ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Las empresas se enchufan al ICO con el mayor aumento del crédito desde la burbuja

El volumen de préstamos de la banca española a las empresas aumentó un 7% entre febrero y abril. Evitan el mercado, con un desplome histórico del saldo de bonos

Foto: Foto: iStock.
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Las garantías públicas han sido el desfibrilador al que se han agarrado las empresas para sobrevivir al covid. En realidad, lo han hecho las compañías con problemas y también las sanas, para asegurarse liquidez frente al desplome de la actividad económica provocado por las restricciones. El crédito de bancos españoles a empresas no financieras creció en 32.334 millones, lo que supone el mayor auge en dos meses desde julio de 2007, con los últimos coletazos de la burbuja inmobiliaria.

De hecho, este impulso fue del 6,9%, lo que supone el mayor incremento en términos relativos en la serie histórica del Banco de España (BdE). Si se compara la variación interanual en abril, el aumento es del 3,8%, lo que supone el dato más alto desde 2009. La tendencia del saldo de crédito vivo, que se situó en 499.539 millones el mes pasado, era descendente hasta la crisis del coronavirus.

El volumen de apalancamiento de las empresas sobrepasó los 920.000 millones por primera vez desde enero de 2016. El resultado de la burbuja inmobiliaria fue un récord de 1,27 billones (millones de millones) de euros en el inicio de la crisis, para emprender en el ciclo de crecimiento económico, terminado abruptamente con el covid, una caída que llevó al saldo a bajar de los 900.000 millones en los dos últimos años por primera vez desde junio de 2006.

El comportamiento de las empresas está marcado por los avales públicos desplegados por el Gobierno, de hasta 100.000 millones, que cubren el 80% de las pérdidas potenciales en préstamos a pymes y autónomos y el 70% en el segmento de grandes compañías si son nuevas operaciones, o el 60% si son refinanciaciones. Los directores financieros se han abrazado a estas garantías para asegurarse liquidez, con el mayor acopio en dos meses desde 2006, ya sea porque la necesitan ante un desplome de los ingresos o como precaución.

“Es probable que esta tendencia continúe”, avisa Francisco Quintana, director de estrategia de inversión de ING. “Creemos que estas líneas de crédito se ampliarán, porque ya se ha consumido más del 60% de las líneas iniciales que concedió el Gobierno, y están suponiendo un balón de oxígeno para muchas empresas. No hay muchas alternativas en el mercado y las autoridades monetarias están mostrando un enorme nivel de compromiso”, apostilla. Los últimos datos del Ministerio de Asuntos Económicos, hasta el 31 de mayo, reflejan un total de 509.011 operaciones por 63.144 millones.

Las empresas españolas también han acudido a los bancos internacionales para obtener financiación. Aunque esto lo hicieron en marzo, y no lo han prolongado en abril. En el primer mes de la pandemia, hubo un aumento del saldo del 1% o de 3.212 millones, hasta los 306.113 millones. En este caso, el peso de la financiación de entidades extranjeras supone un tercio de la deuda total.

El resultado de la respuesta financiera al coronavirus supone un incremento del apalancamiento pero también de la dependencia del crédito bancario. Una dependencia que había ido reduciéndose a través de los mercados de capitales. Pero estos, prácticamente, se cerraron con la crisis del covid, y solo empresas reconocidas por tamaño y fiabilidad han captado dinero con emisiones.

Durante la época de crédito descontrolado antes del pinchazo inmobiliario y en los primeros años de la crisis, tras la quiebra de Lehman Brothers, el peso del crédito de los bancos españoles en la deuda empresarial estaba entre el 70% y el 80%. Esto eleva la dependencia de las compañías del canal bancario, poniendo en riesgo su financiación si las entidades tienen que cerrar el grifo o encarecer y endurecer el crédito, y también aviva el vínculo de los bancos con la situación macroeconómica local.

Este peso se redujo en febrero de 2020 a un mínimo histórico del 52,5%, pero ha repuntado en los dos últimos meses hasta el 54,3%. Tanto por el auge del crédito bancario, sin precedentes desde la burbuja, como por el desplome del uso de los mercados de capitales. Las emisiones de bonos u otros instrumentos alcanzaron un peso récord en febrero del 13,5%, el triple que hace una década, pero en dos meses han caído hasta el 12,5%.

El volumen de valores representativos de deuda se situó en 114.584 millones en abril, lo que supone casi un 5% menos que en febrero. La caída de 5.752 millones, también la más pronunciada en la serie histórica, implica que hubo vencimientos que se cubrieron con deuda bancaria y no con nuevas emisiones, y contrasta con los aumentos de dos dígitos del año anterior. Salvo grandes del Ibex 35, las empresas apenas han usado este canal por el aumento de la aversión al riesgo de los inversores y la subida de la prima de riesgo para todos los segmentos.

Tanto es así, que el ICO ha tenido que anunciar una línea de avales del 70% con 4.000 millones a partir de este mes y, como hace el Banco Central Europeo (BCE), lanzarse a la compra de emisiones como un inversor más para reactivar el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF). El banco público ya ha adquirido 210 millones. “Con el covid, el inversor se ha vuelto más selectivo y evalúa los planes de negocio y contingencia a seis meses, que la deuda neta no sobrepase la ratio de tres o 3,5 veces el ebitda y que este sea de al menos 15 millones”, explica Federico Silva, director de Renta Fija de Beka Finance, sobre el cambio del sentimiento de los inversores en el MARF, a la vez que aplaude la participación del ICO: “Ha servido para suplir una caída puntual de la demanda ante los reembolsos en fondos de deuda a corto plazo o monetarios, pero como inversor seguidor y no como principal”, agrega.

Europa, a dos velocidades

En contraste con los datos de empresas, están los de los hogares. Tal y como se esperaba, se ha desplomado el ‘stock’ de préstamos a las familias por la cancelación o retraso en las firmas de hipotecas previstas para estos meses y por el desplome del consumo de bienes duraderos financiado por préstamos. El saldo cayó en abril un 0,4% mensual, repitiendo resultado respecto a febrero, con un descenso del 4% y del 1,5% en los dos últimos meses en consumo y del 0,2% y del 0,4% en préstamos hipotecarios. Como ya predecían los banqueros al inicio de la crisis, el segmento empresarial compensa la caída en las familias durante la pandemia.

Evolución del crédito. (Fuente: Bankia Estudios a partir de datos del BCE)
Evolución del crédito. (Fuente: Bankia Estudios a partir de datos del BCE)

Los datos del BCE recopilados por Bankia Estudios evidencian el diferente impacto económico o, al menos, la divergencia entre el comportamiento de familias y empresas de diferentes países durante esta crisis. La curva de crédito empresarial crece más en España que en el resto de grandes economías europeas. Francia es el único país que se acerca. El impulso de la deuda bancaria de las empresas francesas es mayor que en las españolas en volumen, aunque no en porcentaje.

Precisamente, Francia rompe la divergencia estructural del euro entre norte y sur en esta comparativa, ya que es la excepción al hecho de que en la periferia aumente en mayor medida (un 2%) el crédito a empresas que en el conjunto del área monetaria (1,6%). En cualquier caso, España también lidera la caída de la financiación a los hogares para la compra de bienes o vivienda. Básicamente, porque apenas ha habido operaciones de compraventa.

“Por países, la diversidad de planes se traduce en distintas velocidades; así, España registra el mayor aumento intermensual del área (+1,2%), debido al alza en empresas (+3,7%), pues hogares retrocede (-0,4%), lastrado por la fuerte caída en consumo (-4%) y el ajuste en vivienda (-0,2%)”, explican los economistas de Bankia.

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