECA, cuando completa su gran obra dada la dimensión de transformación de esta operación.

Como tantos otros veranos, el mes de agosto ha servido para que los responsables de ambos bancos forjaran el marco de la fusión, con la ministra Nadia Calviño, a la sazón primer accionista de Bankia, informada desde la retaguardia. Hasta los consejos de administración celebrados en la última semana de agosto no trascendió la operación. A partir de ese instante, Caixa y Bankia aprobaron la contratación de sus asesores de referencia, Morgan Stanley y Rothschild, respectivamente, para engrasar la maquinaria de la operación y hacer los números que sostengan la conveniencia del 'deal'.

El secreto ha durado menos de una semana. Sin embargo, algunos protagonistas habían dejado caer ya algunas pistas de lo que estaba en cocina. Uno de ellos ha sido Jordi Gual, presidente de CaixaBank y, a la sazón, una de las piezas a sacrificar en el dibujo de la entidad fusionada. De hecho, su continuidad en el puesto hace tiempo que estaba cuestionada una vez que su relación con Fainé había quedado reducida a mínimos. Y eso ya no era un secreto, al menos en el universo Caixa, aunque el momento procesal para el relevo esperaba su contexto ideal y este ha llegado en forma de fusión.

Aunque en los últimos años "las entidades hemos hablado de dos en dos entre todos", dado el escenario de tipos cero que viene estrangulando la base del modelo de negocio, solo Bankia ha sido un fijo en las quinielas. Lo fue en su momento para comprar, como ocurrió con BMN, y luego para fusionarse con un mayor, como se barajó con Sabadell, como dejó caer Josep Oliu a principios de 2019, cuando ese tren ya había pasado, o incluso con BBVA, una opción que se presentó en la Moncloa como posible pieza para atar (con el PNV) la investidura de Pedro Sánchez, aunque al final fuera innecesario.

Esas cábalas han escapado a la titular de Economía, más preocupada por cumplir con Bruselas y Fráncfort pese a la moratoria concedida a España para seguir de accionista en Bankia. De esta manera, una operación que permita al Estado quedarse con una posición por debajo del 20% encaja con las necesidades. Por un lado, permite seguir teniendo peso en las decisiones estratégicas. Por otro, puede resultar más fácil poner en valor esa participación y gestionar su futura desinversión (con una venta en bloques), aunque el reto de obtener 20.000 millones siga siendo una misión casi imposible.

24 horas antes de que se destapara el pastel de la fusión, Luis de Guindos dio muchas claves en su intervención en el curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Al vicepresidente del BCE, informado de la operación, le faltó dar nombres para hacer un 'spoiler', pero volvió a dejar claro cuál es el camino a seguir en los próximos trimestres. Ahora, la banca tiene un problema de rentabilidad (ROE inferior al 5%), no de solvencia (capital), y las fusiones son un catalizador para generar sinergias y mejorar sus números, aunque esa creación de valor sea por la vía del ahorro de costes.

Para el mercado, al margen de la respuesta bursátil del viernes, la operación está llena de sentido, dado que ambas entidades están en la banda alta de solvencia (ratio de capital por encima del 12%) y tienen una cartera crediticia aseada (con peso importante del negocio hipotecario). "El impacto del covid todavía no se ha reflejado en las cuentas de la banca", explican desde un 'hedge fund' en Londres, que descuenta para el próximo 2021 el deterioro provocado por la crisis. Cualquier operación para entonces ya será de urgencia y a la fuerza, como viene deslizando el BCE desde hace meses.

Estratégicamente, CaixaBank y Bankia se ajustan al patrón de una fusión de costes. Durante los próximos años todo girará en torno a las sinergias. Esto no quita, como explican desde otro fondo de inversión especializado en entidades financieras, para que esta operación ofrezca también garantías desde el punto de vista de la gestión, con la probable dupla Goirigolzarri-Gortázar como mascarón de proa (y con Pepe Sevilla y Juan Antonio Alcaraz en el siguiente escalón), un componente de la ecuación que no está igual de resuelto en el resto de posibles combinaciones entre bancos.

Pese a rondar los 80, el veterano Fainé ha demostrado reflejos ante la que se avecina. Y aunque todo viene rumiándose desde hace tiempo, sobre todo en torno a Bankia, centro de todas las miradas junto a Sabadell, aunque por motivos diferentes, ha sorprendido la determinación de CaixaBank, pues siempre ha defendido un discurso ajeno a las fusiones transformadoras. Como también suele ocurrir en estos casos, la buena sintonía entre los dos de arriba ha facilitado el acuerdo de mínimos, bendecido por Moncloa como buena nueva. Pandemia mediante, a corto, todos están satisfechos.

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